13 de mayo de 2021
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Jacques de San Cristóbal Sexton

12 de noviembre de 2018
Por Óscar Jiménez Leal
Por Óscar Jiménez Leal
12 de noviembre de 2018

Era el primer día del año en la Universidad  Externado de Colombia.  Aunque se denominaba Universidad, realmente era  una Escuela de Derecho puesto que solo tenía esa facultad, la cual, por sí sola,  ameritaba el prestigio tradicional ganado en la sociedad colombiana y era motivo de justificado orgullo  pertenecer a ella. Hacia las siete de la mañana y cuando estábamos a la espera  de iniciar las clases,  ingresó al salón un individuo alto, rubio, de ojos verdes y de contextura atlética. Todos nos pusimos de pie creyéndolo el profesor de la materia,  pero éste optó por sentarse en las sillas asignadas a los alumnos, en tanto, y de manera simultánea, ocupaba la tribuna  profesoral el doctor Jaime Vidal Perdomo para dar comienzo a la cátedra de derecho constitucional. Después del llamado a lista y las presentaciones de rigor,  supimos que el nuevo compañero respondía al nombre de San Cristóbal Sexton Jacques, de nacionalidad venezolana, curiosamente proveniente de la ciudad de su mismo nombre, en el Estado del Táchira.

Desde entonces, durante toda la carrera tuvimos que ver con el  compañero, por sus excelentes condiciones humanas, condensadas en su trato amable, y el señorío y la gallardía con que se relacionaba con los semejantes, sumada a su afición por el deporte del baloncesto que  practicó de manera profesional  en su país, pero de cuya actividad hubo de alejarse, debido a  una lesión de rodilla. Llegó a compenetrarse tanto con el medio estudiantil, que pronto la Universidad lo  convirtió en el  director técnico que  preparó el equipo de baloncesto femenino, con destacada actuación en los III Juegos Universitarios Nacionales de Barranquilla y hasta el punto que un matrimonio de compañeros del curso, lo designó padrino de su única hija.

Por ello, cuando estalló  el primer avión de la Air france que volaba sobre las Islas Baleares, en viaje de regreso de París a Caracas, y las agencias internacionales de noticias mencionaron el nombre de la madre de nuestro compañero en la lista de las numerosas personas fallecidas en la catástrofe aérea, sin que hubiesen quedado sobreviviente alguno, fuimos todos hasta Eldorado para despacharlo a su país con el fin de que pudiera recibir el  cadáver de su progenitora; en el entre tanto, ordenamos en una capilla cercana de la Universidad una misa para rogar por la salvación de su alma.

Cuál  no sería nuestra satisfacción y sorpresa cuando a los ocho días nos encontramos con  Jacques   quien  nos comunicó la grata noticia del regreso de su señora madre sana y salva, puesto que un accidente automovilístico cuando se dirigía al aeropuerto internacional Charles De Gaulle,  había impedido su arribo oportuno para tomar el vuelo asignado.

Era la época de la prosperidad del  país vecino gracias a su riqueza petrolera y en consecuencia, muchos estudiantes solían escoger universidades de Bogotá para realizar sus estudios superiores. Así numerosos y señalados dirigentes de la política y de la sociedad venezolana estudiaron aquí,  debido al prestigio de que gozaba nuestra  educación superior. Y no pocos exilados de las dictaduras militares, entronizadas con  frecuencia en ese hermoso país, se formaron en nuestra facultad.   Se recuerda con especial admiración el caso del doctor Raúl Leoni Otero, quien, una vez se graduó en el Externado, el 8 de diciembre de 1938,  volvió a su país y presidió el Congreso, fue ministro del Trabajo y recién elegido presidente de la República,  vino a  Bogotá para recibir el homenaje de complacencia de su Alma Mater.

Jacques por su parte, culminados los estudios con probados méritos,  regresó a su tierra para prestar el concurso de su inteligencia y conocimiento a la academia, donde se desempeñó como profesor durante más de treinta años, hasta llegar a ser Director la Universidad Católica Andrés Bello del Táchira, donde fue ejemplo viviente de virtud como principio de la felicidad democrática. En varias temporadas alternó la docencia con el ejercicio de la profesión, con reconocido éxito.

Nos visitó para participar en reuniones de egresados. La última visita fue a mediados del mes de octubre pasado, cuando oímos  de sus propios labios discurrir sobre  los orígenes, factores y vicisitudes que desataron la más terrible catástrofe humanitaria padecida en toda su historia, ocasionada por la dictadura venezolana. Lo encontramos sombrío  y apesadumbrado por haber asistido impotente a la consolidación del régimen autoritario con la instalación de la Asamblea Constituyente y a la escandalosa impudicia con que  derrumbaron   el estado de derecho, con la consiguiente desaparición de la democracia ante sus ojos estupefactos, lo que, por su puesto,  implicó el desconocimiento  de las libertades, la transgresión flagrante de la vida y de los demás derechos ciudadanos.

Tratamos de transmitirle  la esperanza de que más pronto que tarde, dada  la solidaridad  de la comunidad internacional  y el multitudinarios éxodo de sus compatriotas, una salida política se avecinaba para el restablecimiento y reconstrucción de un nuevo país; no obstante, nos quedó la sensación de no haber  logrado  nuestro noble propósito.

Conociendo sus profundas convicciones filosóficas, su vigoroso talante democrático y la devoción por su país, pensamos que, al contrario de su madre, no pudo escaparse a la catástrofe existencial producida por el drama padecido. Por eso,  estamos ciertos  que su muerte fue  causada por un intenso dolor de Patria.

Cuando se conoció en Bogotá la noticia  de su desaparición física, una lágrima furtiva y silenciosa se deslizó por el rostro de sus compañeros.

Bogotá 12 de noviembre de 2018.