16 de mayo de 2021
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La democracia se impone

11 de mayo de 2018
Por Víctor Zuluaga Gómez
Por Víctor Zuluaga Gómez
11 de mayo de 2018

Víctor Zuluaga Gómez

En la antigua Grecia había una casta llamada de los “eupátridas”, o “bien nacidos” que detentaban todo el poder político y económico y otra casta llamada de “Ilotas”, que no tenían ningún derecho. Eran estos últimos, especies de siervos.

En Roma antigua no era distinta la situación en la medida que había “Patricios”, “Plebeyos” y “siervos”. En especial los plebeyos debían pedir la protección de un Patricio para exigir algún derecho ante el Estado.

Pero serían los griegos los encargados de dar un paso adelante al permitir que los comerciantes pudieran tener participación en el gobierno. A mayor riqueza, mayor poder. Posteriormente se pondría en funcionamiento un régimen democrático en donde el poder del voto no dependía de la riqueza. Se creía que todos los ciudadanos tendrían el mismo poder, pero no hay duda que el poder económico sigue teniendo una influencia incuestionable desde cualquier punto de vista que se le mire.

Independiente del poder económico que tiene una influencia incuestionable, es necesario seguir pensando en un régimen político incluyente, es decir, en donde la pluralidad de pensamiento, de intereses puedan y permitan unos amplios consensos. De lo contrario, seguiremos observando las polarizaciones que han sido el pan de cada día no solo en Colombia sino en muchos otros países latinoamericanos. Y basta con observar lo que ha sucedido en Bogotá en los últimos tiempos cuando llega un alcalde y borra toda la infraestructura de su antecesor para hacer “borrón y cuenta nueva”. Pero a renglón seguido su sucesor, de una corriente política distinta, hace lo mismo, es decir, desaparece los programas de su antecesor, a unos costos muy elevados para la ciudad, que no resiste que cada alcalde proyecte la ciudad sin mayores consensos entre las diferentes tendencias políticas. Basta con observar lo que ha pasado con el metro, que uno alcalde lo proyecta subterráneo y el otro, aéreo.

Algo parecido puede ocurrir en el caso de la Presidencia cuando encontramos que la polarización seguramente va a llevar a instaurar modelos económicos que no son el resultado de un diálogo sino de una imposición. Y cuando de imposiciones se trata, el caso de Venezuela es bien ilustrativo, en donde una clase política gobernante impone un modelo que ha llamado “Socialismo del siglo XXI” en donde paulatinamente ha ido desapareciendo la inversión privada, sin que el país cuente con los recursos económicos y tecnológicos que le permitan generar riqueza  y empleo.

De otro lado, los que militan en la otra orilla, tienen una propuesta en el campo económico que se fundamenta en la consolidación de una clase empresarial y latifundista que genere empleo, pero desconociendo que es posible que el campesino, con una sólida organización, capacitación, puede hacer empresa, como lo demostró ampliamente el caso de Indupalma en el Cesar, cuando los trabajadores asumieron el control de la empresa por medio de una cooperativa que logró elevar la producción de una manera significativa. Grandes empresarios y cooperativas de productores no pueden ser excluyentes sino complementarios. El afán de homogeneizar siempre nos llevará a imponer, a eliminar la propuestas diferentes, lo cual traerá como consecuencia una dictadura, pero de ninguna manera una verdadera democracia.