18 de julio de 2024

CLASICA

Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
9 de noviembre de 2018
Por Víctor Hugo Vallejo
Por Víctor Hugo Vallejo
Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
9 de noviembre de 2018

Irse a Nueva York sólo en plan de buena mamá –que siempre lo ha sido- y quedarse  en casa, aunque nunca ha padecido la soledad porque los buenos y consagrados lectores, como ella, jamás perciben esa sensación, como que siempre cuentan con la grata compañía de un buen autor y si a eso se le agrega  el asocio de una buena música, de esa que se deja oír leyendo, estudiando, trabajando, haciendo cualquier cosa, pues no terminaba siendo  el exclusivo papel de una progenitora en busca de mejores  propósitos formativos de sus hijos.  Era una residencia temporal, apenas por un poco más de un año y por tanto no había llevado consigo una de sus colecciones musicales por la necesidad de portar un ligero equipaje.  Se dio a la tarea de buscar en el dial de esa gran ciudad una emisora que transmitiera música clásica,  de esa que desde siempre la ha acompañado. La encontró. Se volvió asidua oyente. Se informó  de esa emisora, buscó los contactos de comunicación, se hizo miembro oyente de la misma y comenzó a darle vueltas a la idea –una de las muchas que siempre le han nacido respecto de todo aquello que sea formación de los seres humanos desde el mejor buen gusto-  de crear una emisora de ese estilo en Cali, donde sonaba por entonces la música popular y comenzaba a afianzarse  la caracterización de la salsa, como género identificador de una etnografía.  Lo primero que pensó cuando tuvo esa idea fue que una vez más estaba loca. Tanto se lo habían dicho, se lo siguen diciendo  en todas las ocasiones en que formula nuevas iniciativas para hacer de la cultura un elemento de consumo masivo.

Ella misma se reconoció como utópica y de una vez comenzó a imaginar lo que le dirían a su  regreso a la ciudad de sus amores, de la que conserva con orgullo el acento caleño profundo, con su voz gruesa, pausada,  de precisa vocalización, de inferencias gramaticales, fácil de entenderla porque habla  conforme a las reglas del idioma, pareciera que estuviera escribiendo. Oírla es imaginar una dama. Verla es corroborarlo.  Se dio todas las respuestas descalificatorias cuando anunciara su proyecto y de esa manera generaba argumentos de refutación, porque estaba dispuesta a salir adelante con esa idea. Se convertiría en pescadora de oyentes.

Corría 1976  y en ese viaje el fin era que sus hijos perfeccionaran el inglés. Ellos salían todos los días a las academias de idiomas y ella quedaba en casa. Oyendo música clásica y leyendo a los grandes autores. Pensó que estaba  imaginando la creación de una emisora de música clásica en Cali, pero que nunca había estado en persona en una estación de radio. Llamó a la emisora que la había cautivado y habló con su director, quien atento la invitó a visitarlos. Le mostraron las instalaciones, la forma de hacer la programación, la gran discoteca con los mejores autores de todos los tiempos, los equipos, conoció a los locutores, leyó los libretos de los programas y se le pusieron a la orden para colaborarle en el desarrollo de su proyecto, en la advertencia de que estaba pensando en trabajar  en una radio de minorías, de grandes minorías, mucho más en una ciudad donde nunca antes se había intentado algo así. Fue muchas veces a la emisora. En todas  tomaba nota de lo que veía, de lo que le enseñaban, de lo que conocía, del estilo de los locutores, de las forma de hacer variada la programación, de cómo ser muy amable con el oyente y muy exigente con quienes se dirigen a él. Fue como una escuela de radiodifusión culta,  en tiempo récord. Mientras más conocía, más se afianzaba el proyecto en su cabeza.

