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La JEP y el embajador de los Estados Unidos: ¿Espíritu colonialista?

27 de mayo de 2018
Por Clara Inés Chaves Romero
Por Clara Inés Chaves Romero
27 de mayo de 2018

Por: Clara Inés Chaves R. (*)

Recientemente las declaraciones del embajador de Estados Unidos relacionadas con la  solicitud de extradición del Sr. Alias Jesús Santrich, produjeron toda una revolución en el país con lo cual sorprende, pues parecería ser que a las autoridades colombianas por no hablar de los colombianos que no tienen por qué conocer las especificidades del derecho internacional, se les olvida que uno de los principios de este derecho es la no intervención en los asuntos internos de otro país.

La figura de la extradición no es de obligatorio cumplimiento por parte del ejecutivo, pues no forma parte del sistema judicial, sino que corresponde a un acto de plena voluntad o no del Presidente de la República.

De otra parte, los intereses internos y la seguridad nacional debe primar por encima de los intereses de un país extranjero, en este caso en particular de los Estados Unidos.

La paz por sí sola es un tema de estado, un derecho constitucional y supranacional, que está en cabeza del jefe de estado.

Recientemente el Gobierno firmó un Acuerdo de paz con la FARC, en el cual, las víctimas como la JEP y las Comisiones de la verdad son prácticamente el corazón de dicho acuerdo.

El Presidente de la República hizo un acto unilateral de estado ante la ONU y la comunidad internacional, en el cual Colombia se comprometió a cumplir con los acuerdos de paz, so pena de que pueda ser sancionada.

De otra parte, tuvimos experiencia con el acuerdo que se celebró con los paramilitares durante el gobierno del entonces presidente Álvaro Uribe Vélez, en el cual se extraditó a los principales jefes paramilitares hacia el país del tío Sam, cuyo resultado fue que se le hizo conejo a las víctimas, pues no se conoció jamás la verdad y tampoco se les reparo.

La pregunta entonces sería: Si la paz es un bien vital a preservar y el principal derecho fundamental, ¿por qué debemos supeditar el derecho de las víctimas y de la nación colombiana a conocer la verdad de los hechos ocurridos dentro del conflicto armado, así como el derecho que tienen las víctimas a que se les repare y a que se les devuelva su dignidad, solo porque Estados Unidos quiere que se extradite al Sr. Santrich? ¿No es más importante la paz, la reconciliación de un país de la cual depende su desarrollo, su democracia y sus instituciones, que la extradición de una persona que esta supuestamente vinculada al delito de narcotráfico?

¿ Son tantos los odios y los deseos de venganza que se tienen en el país, que debemos de nuevo sacrificar a nuestras víctimas del conflicto armado y la reconciliación del país, por qué el solicitado en extradición es un miembro de la FARC?

No olvidemos que un principio general del derecho es el debido proceso, el cual es de obligatorio cumplimiento y por ello, también lo cobija al Sr. Santrich.

No estamos hablando de impunidad, pero no podemos desconocer nuestra soberanía y la obligación que tiene la JEP para mirar el caso y solicitar más pruebas si es que lo considera necesario. El problema es que en Colombia no existe voluntad política por parte de algunos dirigentes para cumplir con lo pactado en los acuerdos de paz, pues así el Congreso lo ha demostrado, atrasando la aprobación del reglamento de la JEP, no aprobando el resto de los temas que debieron haber hecho en la legislatura relacionado con los temas de los acuerdos, como por ejemplo el haberle dado a las minorías en las zonas de conflicto curules en el Congreso, como otros temas de vital importancia.

Colombia está incumpliendo a causa del famoso honorable congreso, que a veces los colombianos nos preguntamos qué tan honorable es.

El diario El Tiempo de fecha 25 de mayo del año en curso, salió la noticia titulada “JEP responde a cuestionamientos de embajador Whitaker”, la presidente de la JEP  le respondió con altura al embajador de los Estados Unidos que olvida que le debe respeto a Colombia y a sus instituciones democráticas como a los colombianos. Este país es uno de los pocos del mundo, donde un embajador puede romper las reglas diplomáticas, dejando un sin sabor, de colonialismo sin que pase nada.

Aplaudo la respuesta de la Presidente de la JEP quien dijo: «El Estado de Colombia, como usted de seguro conoce tiene una larga y consolidada tradición de cumplimiento de los acuerdos nacionales e internacionales que reconocen los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, y sus autoridades respetan los principios de la justicia, separación del poder público y soberanía de los estados, todos ellos fundamento de la paz y la estabilidad política entre naciones»,

Y agrega: «confiamos en el respecto que usted y su gobierno deben a la independencia y la autonomía judicial».

Lo irónico es que fuimos aceptados a la OCDE y supuestamente se hicieron reformas a la justicia, pero no se ven, porque son tantos los intereses que existen para que fracasen los acuerdos de paz, que tratan de entrabarlos, así como el funcionamiento de la JEP.

Lo que apesadumbra es que el Sr. Fiscal General de la Nación quien debería saber que la soberanía, la seguridad nacional, la paz, las víctimas y el acuerdo de paz, son más importantes que la solicitud que realizan los Estados Unidos.

Primero Colombia y sus intereses. Debemos centrarnos en lo fundamental y dejar atrás los odios, pues urge la reconciliación del país. No podemos retroceder, y debemos pensar en nuestros hermanos colombianos que viven en la Colombia en donde el estado no existe, y en esas víctimas a quienes les hemos negado sus derechos.

Nuestra justicia es suficiente como para juzgar al Sr. Santrich. Primero que diga la verdad, responda y repare a las víctimas, y después sí, el Presidente de la Republica lo considera conveniente, solo en ese momento, que lo extradite, pero nadie puede venir a decirnos por más embajador que sea, qué deben  hacer el estado y el pueblo colombiano. Somos los colombianos los que debemos solucionar nuestros problemas y responder ante la comunidad internacional por lo que nos hemos comprometido. Si no, ¿En dónde están nuestra credibilidad, y el respeto por lo pactado?

(*)Ex diplomática.