24 de agosto de 2019
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La muerte violenta del periodista Eudoro Galarza

15 de octubre de 2018
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
15 de octubre de 2018

El 12 de octubre de 1938 se encontraba el director de La Voz de Caldas trabajando en su oficina cuando irrumpió como una tromba el teniente Jesús María Cortés, del Batallón Ayacucho, para reclamar porque uno de los cronistas del periódico había publicado una nota afirmando que el mencionado teniente ultrajaba infamemente a los soldados; el oficial preguntó directamente por el director y cuando el periodista se le presentó sacó su revolver y lo asesinó. La sociedad manizaleña quedó consternada con el crimen; fue el primer periodista asesinado en Colombia por motivo de su oficio.

Su formación como periodista

Nació en Caramanta, Antioquia, el 4 de abril de 1895 y 10 años después la familia se instaló en Manizales, un pueblo que estaba de moda por la producción y comercio del café y porque se convirtió en la capital del nuevo departamento de Caldas. Aquí empezó la educación primaria con don Marco Tulio Arias Mejía, y a los 15 años fue internado en un regimiento militar, donde permaneció 22 meses; después del servicio militar trabajó en El Líbano, Caramanta, Riosucio y Mistrató, pero regresó definitivamente a Manizales, se empleó como portero de la Escuela Normal de Varones y tuvo la oportunidad de alternar su trabajo con el estudio.

Tenía 22 años cuando Justiniano Macía lo invitó a colaborar en  Renacimiento, un periódico apolítico, ajeno a las luchas partidistas, al servicio de los intereses locales, departamentales y nacionales. Fue el primer diario “de verdad” que se fundó en Manizales y una verdadera escuela de periodismo; al respecto decía Justiniano Macía que en este medio se iniciaron como periodistas, Gerardo y Emilio Arias Mejía, Daniel y Nicolás Restrepo Escobar, Roberto Restrepo, Rafael Arango Villegas, Eudoro Galarza Ossa y Gonzalo Restrepo Gutiérrez.

Los temas principales del diario eran, la crónica local que la escribía Justiniano, bajo seudónimo y a veces su hija María, también con seudónimo; recibían mucho material de España y Francia, sobre la Primera Guerra Mundial, y estas noticias ayudaban a vender el periódico. El diario publicaba cuentos salidos de la pluma de Eudoro Galarza, quien además tenía una sección titulada “Hombres e ideas”, pues le gustaba el género del reportaje. Cada día publicaban poesías, porque había mucha colaboración de Aquilino Villegas, Jorge S. Robledo, Luis Donoso, Eduardo Londoño Villegas, Eusebio Robledo, Victoriano Vélez, Juan Bautista Jaramillo Mesa y Blanca Isaza. La estabilidad económica le permitió organizar una familia y en 1919 se casó con Magdalena Jiménez; de esta unión nacieron sus hijos Nora, Lucía y Elí.

Galarza permaneció en Renacimiento hasta el año 1922 y de aquí salió para dirigir El Diario, fundado por Pedro Luis Rivas, de ideas republicanas. Este periódico cerró porque fue consumido por el incendio de julio de 1925 y, como Galarza se quedó sin trabajo, se fue para Bogotá y se vinculó al diario El Tiempo, invitado por el gerente Fabio Restrepo y por el doctor Eduardo Santos. Aquí estuvo solo tres meses, pero conoció el manejo empresarial de un diario grande, moderno y de orientación liberal; pero extrañaba a su familia y se regresó para Manizales con la intención de fundar su propia empresa.

Después del incendio, de julio de 1925, Manizales se transformó en una ciudad moderna; empezó la “segunda fundación”. Las compañías de seguros pagaron las pólizas a sus clientes para que levantaran sus casas e impulsaran las empresas comerciales afectadas; pero, además, el gobierno nacional llegó en auxilio con importantes apoyos económicos porque todavía tenía recursos de la llamada “Danza de los millones”, y la clase empresarial de Manizales y de Caldas estaba aprovechando las ganancias que generaban la economía cafetera y el comercio de exportación e importación.

Imprenta, publicaciones y La Voz de Caldas

En este florecimiento económico se crea la infraestructura para la cultura. El impulso venía desde 1916, pues en este año había en Manizales ocho imprentas: Renacimiento, La Idea, Imprenta San Agustín y de la Diócesis, Tipografía Comercial, Rivas, Manizales y la Imprenta Departamental. Siete años después la ciudad contaba con cinco diarios: El Universal, El Diario, La Patria, Renacimiento y La Fragua; todos con equipo propio. Varias imprentas editaban libros y revistas: Tipografía Blanco y Negro, de don Mariano Camargo, donde se editó la Revista Colombiana de Revistas; la Tipografía Cervantes de don Arturo Zapata, quien organizó más adelante la Editorial Zapata. Posteriormente aparecieron la Tipografía Veyco, Tipografía Manizales, Editorial Atalaya, Editorial El Libro, Tipografía Unión Obrera, Alfa y Orsa y unas cuantas más. En este clima cultural no era una quijotada montar un periódico, pues resultaba una empresa con porvenir debido al comercio de Manizales. En 1926 Galarza fundó La Voz de Caldas, en compañía de Arturo Zapata y de Juan Pablo Araque, y al poco tiempo compraron los equipos tipográficos; tres años después Galarza quedó como único propietario del periódico.