Llegó el fin de los estudios de los hijos. Regreso a casa, con la alegría de retornar a donde sus familiares, sus amigos, su ambiente, las cosas de Cali, de esas que van pasando por la vida y se aprender a amar y a extrañar sin que haya un propósito en ese sentido. Es sentirse caleño en todos los espacios y mucho más fácil para ella que había nacido en la capital del Valle del Cauca, a donde siempre regresaba y sigue regresando después de muchos viajes por todo el mundo, incluso con permanencias prolongadas como cuando su esposo fue Embajador en Francia o cuando ella fue directora general de Colcultura, en el gobierno del Presidente Belisario  Betancourt Cuartas.  De Cali sólo se va para volver.

En el largo vuelo de retorno maduró aún más la idea. Como se lo diría a su esposo. Que argumentos le daría para que él expusiera la idea ante los directivos de la Fundación Carvajal y ella como respaldaría  el proyecto con detalles y respuestas a todas las inquietudes y cuestionamientos que le iban a presentar.  Sucedió lo que pensaba: le dijeron que estaba loca. Que eso en Cali no iba a funcionar. Lo primero que debía hacer  era convencerlos que se trataba de un proyecto cultural, pero que inicialmente no  era productivo, que no iba a generar  ganancias, que habría que subsidiarla por varios años. Y además que lo primero que se debía hacer era adquirir una frecuencia en uso, pues tramitar la licencia del entonces Ministerio de Comunicaciones podría ser muy lento y enfriaría el ánimo, lo que podría llevar al fracaso. Logró convencer a la Fundación Carvajal que se trataba de que esta entidad tuviera una emisora institucional desde la cual servir mejor en sus propósitos sociales que estaban contemplados en sus estatutos. Un medio de difusión sería un contacto directo con aquellas comunidades y personas que de alguna u otra  manera estaban vinculados a esos programas de emprendimiento y responsabilidad colectiva.

Se dedicó a escuchar atentamente las emisoras de Cali. No se detuvo en analizar las que pertenecían a las grandes cadenas de radio, pues eran exitosas y nadie vende lo que está siendo productivo.  Por allá al final del dial, en A.M. se encontró con una emisora que nunca había escuchado. Se llamaba Radio Libertador. Su sonido no era muy bueno. De alguna manera se lo explicaba la baja pauta publicitaria que se podía escuchar. Una emisora comercial sin anuncios no es nada. Es un pésimo  negocio. Indagó donde estaban los estudios y sus oficinas. Se fue a la calle 15 con avenidas 4 y 6 norte. Habló con el gerente propietario y le preguntó  si vendía la licencia de esa frecuencia.  El hombre lo pensó y siguieron hablando.  Al final había respuesta positiva. Adquirió la frecuencia, de muy baja cobertura espectral, casi reducida al área urbana de Cali. Ya tenía en sus manos lo esencial de la materia prima de trabajo de una emisora. La apagaron por unos pocos días. Al volver al aire lo hizo con la transmisión de música de la que llaman culta, que no es clásica, pero que tampoco es popular, de esas que se bailan en los cumpleaños  de las quinceañeras y de pronto en las ceremonias de grado.  La gente la distingue. Le suena bien. No necesita de esfuerzos mentales para comprenderlas. Simple: se deja oír.  En Cali sólo había locutores de música popular, anunciadores de las más diversas propagandas, pero nadie que no tuviera dudas al momento de identificar al compositor. La que sabía que quería era ella. Probaría como locutora. Fue un éxito. Los oyentes iniciales se encantaron con su tono de voz, con su elegancia al hablar y aún los sigue cautivando.  En esa emisora ella era la que hacía casi todo. Los primeros sonidos musicales que se transmitieron  correspondían a los discos de sus colecciones privadas.  En  octubre de 1978 había nacido en Cali – la tierra de la salsa- una emisora clásica, llamada inicialmente como “Emisora de la Fundación Carvajal”.  En principio bien podría decirse que la oían sus familiares y los miembros de la Junta  Directiva de la Fundación para saber en que se estaban gastando la plata.  Ya han pasado 40 años y  con una mayor potencia, ahora en F.M.  es  una estación de radio que se parece en mucho y la ha superado, a la que ella escuchara en 1976 en Nueva York, de la que tomó el modelo a seguir.  Ya es una emisora frente a la que una muy buena parte de los habitantes de la capital del Valle y del sur occidente colombiano se han apropiado y la tienen como su preferida.

