7 de julio de 2022
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Que la inteligencia decida

7 de mayo de 2018
Por Jesús Helí Giraldo Giraldo
Por Jesús Helí Giraldo Giraldo
7 de mayo de 2018

Por: Jesús Helí Giraldo Giraldo 

En los momentos más difíciles, cuando la situación exige que nuestras decisiones sean las más acertadas debido  a las implicaciones y repercusión en la vida personal y de la sociedad a la que pertenecemos, sólo nos  queda como salida acudir a la inteligencia. Allí está la respuesta, ¿cómo encontrarla?

Navegando en el mar de emociones que inunda nuestra mente, la bandera de la armonía otea y a lo lejos se proyecta, supera obstáculos sin desviarse de la ruta que conduce hacia puerto seguro sin importar las dificultades y problemas que surjan en el interior, es la capitana del barco y a ella debe someterse toda  la tripulación y los viajeros. No creerle y actuar en contravía transforma el viaje en sufrimiento y posiblemente naufraga en el trayecto.

El verdadero discernimiento se da cuando nuestra personalidad está en equilibrio con el alma, la armonía de allí surgida es nuestra guía, acudamos a ella para alejar las tensiones, el miedo y los odios que bloquean y tergiversan, detienen nuestro avance y nos llevan por caminos equivocados.

La inteligencia, en la armonía dispuesta, es el juez inexorable que nos saca de la incertidumbre y la duda, la vacilación y la ignorancia, para tomar una decisión entre dos o más opciones, indicándonos que no podemos estar al mismo tiempo a los dos lados de la cerca, y que al decidir por algo estamos desechando todas las demás opciones, por eso hay que escoger la mejor.

En estos momentos, Colombia, nuestra amada patria, nuestra nave común, escogerá capitán  y tripulantes, escogencia ésta que significa el verdadero poder de sus ocupantes al decidir nosotros mismo cuál será el capitán en el recorrido de cuatro años que se inicia el 7 de agosto de 2018.

¿A quién escoger? Viaja a tu interior y allí encontrarás la respuesta. Una señal impresa por la sabiduría de la intuición que es ajena a miedos, odios, halagos, promesas, puestos o a un plato de lentejas. El voto es el máximo poder del ciudadano, por tanto no puede ser dilapidado, vendido o corrompido. Sólo debe corresponder al bien máximo que se encamine por senderos de paz y bienestar, para el alcance del bien supremo de la educación para todos. No sólo la educación formal o escolarizada e institucional sino aquella  que obedezca a los valores y principios de la convivencia humana, de la creatividad, la innovación y el emprendimiento, todo cultivado en una cultura de paz y honestidad que cierre las puertas a la corrupción que destruye al Estado y la esperanza.

El voto libre y soberano, surgido en ambientes de paz y armonía, con total independencia y libertada para cada individuo, expresión auténtica de la inteligencia intuitiva que no miente, es la única garantía de un viaje seguro por el sendero de nuestra patria.

Bogotá, mayo 7 de 2018