En esta época combinaba el oficio de periodista con la literatura, y en este campo escribió muchos cuentos que publicó en varios medios de Manizales y de otras ciudades, con el seudónimo de Julio Tasarin.

El asesinato de Galarza

El 10 de octubre de 1938 La Voz de Caldas publicó la siguiente nota, que aparece sin firma pero que fue escrita por el jefe de redacción, Gonzalo Jaramillo Jaramillo:

Hemos sido informados que durante los últimos días los soldados del regimiento “Ayacucho” acantonado en esta ciudad, sufren varios ultrajes personales por algunos oficiales. Caso concreto fue el sucedido la semana pasada cuando el oficial señor Jesús María Cortés dio una bofetada al soldado señor Roberto Restrepo y luego lanzándolo del primer piso del cuartel al patio, el soldado sufrió golpes de consideración […]

Como respuesta el 12 de octubre, en horas de la tarde, llegó a las oficinas de La Voz de Caldas el teniente Cortés, con el periódico en la mano, y después de una corta discusión con Galarza, le disparó tres veces. El periodista murió hacia las 10:15 de la noche.

Al día siguiente el diario La Patria, encabezaba con el siguiente titular: “Manizales fue teatro ayer de un villano crimen que hoy conmueve a la nación. En su oficina de redacción fue asesinado Galarza Ossa por un oficial del Ejército”.

Hubo consternación en el país. Numerosos editoriales y columnas de opinión de muchos medios recordaban la trayectoria periodística de Galarza Ossa; en este momento se tensionaron las relaciones entre la prensa y el Ejército. Mientras tanto el teniente Cortés quedó en libertad parcial dentro del Cuartel Ayacucho; el proceso se inició en Manizales y la familia contrató al abogado Mario García Herreros, pero el caso fue trasladado a Bogotá porque en Manizales no había garantías suficientes, pues se trataba de un militar y podía ser absuelto.

El crimen contra Eudoro Galarza dejó a su familia desprotegida. Ante los hechos el doctor José Restrepo Restrepo, director del diario La Patria, emprendió una campaña de solidaridad entre los principales medios periodísticos del país con el fin de comprar una casa para la esposa y los hijos desamparados.

Pasó el tiempo y la defensa del teniente Cortés estuvo a cargo de Jorge Eliécer Gaitán, hombre de inmenso prestigio porque había sido candidato presidencial, dirigía el Partido Liberal y era el más reconocido abogado penalista del país. La defensa que Gaitán desarrolló se basó en la tesis jurídica de la legítima defensa del honor militar. Este hecho lo narra el escritor Arturo Alape en su libro Bogotazo. Memorias del olvido:

Abril 9 de 1948. A las dos de la madrugada los jueces del pueblo entregaron su veredicto al juez de la causa y, el doctor Pérez Sotomayor en palabras moduladas lentamente dio lectura al fallo de conciencia. Eran las dos y cinco de la madrugada. La tremenda expectativa hacía presa fácil los nervios de los presentes. El fallo fue absolutorio en todo, de acuerdo con las tesis planteadas por el señor Jorge Eliécer Gaitán. El teniente Cortés disparó sobre el periodista Eudoro Galarza Ossa, con la intención de matar, pero lo hizo en legítima defensa del honor militar, la defensa fue proporcional a la agresión, por lo tanto la absolución fue total por justificación del hecho. Fueron incontenibles las salvas de aplausos al terminar el veredicto absolutorio. Las barras sacaron a Gaitán en hombros y de pronto él se encontró con la soledad de la ciudad y el frío envolvente en niebla que cubría sus calles y sus edificaciones. El delirio multitudinario quedaba a sus espaldas.

En Manizales la noticia fue recibida con una inmensa tristeza, porque “la defensa tuvo más oratoria que argumentos”.  Fue “una afrenta a la memoria de Galarza”. Ese mismo día Gaitán fue asesinado y la tragedia sacudió todo el país; corrieron ríos de tinta y la violencia política, que se apoderó de Colombia, sepultó la memoria del primer periodista asesinado por razones de su oficio.