13 de mayo de 2021
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El esqueleto en el armario

6 de mayo de 2018
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
6 de mayo de 2018

Coronel  RA  Héctor Álvarez Mendoza

Durante la semana que acaba de pasar, se armó en Medellín y entre sus habitantes un escándalo de respetables proporciones ocasionado por la difusión de la letra de la canción “Amarte Duro” interpretada por los raperos puertorriqueños Víctor Manuelle y Farruko, en el que mencionan a “medallo”, el consumo de cocaína y una amenaza con Pablo, refiriéndose obviamente a la ciudad, al narcotráfico y a Pablo Escobar. Dichas alusiones despertaron el sentimiento de rechazo y protesta de algunas autoridades locales y avivó sentimientos de repudio contra los cantantes borícuas por lo que ha sido interpretado como una grave afrenta contra la ciudad. Simultáneamente, se escucharon duras críticas contra morbosos programas turísticos centrados en recorridos temáticos por los sitios relacionados con los recuerdos de las “hazañas” criminales del conocido terrorista y narcotraficante. En realidad, opino que las protestas y el enojo de los paisas son reacciones comprensibles, pero sobredimensionadas y por tanto, injustificadas y que constituye parte de una característica muy colombiana que es la de victimizarse, autocompadecerse y sentirse agredidos ante cualquier manifestación o gesto de un extranjero que se atreva a mencionar alguna de nuestras dolamas, problemas y defectos.

Estas características, que incluyen sentimientos de culpa y exagerada modestia se ven reflejadas en las manifestaciones de “humildad” que exhiben como bandera todos nuestros deportistas cuando son entrevistados por los medios de comunicación luego de meritorios éxitos, trátese de ciclistas, atletas, boxeadores o futbolistas en plan de ascenso y figuración. Lo del gol contra el Real Madrid, su antiguo equipo, logro no celebrado por nuestra admirada estrella James Rodríguez, club del cual fue sacado prácticamente a sombrerazos, permite adivinar cierto tufillo a complejo y a una enfermiza necesidad de aceptación y afecto en entornos ajenos a las querencias de sus propios connacionales. La actitud esperada de cualquier profesional en sus condiciones es la de actuar  plenamente identificado con los intereses y propósitos del equipo o empresa que le paga, sin desestimar, naturalmente, la necesaria gratitud, el respeto y el caballeroso trato debido a cualquiera de sus contrarios o a sus antiguos compañeros de intereses deportivos.

Infortunadamente son numerosos los casos en los que, como Fuenteovejuna, todos los colombianos a una, reclamamos a gritos que la Cancillería y las embajadas correspondientes protesten y se pronuncien contra cualquier alusión incómoda procedente del exterior que insinúe siquiera que en nuestro país el narcotráfico tenga una presencia tan determinante. Nos sentimos molestos y señalados cuando alguna de las películas, reportajes, noticias o publicaciones que nos mencionan, lo hacen refiriéndose a nuestro país y a nosotros como patria única y exclusiva de dicha actividad criminal. Como corderos pascuales, asumimos las culpas como si nuestro país fuera el único responsable del narcotráfico en el mundo. Hasta caemos en el extremo de dar por descontado que cualquier cargamento de cocaína incautado en cualquier rincón del planeta es de origen colombiano. Inclusive nuestros periodistas y comunicadores le asignan carta de naturaleza a los narcóticos de cualquier género y origen y por ello se habla con desparpajo de “cocaína colombiana” como si tales elementos de origen ilícito transados y esperados en todas las latitudes portaran pasaporte o exhibieran certificados de nacimiento y nacionalidad.

