15 de mayo de 2021
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Leísmo, exabrupto, suyo-a, comparativo

Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
1 de mayo de 2018
Por Efraim Osorio
Por Efraim Osorio
Profesor y catedrático, algunos años; rebuscador, otros tantos, y hoy, escritor y defensor ferviente de nuestro hermoso lenguaje castellano.
1 de mayo de 2018

Quisquillas de alguna importancia

efraim osorio

La precisión en el empleo de las palabras es indispensable para la comprensión correcta de lo que uno lee.

El ‘leísmo’, lo sabemos muy bien, es el empleo equivocado del pronombre personal de tercera persona  ‘le’ (dativo, complemento indirecto) en lugar de ‘lo’ o ‘la’ (masculino y femenino del mismo pronombre – acusativo, complemento directo). Este solecismo es propio de los españoles y del padre Efraín Castaño, quien lo emplea con frecuencia, verbigracia, en estas notas: “Su modo de ser alegre y acogedor le ubica al poco tiempo como priora de Monasterio…”; “…esto le llevó a sus grandes reformas y avances en la difusión de la Palabra de Dios…” (LA PATRIA, 18/4/2018). En estas muestras es más apreciable la corruptela, pues se refiere a una mujer, puntualmente, a una monja: en las dos, el pronombre personal tiene que construirse en acusativo femenino, ya que en ellas es el complemento directo de los verbos ‘ubicar’ y ‘llevar’, respectivamente, así: “la ubica” y “la llevó”. Sin más vueltas. ***

‘Precisión conceptual’, así se llamaba la noramala desaparecida columna del profesor y organista Luis Enrique García, que publicaba Papel Salmón. En ella, y para usar expresiones muy en boga, él enseñaba a utilizar las palabras en el lugar adecuado y en el momento oportuno, es decir, a utilizarlas con su significado justo, y, ¡cómo no!, de acuerdo con el contexto. Esto no lo tuvo en cuenta el redactor de un editorial de LA PATRIA en la siguiente afirmación, al referirse al desfalco del que fueron víctima las Fuerzas Armadas de Colombia: “Los gastos de este tipo de organizaciones públicas han sido cuestionados desde hace muchos años, pues cada tanto se hallan exabruptos” (23/4/2018). El ‘exabrupto’ no es una acción torcida, ni una actuación corrompida, ni nada parecido. El ‘exabrupto’ es una “salida de tono, como dicho o ademán inconveniente e inesperado, manifestado con viveza”, nada más ni nada menos. Muchos son sus sinónimos, por ejemplo, ‘andanada, bufido, desplante, repostada’, etc. Además, con ‘exabrupto’, los verbos adecuados serían ‘oír’, si se trata de palabras, “se oyen exabruptos”; y ‘ver’, si de ademanes, “se ven exabruptos”, ¿no le parece? La precisión en el empleo de las palabras es indispensable para la comprensión correcta de lo que uno lee. ***

‘Suyo’ es el genitivo (posesivo) del pronombre personal de tercera persona, singular; su femenino es ‘suya’. No puede, entonces, hacer las veces de complemento circunstancial de lugar en la oración, como sus redactores lo hicieron en las siguientes muestras: “Steven Spielberg logra cifra record (…) …detrás suyo están los directores…” (El Tiempo, Cultura, 18/4/2018). “¿Cómo le va con tres volantes detrás suyo?” (LA PATRIA, Camila Espinosa, entrevista a Édder Farías, delantero del Once Caldas, 20/4/2018). Esta construcción, si fuera correcta, equivaldría a ‘en su detrás’. ¡Una enormidad! Para obviarla, la construcción debe hacerse como enseña la gramática, de este modo: ‘detrás de él’, en ambos casos; si femenino, ‘detrás de ella’. Este error gramatical, afortunadamente, no es tan corriente como otros, que se ven y se oyen todos los días. ***

Los seminarios católicos se caracterizaron –no sé actualmente– por la enseñanza juiciosa de nuestro lenguaje. Razón por la cual me extrañó sobre manera la siguiente ‘perla’ del padre Gonzalo Gallo: “…y aceptas con humildad que siempre habrá alguien mejor a ti…” (LA PATRIA, Oasis, 21/4/2108). “…mejor que tú”, padre, porque es norma gramatical elemental que los comparativos ‘mejor’ y ‘peor’, como todos los comparativos (‘más inteligente que…’), establecen esa comparación con la partícula ‘que’. El pueblo lo enseña con frecuencia, por ejemplo, más contento que un gallinazo con carnicería propia, más contento que una hormiga en una panela, más peligroso que un aguacate en ayunas, más largo que una semana sin carne, más cansona que una visita con niños, etc. Ejemplos tomados del libro “Guarniel de exageraciones”, de Gonzalo E. Aristizábal Alzate. Para que no lo olvidemos.

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