15 de mayo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El vuelo del concejal

13 de octubre de 2018
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
13 de octubre de 2018

Coronel  RA  Héctor Álvarez Mendoza

El pasado viernes 5 de octubre, a su regreso de Nueva York, donde asistió a varias reuniones con funcionarios de la ONU, luego de la Asamblea General de ese organismo en la que se trató el caso de la crisis humanitaria que padece Venezuela por cuenta del desastroso régimen bolivariano, fue detenido el concejal Fernando Albán del movimiento opositor “Primero Justicia”, por agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, “SEBIN”, sindicado de ser uno de los organizadores del supuesto atentado con drones cargados de explosivos contra el presidente Nicolás Maduro durante la parada militar realizada en Caracas el 4 de agosto, acontecimiento célebre por la estampida de las tropas situadas frente al palco presidencial, más que por los efectos físicos sobre el supuesto blanco del intento de magnicidio, del cual el presidente Maduro ha llegado a inculpar hasta al mismo gobierno colombiano.

Como es de público conocimiento, el concejal fue conducido a las instalaciones del temido “SEBIN”, edificio en cuyo sótano funcionan las lúgubres celdas conocidas como “La Tumba”, a donde languidecen en condiciones opresivas y denigrantes, totalmente aislados, sin formulación oficial de cargos y algunos sin derecho a visitas de abogados ni de familiares, los considerados “enemigos” del régimen, al estilo de la célebre prisión caraqueña de “La Rotunda”, de los tiempos del dictador Juan Vicente Gómez, siniestra instalación demolida luego de la muerte del dictador. Según informaciones de prensa y testimonios contradictorios y confusos del Fiscal General Tarek William Saab, funcionario elegido a dedo por la Asamblea Nacional Constituyente promovida por Maduro y su gobierno, el lunes 8 el detenido, debidamente custodiado, fue conducido a dependencias del organismo de inteligencia situadas en el piso 10 del mismo edificio, oportunidad en la cual solicitó permiso para ir al baño, de una de cuyas ventanas el concejal decidió saltar hacia su muerte. El problema con esta versión inicial, es que al parecer, los baños carecen de ventanas capaces de permitir tal acrobacia.

Más tarde la versión fue corregida y se argumentó que Albán, mientras se encontraba en una sala de espera, había salido corriendo por los pasillos hasta alcanzar una de las ventanas del salón desde donde saltó al vacío. Pero en este caso, afirman varios testigos familiarizados con el edificio y con las rutinas que allí se manejan, las ventanas suelen permanecer cerradas y los detenidos, especialmente los calificados como enemigos del régimen, permanentemente custodiados.  Todas estas contradicciones y teniendo en cuenta que el concejal Albán era considerado como un hombre, tranquilo, buen esposoequilibrado, estudioso, católico practicante y convencido creyente, por lo cual se le consideró siempre muy alejado de la imagen típica del potencial suicida. Todas estas evidencias han sembrado justificadas dudas sobre la versión oficial del suicidio y apuntan hacia la probable comisión de un homicidio.

Si nos atenemos a la solidez del manejo de la verdad de los voceros del gobierno bolivariano, tan evidente ante casos como los alegatos maduristas de que el Venezuela no falta nada, nadie está huyendo de ese paraíso y que las conmovedoras imágenes de las familias venezolanas desplazándose a pie por las carreteras de los países fronterizos solo son un “montaje” de los contradictores del “exitoso” manejo de la cosa pública, es imperioso concluir que la credibilidad que merecen los estamentos oficiales es muy pobre y escasa, por lo que entre suicidio y homicidio, la opinión pública local e internacional ha descartado la primera opción por improbable, por lo que se ha exigido una investigación independiente y seria sobre las circunstancias que rodearon este lamentable incidente, que trajo a mi memoria el caso que mencionaré brevemente a continuación, curiosamente coincidente con el del SEBIN, aunque en ambientes y circunstancias muy diferentes.

Durante los últimos meses de 1941, poco antes del ataque japonés contra la base naval estadounidense de Pearl Harbor, se adelantaban en los Estados Unidos intensas campañas contra una siniestra entidad del crimen organizado llamada así misma “Murder Incorporated” , cruzada liderada, entre otros, por el fiscal Thomas Dewey, exitoso funcionario judicial de Nueva York que había obtenido 72 condenas de los 73 procesos en los que había intervenido, durante los cuales había enviado a la silla eléctrica a numerosos delincuentes de las diferentes familias mafiosas de origen italiano e irlandés que operaban especialmente el distrito de Manhattan. Muchos de estos juicios ganados por el fiscal Dewey lo fueron gracias al testimonio y confesión de uno de los más peligrosos sicarios del entorno neoyorquino llamado Abe Reles, uno de los primeros integrantes de la llamada “Cosa Nostra” o simplemente Mafia, por cuyas declaraciones ante el jurado muchos delincuentes fueron condenados a la pena capital. Los reveladores testimonios antecedieron a los conocidos “Papeles de Valachi”, en los cuales el escritor norteamericano Peter Maas, describe las circunstancias en las que se dieron las revelaciones que el mafioso Joe Valachi ofreció ante un subcomité de investigación del Senado de los Estados Unidos, presidido por el senador de Arkansas, John L. McClellan donde se logró develar y conocer la estructura del crimen organizado en ese país.

Naturalmente, por tratarse de confesiones que comprometían las estructuras mismas de la organización criminal, el declarante Reles fue sometido a un severo plan de protección policial, por lo cual fue trasladado en absoluto secreto a una habitación del sexto piso de un oscuro y anodino hotelucho  llamado “Half Moon” situado en Coney Island, al cuidado permanente de seis agentes del departamento de policía de Nueva York, apostados frente a la puerta de la habitación, grupo de protección específica al mando del Capitán Frank Bals, veterano y experimentado oficial del mismo departamento de policía, cuya única responsabilidad era la de preservar la seguridad del procesado.

Pero aquí fue donde la puerca torció el rabo. Resulta que en la fría mañana del 12 de noviembre de 1941, de pura casualidad, todos los seis policías del servicio de protección se durmieron plácidamente en sus puestos de vigilancia mientras que el capitán Bals se encontraba momentáneamente ausente, oportunidad aprovechada por algunos mensajeros del sindicato criminal para entrar a la habitación del reo Reles, despertarlo, sacarlo de la cama e invitarlo a tomar unas bocanadas de aire fresco desde el borde de la ventana de su cuarto. El resto es historia. Pero lo que me resulta especialmente curioso es que en un escondido e intrascendente dato de pequeña historia, consta que el procesado Abe Reles, antes de ser escondido en el hotel “Half Moon”, había estado confinado en una sección de calabozos situada en un profundo sótano de uno de los sitios de detención en Manhattan, que, como los calabozos especiales del SEBIN en Caracas, también era conocida como “La Tumba”. Curioso, ¿No es verdad?