24 de febrero de 2024

En Cuba no falta nada

9 de septiembre de 2018
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
9 de septiembre de 2018

Coronel  RA  Héctor Álvarez Mendoza

La insistencia del presidente Nicolás Maduro en el sentido de que en Venezuela no sucede nada irregular debido a la evidente carencia de alimentos, medicinas y adecuada atención de servicios básicos de salud, el despelote monetario y la rampante inseguridad en campos y ciudades, anomalías en su opinión inexistentes en su país, atribuídas a infundios y mentiras inventadas por el imperio norteamericano, la oligarquía colombiana y los “pitiyanquis” y “escuálidos” de la oposición interna, como parte de la “guerra económica” tan mencionada y alegada por el régimen bolivariano como causante de todas sus miserias, es un cuentazo diario que ya no se lo creen ni los propios áulicos de camisetas rojas ni los aplaudidores de cabecera del errático gobierno madurista.

Resulta patética la permanente e insistente negativa de Maduro y de Cabello, de las Cilias y las Delcys de desconocer y negar lo innegable, pretender tapar el sol con un dedo y atribuir el lamentable espectáculo de la diáspora de la parte más expuesta y vulnerable de su castigado pueblo a montajes y simulaciones orquestadas por los demás, para afectar el prestigio de su gobierno. La culpa del problema, desde la óptica particular del gobierno bolivariano, siempre es de los otros, nunca de su propia incompetencia ni del calamitoso manejo de su otrora sana y próspera economía. Según ese punto de vista, la emigración de venezolanos hacia otros inciertos destinos es injustificada ya que en Venezuela hay de todo y para todos, por lo que propone “puentes aéreos” por los que invita a sus connacionales a regresar a ese paraíso, donde es imprescindible contar con el “Carnet de la Patria” para poder acceder a los privilegios de recibir gasolina casi regalada y las famosas cajitas mensuales de comida “CLAP” de distribución gratuita, previa demostración documental de lealtad incondicional al gobierno. Parece que nadie ha intentado hacer un balance de resultados de los “ingeniosos“ planes maduristas para rescatar la naufragante economía venezolana. Alguien ha evaluado, por ejemplo, los resultados obtenidos del plan de “gallineros verticales”, consistente en instalar criaderos de gallinas en los apartamentos urbanos o el de los cultivos hidropónicos en el centro de Caracas, propuestos y presentados personalmente por el presidente Hugo Chávez para reemplazar la dependencia de la importación de pollo, verduras y frutas de Colombia, o más recientemente, los resultados del “plan conejo”, presentado públicamente en septiembre del 2017 por el propio Maduro como respuesta infalible contra la desnutrición y el hambre de su pueblo? No parece que tal evaluación haya sido siquiera intentada.

Toda esta historia me hizo recordar el argumento de una antigua canción atribuida por algunos al prolífico compositor barranquillero José María Peñaranda (1907-2006) dedicada a la situación de Cuba luego de la llegada de Fidel Castro al poder, titulada “El del Tabacón”, también llamada “En Cuba no falta nada”. Algunos historiadores atribuyen esta canción a otros autores, lo cual resulta difícil de definir con precisión dada la oscuridad de una época en la cual las normas sobre derechos de autor y los regímenes de regalías eran desconocidos y prácticamente inexistentes en nuestro medio. Posteriormente, la canción ha sido modificada en términos y contenidos por nuevos intérpretes muy conocidos como es el caso de Tommy Olivencia y su vocalista Héctor Tricoche, quienes conservando el sentido inicial atribuido a Peñaranda, le han agregado versos y descripciones más actualizadas y en lenguaje más explícito que el usado originalmente por el barranquillero, quien entre sus obras más conocidas tiene la famosa “Ópera del mondongo”, “Se va el caimán” y aquella inolvidable “Me voy pa’ Cataca”, que en su versión original, dice:

“Yo no soy de por aquí, yo soy muy barranquillero, nadie se meta conmigo, que yo con nadie me meto. Yo me voy pa’ Cataca y no vuelvo más, el amor de Carmela me va a matar…”  Posteriormente, y en versiones más modernas, como la interpretada por el colombiano Nelson Pinedo con la Sonora Matancera, se cambió Cataca (Aracataca) por La Habana. (“Yo me voy pa’ La Habana y no vuelvo más…”). En “El del tabacón”, compuesta en ritmo de porro, el maestro Peñaranda empezó a vislumbrar y describir con música la situación de carencias que empezó a padecer la sociedad cubana por cuenta del régimen socialista que desplazó a la dictadura de Fulgencio Batista a partir de enero de 1959. Cantaba entonces el compositor barranquillero:

“Era la isla más bella,

descubierta por Colón,

Y llega el del tabacón,

no sé qué cosa hizo de ella,

Se acabó la “mortadella”,

El queso, la jamonada,

El dulce y el salchichón,

Y dice el del tabacón,

Que en Cuba no falta nada”.

 

“Ya no hay tomates ni ají,

No hay papa, falta el café,

No hay azúcar, no hay “panqué”,

Ya no se come el congrí,

No hay quien chupe un pirulí,

No hay ajiaco, no hay fabada,

Ya no hay carne entomatada,

No hay nísperos, no hay anón,

Y dice el del tabacón,

Que en Cuba no falta nada.”

 

“No hay especias, no hay comino,

Falta la sal, no hay tostadas,

Ya nadie come ensaladas,

No hay cebollas, no hay tocino,

No hay cerveza, ron ni vino,

No hay garbanzos ni empanadas,

Se acabó la limonada,

El mango, piña y melón,

Y dice este maricón,

Que en Cuba no falta nada”.

 

“Se acabaron las tortillas,

Falta el pan y las galletas,

Y aquellas ricas chuletas,

No hay ajos ni empanadillas,

No hay tasajo, no hay morcillas,

Se acabaron las asadas,

Y aquellas carnes saladas

Y el sabrosito lechón

Y dice el del tabacón,

Que en Cuba  no falta nada…”

 

“Ya no se ven golosinas,

no hay “panquecas” ni frijol,

no hay vinagre, no hay alcohol,

no hay aceite, no hay sardinas,

se ha acabado hasta la harina,

que la daban regalada,

y la carne racionada,

en todita la nación,

y dice el del tabacón,

que en Cuba no falta nada”.

 

“No hay vergüenza, no hay honor,

no hay virtud ni sensatez,

no hay respeto ni honradez,

ni escrúpulos, ni pudor,

ni alivio para el dolor

de la patria atormentada,

esta Cuba acorralada

llena de desilusión,

y dice el del tabacón,

que en Cuba no falta nada…”

Por último, algún desconocido, desocupado y acucioso observador le adaptó nuevos versos aplicables al caso venezolano. Que dicen así:

“Y digo yo con cariño, amigo venezolano,

pueblo hermano, gente amena,

cuidado con el cubano,

de la barba  y la gorrita,

que si lo dejas, te quita

el petróleo, el gas propano,

todo el hierro, la bauxita,

y hasta la arepa rellena,

y quiere pagar lo mismo,

de lo que se lleva ahorita,

con un discurso en cadena,

de un loro venezolano…”