23 de mayo de 2022
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Diplomacia con rabo de paja

5 de septiembre de 2018
Por Víctor Julián Ramírez Betancur
Por Víctor Julián Ramírez Betancur
5 de septiembre de 2018

Garapullo

 

 

Por Víctor Julián Ramírez Betancur

 

 

 

 

La decisión del presidente Iván Duque de designar al ex procurador Alejandro Ordóñez como embajador extraordinario y plenipotenciario en la Organización de Estados Americanos (OEA), es una decisión que puede ser catalogada de anacrónica en todo el sentido de la palabra, porque es Alejandro Ordóñez una persona retrógrada, ultraconservador, partidario de instituciones políticas y sociales propias de la Edad Media y contrario a las ideas liberales e innovaciones de cambio por los que propende el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, no obstante ser la ONU el organismo más antiguo del mundo, pues su génesis se remonta al Congreso Anfictiónico de Panamá convocado por el libertador Simón Bolívar en 1826, y a la posterior Primera Conferencia Internacional Americana celebrada en Wasington en 1889 donde se acordó la creación de la Unión Internacional de Repúblicas Americanas lo que posteriormente se empezó a denominar Sistema Interamericano.

La Organización de Estados Americanos (OEA), fue creada en 1948 con la suscripción de la Carta de la OEA, conferencia celebrada en Bogotá por las mismas calendas del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de ese año. La Organización fue fundada con el objetivo de lograr en sus Estados miembros, como lo estipula el artículo 1 de la Carta, «un orden de paz y de justicia, fomentar su solidaridad, robustecer su colaboración y defender su soberanía, su integridad territorial y su independencia». A partir de esos postulados liberales surge la pregunta: ¿Es el ex procurador Alejandro Ordóñez la persona idónea para representar a Colombia en la Organización de Estados Americanos (OEA)?

Sin duda ninguna, no es el conservador Alejandro Ordóñez la persona indicada para representarnos en la OEA como embajador, si este señor obrara con ética y fuera consecuente con los postulados que profesa, debería declararse impedido moral y éticamente para asumir tan importante embajada, por las siguientes razones:

El anacrónico Ordoñez utilizó su cargo de procurador general de la Nación para atacar los derechos humanos, en especial los de las minorías como la población LGBTI, los derechos políticos de quienes profesan la separación entre la Iglesia y el Estado, su militancia en una de las facciones más retardatarias de la Iglesia Católica como son los lefebvristas, su posición en contra de los derechos al aborto y la eutanasia, su inclemente discurso contra las víctimas del conflicto, la quema de los libros, su vocación misógina, su fanatismo sectario, su aversión a la ideología de género y a la izquierda democrática, en fin, son tantos los aspectos que lo hacen indigno merecedor de esa embajada, porque no tiene autoridad moral, pero respeto su posición ideológica como demócrata que soy, aunque no la comparto.

Además de su ideología, desde su púlpito como procurador general de la Nación, Ordóñez libró férreas batallas en contra del aborto, el matrimonio y la adopción por parte de parejas del mismo sexo, la legalización de la marihuana, el proceso de paz y la eutanasia, los derechos políticos de la izquierda democrática, ideas liberales que son, precisamente, las que defiende el Sistema Interamericano de Derechos Humanos.

Pero el impedimento ético y moral del señor Ordóñez y la falta de autoridad moral para ocupar el cargo de embajador en la ONU para el cual fue designado por el presidente Duque, es el hecho de que en la Corte Interamericana de Derechos Humanos cursan demandas en contra del Estado colombiano sobre los derechos políticos de Gustavo Petro que el mismo exprocurador vulneró, contra el genocidio de los militantes del Partido Unión Patriótica a quienes el ex procurador tilda de pecadores, y, en fin, un sinnúmero de procesos de los cuales ese señor Ordóñez es un indolente opositor. Qué garantías pueden tener las víctimas que reclaman sus derechos en el Sistema Interamericano, si es precisamente el embajador uno de los máximos violadores de los mismos; como mínimo tendría que declararse impedido para conceptuar sobre esos procesos. No se llame a engaños, presidente Duque, “entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz “como dijo Benito Suárez en México y un exprocurador a quien el Consejo de Estado le anuló su segunda elección por prácticas corruptas como “el tú me ternas, yo nombro a tus familiares” y que abusó del cargo extralimitándose en sus funciones para atacar a sus contractidores políticos, no merece ser nombrado en la ONU, porque carece de autoridad moral porque tiene rabo de paja.

Cómo es posible que un tipo que despotricó de los miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos tildándolos de “miembros de la izquierda internacional en busca de recursos para financiarse”, llegue ahora como si nada a representarnos en ese organismo internacional. Un diplomático debe conducir su actuación de una manera profesional y atendiendo valores irreprochables en su país, en el país donde representa al Estado y ante sí mismo, bajo un conjunto de principios que representan obligaciones morales que indefectiblemente deben conducirlo a la ética diplomática, pero Alejandro Ordóñez carece de estos principios porque su paso por la procuraduría general de la Nación dejó una estela de malas prácticas antiéticas que no lo hacen idóneo ni merecedor de tan insigne cargo.

La dignidad implica valor moral y es precisamente de lo que carece Alejandro Ordóñez para ser embajador ante la ONU, de dignidad, de ética y de valores morales; por mera dignidad no debería aceptar su designación de embajador ante la OEA con la cual el presidente Duque le está pagando su apoyo político y debería irse con sus ideología anacrónica a otra parte, porque no tiene autoridad moral para ser embajador ante la OEA, sencillamente porque tiene rabo de paja.

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