16 de mayo de 2021
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El día que el padre Diego volvió a sus raíces

Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
12 de mayo de 2018
Por Óscar Domínguez
Por Óscar Domínguez
Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
12 de mayo de 2018

Óscar Domínguez Giraldo

Porfirio Barba Jacob, de Santa Rosa de Osos, escribió la “Parábola del retorno”. Su vecino de Yarumal, el  padre Diego Jaramillo, prefiere vivir esa parábola. Hace un tiempo volvió a su terruño donde estuvo desatrasándose de nostalgias infantiles.  Lo acompañé en ese retorno.

Visitó la llamada Sultana del norte antioqueño,  tres días antes de que el ministerio de Educación lo distinguiera por su vida y obra al servicio de la educación desde la Organización El Minuto de Dios a la que está vinculado desde 1967. 

Tanto a Barba como al padre Diego los reclama  el vecino municipio de Angostura. No hay tal. Son de donde queda dicho, Santa Rosa y Yarumal. Lo que sí es cierto es que Jaramillo Cuartas, hijo de Gabriel y Carmen Julia,  estuvo conociendo en Angostura, terruño de su padre, el mosaico de cara más grande del mundo. Tiene 44 metros cuadrados y es del beato Marianito Eusse, quien asistió a la boda de sus taitas. El mosaico es obra del dibujante y mosaiquista yarumaleño  Iván Darío Gil Bolívar.

Como la nostalgia entra por el estómago, la primera escala gastronómica del padre Diego y sus compinches, entre los que me contaba, fue en Santa Rosa, tierra productora de obispos, chorizos, poetas y pandequesos. Tuvimos oportunidad de practicar el quinto pecado capital (la gula, según el catecismo del padre Astete) despachando una buena dosis personal de pandequesos. La dieta del padre “Minutico” Jaramillo consiste en comer de todo “con cierto ritmo y en cierta proporción”.

El paseo incluyó un fiambre pluscuamperfecto con todo el colesterol posible, con un chicharrón pecaminoso abriendo plaza. El tour se inició con la audición de las 240 voces del coro del tabernáculo Mormón que nos regaló “Grande eres tú, Señor”, inspirado en los Salmos 8:3-9 y 9 1-2.

Tan  pronto pisamos tierra de Santa Rosa, hicimos el tránsito del canto gregoriano a las delicias poéticas del “perdido” y “marihuano” Barba Jacob, 27 de cuyos poemas recogió su paisano Bernardino Hoyos, en un CD que grabó la Emisora de la Tadeo. (Hoyos y el padre Diego fueron colegas de radio: Hoyos lo hizo al final de sus días como director de la Emisora, Jaramillo es el Sánchez Cristo de Dios en la Emisora del Minuto. Sintonícenlo  de 6 a 7 de la mañana en los 107.9 FM).

Cuando el octogenario transeúnte Rogelio Echavarría, otro santarrosano de primera fila ya fallecido, empezó a recitar “Parábola del retorno”, el predicador Diego sacó a relucir su vena de declamador y le hizo la segunda desde su memoria privilegiada. Con la variante de que nos aclaró dónde quedaba “la granja que fue de Ricard”, de la que habla el poema. Hizo precisiones adicionales sobre otras alusiones del poeta. 

Que no falte  visita  al Seminario Conciliar de Santa Rosa, donde estudió bachillerato (1945-1950). La parábola religiosa terminó con su ordenación hará 60 años el 17 de agosto de 1958. Su gurú, el padre García-Herreros, a quien le dedicó el premio que le confirió el Ministerio de Educación, fue su padrino de ordenación. El flechazo de amistad y colegaje entre los dos eudistas fue tal que desde el vamos de esa complicidad el padre Rafael vio en el yarumaleño a su delfín.

Obligada visita a la Capilla Sixtina santarrosana, obra del maestro  Salvador Arango, levantada en tiempos de Monseñor Miguel Angel Builes, ante quien Jaramillo Cuartas se quita el sombrero.  Otros nos hacemos cruces porque Builes era bien atravesao a la hora de pontificar sobre político desde el púlpito.

La idea era que el padre que dirige el programa de televisión más viejo del mundo pasara inadvertido en esas obispales tierras de donde también es el poeta Darío Jaramillo y nos Guillermo Melguizo. Pero es más fácil que un elefante o un rico pasen por el ojo de una aguja.

Tanto en Bello, primera escala para ver en la estación del metro los imponentes mosaicos del presidente Marco Fidel Suárez, obras de Gil Bolívar,   como en Santa Rosa, Yarumal y Angostura, quedó de bulto que el padre Diego es más conocido que el papa Francisco.  

Al principio la gente lo ve pero como que no cae en la cuenta. Luego algo se mueve en el disco duro que los hace reconocer al visitante. En seguida vendrá el pedido de bendición, abrazo y selfi para la vanidoteca. El nuevo Telepadre no sabe decir no. (El antiguo Telepadre, como lo bautizó Lucas Caballero, Klim, es, claro, el padre García-Herreros). Y como los curas nacen con las bendiciones contadas, en esta  correría dejó buena cantidad.

