17 de mayo de 2021
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Elogio de la cuchedad

Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
20 de agosto de 2018
Por Óscar Domínguez
Por Óscar Domínguez
Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
20 de agosto de 2018

Otraparte

Maruja Vieira con Mirri. (Archivo)

 Óscar Domínguez

Nunca le tuve bronca a la vida. Nos llevamos bien. Ahora me dedico a envejecer. Me las doy de “septuageniall”, antípoda de los “millennials”, los nuevos dueños del patio.

Probé y me quedó gustando la vejez. Pienso que uno debería nacer viejo. Procuro vivir en agosto perpetuo, mes en el que nos miman.

Ojalá pueda decir con mi nonagenaria madre que viví el invierno, el verano, la primavera y el otoño. Mi nieta Sofía le sugirió a su mami no envejecer. “No es inteligente ser viejo”, le soltó sin anestesia. A pesar de lo que dice este pequeño tsunami de sueños, valió la pena vivir por el privilegio de ennietecer.

La poeta manizaleña Marujita Vieira, de 95 años, considera que ser viejo es ir quedándose sin amigos.

Tiene inconvenientes la vejentud. Por ejemplo, no se puede comer y ver televisión al tiempo. Le pasó al presidente Bush que se atragantó cuando veía tv y comía galletas insípidas (prestzelts). Casi nos ahorramos la invasión a Irak pero su mascota dio el ladrido de alerta.

A los pensionados nos miren mal en las cafeterías. Todo porque nos pasamos la mañana con un tinto y leyendo periódicos y revistas de gorra. “Qué falta de respeto”…

En los restaurantes pedimos un plato adicional para compartir el almuerzo y casi llaman a la policía para que proceda al desalojo.

¿No es una delicia pasar de todos los estados de lucha laboral a los de locha? ¿De la presión a la pensión? Tampoco hay que retirarse de los pecadillos: ellos se van retirando de nosotros lo que minimiza el golpe.

Somos parte del paisaje. Si algún contrario nos detecta de lejos,  nos aplica las cataratas del general De Gaulle que solo veía a los que le interesaban.

Para cuadrar caja, somos el blanco y el banco de los ministros de Hacienda. Ese tic lo llevan en su ADN de alcabaleros. Se les vuelve agua la boca pensando en la “flaca bolsa de irónica aritmética” de los retirados.

Cobrar la mesada, pagar servicios, atravesar la cebra, leer los obituarios del periódico a ver si tenemos programa (entierro) en la tarde son placeres con lindan con lo orgásmico.

Nos gozamos la cotidianidad. Saber que ni mañana, ni pasado mañana, ninguna mañana tenemos que madrugar, nos convierte en los Bill Gates del ocio.

Ojalá vivir a la manera del arquitecto brasileño Niemeyer que pasó de la centuria: Trabajar, ser correctos, tener amigos. Con ligeros ajustes, esa trinidad sirve de lápida y no se va la herencia en mármol: Trabajó, fue correcto, hizo amigos. No se pierdan la vejez.

Sofía en blanco y negro (foto de Juan Esteban Duque ARcila)

SOBRE LA VEJEZ

ALGUNA VEZ ENTREVISTÉ A VARIOS VIEJOS PARA LA REVISTA BIENESTAR DE SANITAS. Estas fueron las preguntas y las respuestas:

– ¿Qué significa envejecer en Colombia?

– ¿Cómo se ha sentido en tu estado de «adulto mayor»?

– ¿Cuándo se dio cuenta de que había empezado a envejecer?

1.-

Marujita Vieira, poeta (95 años hasta el 25 de diciembre)

  • Envejecer en cualquier parte del mundo es ir quedàndose sin amigos. Por consiguiente los que nos quedan, como tù por ejemplo, son cada día màs preciosos.
  • En mi estado de adulto mayor me he sentido cada dìa màs cuidada y consentida, porque tengo a la mejor hija del mundo.
  • No me he dado cuenta todavía.

-0-

  • Guillermo Angulo, fotógrafo, orquideólogo (90 años)
  • – Ser un estorbo, carecer de oportunidades, sentir que la posible experiencia y sabiduría (al contrario de lo que sucede en las culturas orientales) en nuestro país no se aprecian.
  • – Yo  no soy «adulto mayor» y a los discapacitados los llamo tullidos y ciegos a los invidentes. Inventé una frase sustituta a la de «adulto mayor»: «¡Cómo estás de bien!».
  • – Donde más se nota la vejez es en la tecnología. (No me incluyo). El celular se lo tiene que programar un nieto y buscarle las llamadas perdidas. Los viejitos nos reconocemos porque leemos la página de obituarios antes de la de anuncios de cine.