Es la obra de una extraordinaria gestora cultura: Amparo Sinisterra de Carvajal, quien contó con el indeclinable apoyo y respaldo de su esposo Adolfo Carvajal Quelquejeu, ya fallecido, quien siempre se sintió orgulloso de la mujer que había escogido para que lo acompañara por siempre. A ella se le ocurrían muchas ideas culturales. Ahí estaba él para respaldarla, en el extraordinario respeto que cada uno  tuvo siempre por el otro, conservando cada quien su autonomía y plena libertad como dos seres humanos de grandes calidades  y muchas capacidades en lo que han hecho en la vida. Amparo Sinisterra de Carvajal ha sido, en esencia, una creadora de grandes proyectos culturales.

Lo del gusto por la música clásica le viene de familia. En su casa los mejores momentos se disfrutaron siempre con el acompañamiento  de los grandes maestros  de la música universal, en un hermoso equipo de sonido que tenía su padre, como ahora lo recuerda, en siempre se sinties  una estacla unidad.  el que la libertad y la diferencia de opiniones  lo en siempre se sinties  una estac  y en muchas ocasiones el progenitor simplemente se sentaba a deleitarse con esos acordes y compases. La niña se sentaba a su lado y comenzaba a pedirle explicaciones. Las recibía todas, con la mayor claridad, pero también con el mayor apasionamiento por esa música que se deja oír en todos los espacios y  que no contrae compromisos más allá del buen gusto y la tranquilidad que  el aparato emocional de los humanos  puede lograr desde su conocimiento pleno, o mínimo o desconocimiento. La música se oye sencillamente porque sea agradable al oído o porque genere sensaciones  necesarias para quien  la oye con atención.

Amparo Sinisterra de Carvajal solamente  recuerda la vida acompañada de los maestros universales de todos los tiempos. La idea de fundar una emisora en Cali con esa clase de programación era la realización de uno de sus grandes sueños: que todos se hicieran amigos de esas composiciones y de esos compositores, procurando ser educativos en lo que se dijera en sus micrófonos. De ahí que uno de los caminos de consecución de oyentes fue aliarse con la Universidad del Valle y crear programas educativos, como el bachillerato por radio, a través del cual se fidelizaron miles de oyentes que no se volvieron a cambiar de dial.  Se volvió frecuente que en los radios de los Taxis de la capital del Valle se oyera  esa estación de radio, por la tranquilidad y el sosiego que le daba al conductor, en un trabajo tan agitado y de tan largo aliento, el estar acompañado de ritmos  que iban  a su comprensión de buen gusto. Notaban que todos los pasajeros lo recibían con gran satisfacción.

La emisora salió al aire en A.M. en octubre de 1978. En este ha celebrado los 40 años, una cifra que muchos pensaron inalcanzable, pero que al conseguirse  se traduce en la consolidación de  un sonido que hace parte de la vida diaria de muchos miles de caleños y gentes de las zonas  que están en el espectro de los 400 kilómetros  que es la cobertura de su banda en F.M. Los equipos para transmitir en esta frecuencia fueron adquiridos en 1979 y cuando en 1985 comienza su operación  cambia al nombre de Emisora   de la Fundación Carvajal  H.J.S.A.

