14 de mayo de 2021
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La tiranía de los nuevos liberales.

17 de mayo de 2018
Por Daniel Felipe García Londoño
Por Daniel Felipe García Londoño
17 de mayo de 2018

TRIBUNA UNIVERSITARIA

Daniel Felipe García Londoño

“Es difícil liberar a los necios de las cadenas que veneran” -Voltaire

A la facultad natural del hombre para actuar a voluntad y sin restricciones, respetando en todo momento su propia conciencia y ser, en aras de alcanzar su plena realización, le llamamos libertad, la misma que nos posibilita decidir por nosotros mismos como vamos a actuar en las diferentes situaciones que se nos presentan en la vida.

Este concepto -como muchos otros- fue utilizado en diferentes campos de la dimensión humana, de una manera errónea y a conveniencia, como fundamento de beneficio singular, y peor aún, como cimiento de doctrinas y pensamientos restrictivos y prohibicionistas que rozan el absolutismo y el totalitarismo.

Así encontramos hoy, como luchas legítimas y trascendentales, han perdido muchos de sus argumentos viables y conducentes para inmiscuirse en presupuestos absolutos y radicales, con objetivos dañinos y limitantes, y vemos, como la libertad es enarbolada como fundamento de dichos pensamientos, llevando todo esto a un oxímoron latente, una libertad para restringir.

La libertad de expresión se ha convertido en su ariete ideológico; han sesgado el concepto de laicismo para intentar restringir la libertad de cultos, han transformado la lucha de género en sexismo, criminalizan la cultura y la costumbre desde su concepto de moral, e incluso, han llegado a restringir el desarrollo pleno de la democracia invocando en todo caso, su libertad para hacerlo.

Esto no es más que un desconocimiento de su alcance y una tergiversación de su significado, que en ningún caso, presupone la superposición de derechos o la jerarquización de los mismos. Lo que la libertad propone, es pues, la armonización de todas estas prerrogativas inherentes al ser humano, y, que estas, puedan ser ejercidas en la mayor medida posible sin entremeterse en la dimensión personal del otro, ahí, el límite de que la libertad no es hacer lo que se quiere, sino hacer lo que se debe hacer en sociedad.

Pero esta concepción no es bien recibida por parte de aquellos nuevos libertarios que rasgan sus vestiduras en defensa de este derecho, –una libertad conveniente, basada en sus propios principios morales y en su percepción de evolución social-, los cuales, al momento de ser controvertidos, se adentran en extensas discusiones filosóficas, jurídicas y sociales. Estas discusiones; cargadas de contradicción, invocando derechos y valores autorizados para su defensa, pero inaplicables desde todo punto de vista razonable, puesto que, como se expuso anteriormente, no se trata del ejercicio tajante de la libertad, sino del desarrollo de esta, con respeto de todas las libertades posibles dentro de un círculo social.

Actualmente, todo tipo de liberalidades están en alza, su crecimiento exponencial es evidente en todos los apartes de la sociedad. Estas permean en diferentes dimensiones humanas, y en muchos casos, coadyuvan con la estructuración de una sociedad más justa para sus habitantes, pero no se debe olvidar el hecho de la vida en comunidad, y así, no incurrir en el mismo error de generaciones pasadas que en nombre de doctrinas -que en el papel- se vislumbraban como aplicables y revolucionarias al estado actual de cada época, llevaron a declives económicos, culturales y sociales, por una mala adecuación e interpretación y sobre todo, por la satisfacción de intereses propios.

Dicho esto, no nos queda claro como un pensamiento que se autodenomina tolerante, incluyente y heterogéneo, puede ser usado para limitar, prohibir y sobre todo, excluir de sus líneas a todo aquel que no compagine con su modo de ver las cosas.

Para finalizar, es claro que la libertad no es un derecho absoluto, pero sus límites no pueden fundarse en percepciones individuales e incluso grupales, mucho menos dejarlo en manos de mayorías apabullantes, como lo defiende Noam Chomsky al proponer el establecimiento frenos, y cristalizando instituciones para limitar la voluntad de las generalidades. La libertad le pertenece al individuo, a su cultura y a su entorno, su regulación es objeto de deliberación y diálogo, no de sufragio e imposición.