Javier Darío Restrepo, periodista, 85 años

– Envejecer en Colombia depende de cómo te miren: o como mueble viejo o  como la almohada irreemplazable. Me he sentido almohada.

– Expresiones como adulto mayor, tercera edad, y demás eufemismos están excluidos de mi vocabulario. Disfruto mi condición de viejo y no la cambio por ninguna otra.

– Sentí la alegría de envejecer cuando  mi nieto comenzó a decir: «Abuelo, una pregunta».

Carlos Enrique Ruiz, escritor caldense, (76 años)

  • El envejecimiento no es cuestión de geografías. Es deseable envejecer en el sitio de donde se es.
  • Me siento muy bien, con pilas puestas y en permanente labor: docencia en mi “Cátedra Aleph” en la Universidad Nacional (Manizales), lecturas/escrituras, participación en organismos de dirección educativa y de investigación, con publicación trimestral de la Revista Aleph.
  • Más que la idea de la “vejez” me llegó la idea de la muerte cuando cumplí los 70 años, en el 2013; sentí  en ese momento que “el camino es culebrero” (Crescencio Salcedo), de trayecto finito, con culminación cada vez más visible.

Jaime Lopera Gutiérrez (escritor, historiador, 81 años)

— Envejecer, en Colombia o en otra parte, es lo mismo: un proceso físico, otro mental y otro espiritual. El primero es genético y condicionado al metabolismo de la alimentación y el ejercicio. El mental es diferente y a veces viene acompañado por un conocido alemán. El tercero es el único que sobrevive a los dos anteriores porque involucra el mundo de creencias, valores y expectativas que se han tenido.

 — Como la velocidad de muchas cosas se reduce en el estado de adulto mayor (excepto las carreras para cobrar la pensión mensual), se tiene la sensación de respeto de los demás y de nuestra experiencia. En la elección de las lecturas, por ejemplo, uno procede por amigarse con los clásicos y darle menos importancia a la frivolidad. Adulto mayor es solo un reconocimiento estadístico, la procesión va por dentro. De todos modos, el afecto por la pareja y la familia se incrementan. En dicho período también se eleva este pensamiento del oponopono: “A veces es mejor ser feliz, que tener la razón”.

 — Solo hasta hace muy pocos meses, con una punzante molestia en las vértebras, mi cerebro se desplazó hacia el dolor y ahí me di cuenta de que aquel director de orquesta no acepta rivales –por lo cual anuló mis disposiciones de reflexionar, leer y escribir. Eso me dio un poco de susto, como una secretaria embarazada por el jefe, pero la realidad estaba ahí sentada esperando que volviera en mí.

 Monseñor Guillermo Melguizo (63 años… de sacerdocio)

— Depende: Para gente  privilegiada, que se preparó psicológica y espiritualmente, que está acompañada y es amada, y a lo mejor está jubilada, envejecer es disfrutar de la cosecha sembrada, es mirar hacia atrás con gratitud, y mirar hacia el futuro con esperanza. Para los pobres, los que no son amados, para los que no tienen  seguro social, no tienen  pensión, no tienen salud, es una época trágica, sin la más mínima esperanza. En Colombia falta mucho camino por recorrer en el campo social hasta lograr una gerontología digna.

— Soy un privilegiado de Dios, de los míos y de muchas personas que me aman. Me preparé para vivir  en una organización privada: privada de sueldo, de secretaria y de chofer, y como soy providencialista, no me falta nada y no me sobra nada.

— Muy pronto se me hizo tarde, y cuando menos pensé, tenía setenta, y cuando llegué a los ochenta, no lo podía creer y me acordé del salmo 90: » La vida del hombre son setenta años, y si es fuerte y robusto hasta 80 , por eso Señor, enséñanos a contar nuestros días  para que adquiramos un corazón prudente». Por otra parte, no me gusta decir cuántos  años tengo porque hay mucha gente que se encarga de llevarle a uno la cuenta. Sólo me gusta decir que llevo casi sesenta de sacerdocio.