22 de febrero de 2024

No se puede dejar de beber…. bebiendo

6 de septiembre de 2018
Por Ricardo Tribín Acosta
Por Ricardo Tribín Acosta
6 de septiembre de 2018

Por: Ricardo Tribin Acosta

Cuantas veces los seres que tienen problemas con el alcohol no dicen durante un guayabo “No vuelvo a beber nunca más”, para al rato, copa en mano, estar lamentándose de haber vuelto a tomar, ya que conocen bastante bien lo que sucede en ellos cuando se ingesta alcohol. La negación sin embargo ataca inclemente y le lleva a pensar al afectado que esta será la ultima oportunidad en que lo hará o que quizás solo se tomará algunas copitas, sabiendo muy bien en el fondo de la conciencia que de nuevo arrancará aquella imparable obsesión, producto de la compulsión, que lo transitará de nuevo por los caminos del dolor.

Y es que los alcohólicos desafortunadamente han perdido el privilegio de beber, así como los jugadores ludopáticos el de jugar, puesto que lo que en verdad les hace daño es el primer trago o la ficha inicial. Por esto quien quiere dejar de beber o de consumir drogas o de jugar, tiene que hacerlo sin pensar en pequeñas distracciones como aquellas que dicen “tomate una no mas que todos saldrá bien; o bebe hasta las once que después te vas para tu casa; o quizás, solo quédate una media hora en el casino y luego seguirás tu vida normal. No, un claro no, es la única respuesta, ya que no se puede parar de beber bebiendo, ni dejar de jugar jugando, como tampoco no engordar comiendo en exceso.

Y hablando del comer inapropiado, las promesas son permanentes, sobre todo cuando nos colocamos encima de la pesa o alguien nos recuerda que estamos pasados de kilos, o quizás el espejo al fin nos muestra nuestra figura en su verdadera realidad, indicándonos la urgente necesidad de hacer algo al respecto. Horas mas tarde sin embargo la intención desaparece cuando se tienen enfrente deliciosos platillos, plenos de grasas y carbohidratos, surgiendo de nuevo frases desafortunadas como aquellas de que: mañana empiezo; o unos quilitos de mas no hacen daño; o  que de algo tocará morirnos,  lo que no se mira igual cuando en el hospital, y no propiamente de visita, se pagan las consecuencias de los excesos de colesterol y triglicéridos, entre otros.

Por todo anterior, bien sea que queramos dejar el alcohol o las drogas, el sexo desaforado, o quizás el juego y la comida inapropiada, lo mejor será no hacer promesas de largo plazo sino pensar en la enmienda de la acción día por día, por periodos no mas largos que de veinticuatro horas o quizás de pocos minutos, planteamiento mental en el que la decisión abstencionista, junto con los propósitos de cambios positivos en los comportamientos con esta relacionados, ayudaran al afectado a suspender el consumo y el uso de todo aquello que le haga daño y que le es por demás bastante autodestructivo.