En Santa Rosa la noticia del antiguo seminarista se regó como verdolaga en playa entre el clero. En cuestión  de minutos hasta el obispo Ossa, estaba a su lado. El padre Diego quedó reducido a “Diego” para sus pares en el evangelio.  El colegaje permite esas familiaridades. Que no falte la lectura, en la sonora voz del obispo, todo de negro hasta los pies vestido, de un texto reciente del papa Francisco, bajado de internet, en el que llama al orden a la jerarquía. “Volvé, Diego, pero como más tiempito”, es la recomendación.

El tiempo corre aun para personas como el padre Diego acostumbrado a meterles la mano al bolsillo a los ricos en favor de los pobres.  Los platudos, pragmáticos, saben que “a Jehová presta el que da los pobres” (=Proverbios).

En la veloz gira  pude constatar que los tauros como Jaramillo Cuartas son sensibles, alegres, trabajadores, impresionables, soñadores, mamagallistas, de bajo perfil, espirituales y místicos. Saben escuchar, son capaces de ver todas las de los problemas, ven el gusano donde otros no ven la res y  son solidarios a morir. Su verbo preferido es el mismo del emperador Adriano: Servir. Hay uno que le gusta más: Amar.

Tal vez le queda tiempo para todo por el hecho de que es enemigo personal del celular. Parece una herejía para los tiempos que corren, pero no carga ese aparato. Prefiere vivir. Nada de tabletas en su hoja de vida. Su patrón, san Juan Eudes, tampoco las necesitó.

El orden del día nos lleva a Angostura. La escala gastronómica para despachar el fiambre servido en hojas de biao, se realiza a la sombra del mosaico del padre Marianito quien hace fila para trepar a los altares.  Gil Bolívar, otro discreto tauro que prefiere definirse como dibujante, con sencillez de cartujo explica cómo llevó a cabo la obra de 44 metros cuadrados. La alcaldía puso el muro, Yarumal aportó al padre Marianito. Él y su arte se encargaron del resto. El mosaico obra el diario milagro de ser visible tanto a la entrada como a la salida del pueblo.

Es obligada la visita a la cripta donde reposan  los restos del padre Marianito. Vimos sus huesos por debajo de la ropa. El ordinario del lugar, o párroco que llaman, se encargó de saciar la curiosidad del ilustre visitante y le regaló copia de la partida de bautismo de su padre. Y de la partida de matrimonio de sus padres asentada con letra del futuro santo. Si Roma no se pone difícil y se comprueban los milagros.

El plato fuerte está al final. La cereza en la copa es la visita a Yarumal donde los caminantes  se atropellan para saludar al paisano. No pueden creer que el curita que habla por la televisión de lunes a viernes, en horario triple A, sea el paisano que tienen ante sus barbas.

Los pasos nos llevan ante el imponente mosaico de Iván Darío Gil, localizado a un costado de la plaza principal. Allí están los seis principales de este pueblo también feo, faldudo y frío, los pa mostrar, los que sacan la cara por esa tierra llena de yarumos, de donde deriva su nombre.

Jaramillo y Gil, se turnan para hablar de los protagonistas del mosaico: el padre Mariano de Jesús Eusse (la versión criolla del cura de Ars, dice el artista), Epifanio Mejía, poeta, autor de la letra del himno antioqueño,  Francisco Antonio Cano, pintor, el vicealmirante Rubén Piedrahita Arango, uno de los quíntuples de la junta militar que remplazó a Rojas Pinilla, el médico Gil J. Gil, el “bisturí de oro”, y  Benjamín  de la Calle, fotógrafo.

Pecado mortal sería no visitar alguna comunidad religiosa de las tantas que hay en Yarumal, donde monseñor Builes fundó el seminario de misiones. La lotería se la ganó un convento de monjitas de clausura, las concepcionistas, tan felices con la visita del padre Diego y de Iván Darío, que el papa Francisco se puede quedar en Ciudad del Vaticano. Nos regalan hostias y oraciones para el regreso.

El regreso a la ciudadela el Minuto de Dios, en Bogotá, empieza a acosar. “El tiempo de Dios es perfecto” pero es mejor no arriesgar. Han sido quince horas relajadas en la vida del padre Diego Jaramillo. Al final de la jornada era el más fresco de todos. Un milagro del padre Marianito, o del padre García-Herreros, quien ya puede contar con mosaico hecho por Gil Bolívar en el barrio que lo vio ejercer su apostolado en favor de los que llevan del bulto. Tarea en la que lo remplazó el padre que vino del frío de Yarumal. Japiberdi por partida doble para el padre Diego e Iván Darío. (Publicado inicialmente en El Nuevo Siglo, de Bogotá).