Por mi parte me pregunto, será que los norteamericanos se molestan porque las estadísticas los señalen como los mayores consumidores de estupefacientes del mundo? O será que elevan sus voces de protesta debido a que la gran mayoría de las películas producidas en su Hollywood incluyen escenas de la vida diaria de muchos hogares estadounidenses en las que pareciera que el consumo de heroína, cocaína y “crack” fuera un gesto tan natural y cotidiano como el de tomar una taza de café? ¿Será que las autoridades y los habitantes de Chicago se sienten ofendidos porque los visitantes y turistas quieran conocer los sitios y calles del suburbio de Cicero por los que se desplazaban los pistoleros de Al Capone durante la época de la prohibición escupiendo ráfagas de plomo contra sus enemigos con sus negras y amenazantes metralletas Thompson calibre 45? O que los naturales de Nueva York hablen pestes y se quejen contra el escritor norteamericano de origen italiano Mario Puzo por haberse atrevido a escribir su obra “El Padrino” en el que en forma novelada, pero con estricto apego a la realidad se relatan las vivencias y actividades criminales de las cinco familias de origen siciliano integrantes de la mafia, también llamada “Cosa Nostra”, que han dominado por muchos años el crimen organizado en esa ciudad y que en la vida real viven, entre otras actividades ilícitas, de la explotación del tráfico de drogas, la prostitución, la trata de personas, la extorsión y el juego? ¿Se molestarán cuando en películas, libros, crónicas y reportajes se nombre y se describan las hazañas de personajes tan siniestros como Salvatore Maranzano, Joe Masseria, Albert Anastasia, Charles Lucky Luciano, Carlo Gambino, Frank Costello, Vito Genovese, Joe Colombo y Sam Giancana, destacados jefes mafiosos, con reconocidas influencias en Tammany Hall, antigua y poderosa sede política de algunos gobiernos newyorquinos?

Han oído ustedes alguna vez que los pobres ciudadanos de Las Vegas, Nevada, vivan compungidos y acomplejados porque su ciudad haya sido fundada en medio del desierto por los personeros de la mafia, entre ellos el famoso gangster  Benjamín “Bugsy” Siegel? O tristes porque la ciudad sea visitada por turistas que ansiosos buscan asistir a practicar el vicio del juego en los mayores casinos y casas de suerte y azar de mundo y  sus calles estén durante las 24 horas del día llenas de avisos, tarjetas y toda clase de anuncios ofreciendo a diestra y siniestra los servicios de prostitutas y prostitutos de todas las razas, colores y tamaños y por ello se la conozca en todo el mundo como la “ciudad del pecado”?

Y qué pensar de los alemanes, tan diligentes e industriosos; será posible que a diario se muerdan los labios de la rabia cuando los turistas extranjeros pretendan visitar los antiguos enclaves donde funcionaron los campos de concentración de Auschwitz-Birkenau, Dachau o Treblinka en los cuales se buscó la “solución final” mediante el exterminio de millones de víctimas judías durante el “holocausto”? O será que la empresa química farmacéutica alemana Bayer que comercializó y popularizó la aspirina, producto utilizado mundialmente para calmar el dolor de cabeza y que fue sintetizado por primera vez por el químico judío Arthur Eichengrün, pero que por razones de discriminación étnica y antisemita, la empresa atribuyó arbitrariamente al científico ario Félix Hoffman, se siente apenada y estigmatizada por haber fabricado y suministrado también grandes cantidades de ácido cianhídrico o ácido prúsico, pesticida conocido como Zyclon B, utilizado por los nazis para exterminar varios millones de seres humanos en las cámaras de gas de los campos de concentración durante la segunda guerra mundial?

Y los españoles, se sentirán preocupados cuando algún extranjero curioso pregunte por los detalles del bombardeo de Guernica durante la sangrienta experiencia de la Guerra Civil de principios del siglo XX? O que los holandeses y especialmente los naturales de Amsterdam, se sientan avergonzados por la prostitución pública ofrecida y anunciada en las iluminadas vitrinas de la llamada “calle roja”?  O que los preocupe el “qué dirán” cuando se trate de analizar los detalles del trato dado por el Rey Leopoldo II a los aborígenes africanos habitantes y propietarios originales de sus dominios en el antiguo Congo Belga, territorio, en esos tiempos, de su exclusiva propiedad personal?

O que ingleses, chinos y norteamericanos sientan algún reato de conciencia y culpabilidad por haber protagonizado las guerras del opio de mediados del siglo XIX? Sinceramente no lo creo, así que lo más sano es reconocer que cada familia, comunidad y nación del mundo suele tener su propio “esqueleto en el armario”, de cuya existencia solamente deben preocuparse, llegado el caso, los miembros de la propia familia. Así que tranquilos, admirados compatriotas y amigos antioqueños, siéntanse orgullosos de ser como son, emprendedores, creativos y verracos y saquen pecho por tener en su tierra una ciudad tan valiente y progresista como Medellín, por algo designada recientemente como una de las ciudades más innovadoras del mundo por la agencia de innovación australiana 2ThinkNow, uno más de muchos otros reconocimientos anteriores por su capacidad de progreso, respeto y amor por su ciudad y calidad de emprendimiento. Así que manden al carajo a los raperos puertorriqueños y a su mediocre música, algunos de cuyos temas centrales suelen buscarse en los basureros y albañales.