Luego de dos años en que la Fundación asumió completamente su sostenimiento, con la más austera administración de su directora, en 1980 comienza a tener pauta comercial, con el patrocinio de algunos de sus espacios. Que los anunciantes  la reconocieran como medio de promoción fue un gran logro, porque quiso decir que los estudios de sintonía le daban seria presencia entre los oyentes.  Se estaba formando ese núcleo  de personas a las que se quiso dirigir Amparo Siniestra, a quienes poco a poco –lo sigue haciendo- iba enseñando algo de lo mucho que sabe sobre música, a la que siempre ha estado ligada, ya que de niña quiso ser bailarina clásica. Estudió en Bellas Artes y luego lo hizo  en Estados Unidos en la American Ballet Theater de Boston y en el Carnegie Hall de Nueva York, durante cuatro años. Fue mucho lo que aprendió, incluso a entender que su futuro no eran las tablas como bailarina, pero que regresaría a Cali a darle clases de danza clásica a quienes lo quisieran. Sus amigos del Club Colombia  la apoyaron y se formó una pequeña academia con sus hijos, de donde salió la Academia de Baile Clásico Ana Paulaba. Por esa misma época se hizo partícipe del proyecto de fundación del canal regional de televisión Telepacífico, que se ha convertido  en un medio influyente de comunicación en el sur occidente colombiano.  Igualmente fue fundadora de Proartes en 1970, que ha realizado, realiza y proyecta eventos trascendentes  en materia cultural y artística.  Igualmente fue fundadora del Festival Internacional de Arte de Cali.

En sus 40 años de servicio comunitario la Emisora Clásica 88.5, que es su actual nombre,  se ha consolidado como la mejor opción  a una radio local en la que abundan el mal gusto, los gritos destemplados, las promociones de artistas de medio pelo mediante el uso de la denominada “payola”, la salsa en todas sus formas indiscriminadas y la ausencia del buen uso del idioma, como que se ha vuelto característico el mal trato  de las palabras y la gramática, en el mal entendido de que “al oyente le gusta que le hablen así”.

Clásica 88.5 en F.M. ahora no solamente se ocupa de esa clase de música –que copa un poco más del 80% de su programación diaria de las 24 horas- y cuenta con espacios especializados  de Jazz, de música latinoamericana, colombiana, salsa, tangos, boleros y folclórica de diversos países, en los que además se da cuenta de la historia de esas canciones, de sus autores, de sus versiones, de sus intérpretes de tal manera que no se escuchan sólo por oír buena música, sino por aprender mucho de la misma.

La emisora cuenta con colaboradores  que se han identificado con las exigencias cualitativas de Amparo Sinisterra de Carvajal, como Fulvio González – hijo  del exitoso autor de radionovelas en Todelar, cuando representaba algo como radio-, Álvaro Gartner Tobón, un extraordinario conocedor del bolero de todos los tiempos, de Oscar Jaime Cardozo Estrada y otros  que le aportan  mucho conocimiento a lo que debe entender y comprender el oyente en forma racional.

Amparo sigue siendo la voz insignia de la estación y no duda un momento de hacer locución de cabina anunciando  los títulos, los compositores, la época, los intérpretes  de lo que se transmite. Es una voz  muy agradable, de tono grave y pausado que deja la sensación de pleno conocimiento de lo que habla  y del mayor respeto por el uso correcto del idioma.

Que Cali ahora  se haya convertido en un verdadero meridiano cultural, de alguna manera corresponde a la titánica tarea de promoción  que en la materia durante tantos años ha realizado Amparo Sinisterra  de Carvajal, quien entre todo lo que ha emprendido sigue considerando la Clásica 88.5 como su idea preferida, concebida alguna vez en Nueva York y realizada como una bella utopía que ahora no lo es, como que su realidad actual la convierte  en uno de los símbolos de lo que es la cultura de una región.

Clásica 88.5 no es más que el resultado del tesón, de la dedicación, del empeño y del amor de esta dama por  el mejor buen gusto en la creación musical. La emisora ya es un patrimonio de Cali y los oyentes la sienten como suya. 40 años de servicio comunitario  son un galardón de recompensa a las buenas iniciativas.  Serán muchos 40´s años más.