9 de agosto de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Hilos cruzados

Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
30 de noviembre de 2018
Por Carlos Alberto Ospina M.
Por Carlos Alberto Ospina M.
Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
30 de noviembre de 2018

El discurso del miedo, la intimidación y el odio revela un eje común, la desesperanza. Aquellos que lo invocan en defensa de las mayorías hacen uso del lenguaje de la división y el método de enfrentamiento entre clases sociales con la intención de desechar el principio básico de la verdad y la construcción de la realidad objetiva. Los voceadores del enfoque uniforme revisten de falsedad cualquier juicio imparcial, recto y argumentado.

A partir de esta óptica, la versión del contexto se moldea de acuerdo con el interés individual, la premisa que todo lo opuesto es malo o el sistema es corrupto a consecuencia de los actos ajenos; por el hecho mismo, absuelve de culpa y pena a los partidarios.

A pesar del diálogo pluridimensional la estrategia consiste en poner el manto de duda sobre el pacto social. Nada más autoritario que la mentira, el sesgo mediático, las movilizaciones de carácter radical con apariencia de inofensivos borregos y la demanda asistencial de fracciones inertes, distantes de la economía informal de mera subsistencia. Pedigüeños con tarifa mínima y expresiones injuriosas. Todo lo opuesto a una sociedad equitativa e incluyente.

En ese orden de incongruencias conceptuales las sectas extremistas, de una u otra dirección de la brújula, atraen con maña la atención ciudadana acerca del debate gubernamental. La forma y el sentido atraviesa por el prejuicio, el rumor, la distorsión y el rencor para dar eficacia a la venganza. Las necesidades humanas son desplazadas por la visión sesgada de la historia y la situación del país. Lo firme y la evidencia sólida no tienen cabida en el espacio de las creencias ideológicas y las convicciones políticas. La moral pública pasa a ser un concepto sin título de representativo ligado a la corrupción, ésta sí objetiva, de las distintas ramas del poder y del sector privado.

Las suposiciones reemplazan la evidencia, la prueba científica es calificada de asunto del pasado y los criterios de denuncia carecen de sentido si provienen de la oposición. ¿Qué justicia y legitimidad hay en el discurso de un desmovilizado que enciende hogueras con fajos de billetes de incierta procedencia?, ¿Cuál es lo lógica del abogado que conoce información privilegiada de hechos delictivos y abracadabra sufre de amnesia?, ¿De dónde viene y para dónde va la defensa del grupo Aval? Así las cosas, ¿qué sabemos de ellos? En cada discurso existe la intención de construir una imagen e imponer el significado. Bien lo resumen la expresión desusada: “antes mártir que confesor”.

Se percibe un desgaste sicológico, físico y emocional de buena parte, de la mal censada, población colombiana. ¿Cómo hablar de paz estable y duradera en medio de la pirotecnia verbal de varios incitadores a la violencia? Unos cuantos hablan de talanquera al proceso de paz sin demostrar corrección ética. Aquellos sujetos que provocan la actual ruptura social, cuando gritan en la calle y en el recinto del Congreso: “…miserables, corruptos, sinvergüenzas…”; en fin, deberían comerse las palabras cruentas.

Enfoque crítico – pie de página. Descubierta la máquina trituradora de proposiciones individuales es la hora de tomar conciencia o sentido moral de lo fundamental. ¡No es la persona ni el nombre! es la nación colombiana la que pierde si a Duque le va mal.