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Colombia: entre derecha e izquierda

Abogado, analista y columnista de opinión en El Espectador, Revista Semana y Eje 21.
31 de mayo de 2018
Por Uriel Ortíz Soto
Por Uriel Ortíz Soto
Abogado, analista y columnista de opinión en El Espectador, Revista Semana y Eje 21.
31 de mayo de 2018

Comunidad y Desarrollo

uriel ortiz

Si queremos conservar los logros de tranquilidad y paz comprobados el domingo 27 de mayo en las urnas, donde todo fue entendimiento, cultura democrática y calma, no lo debemos pensar dos veces para votar el próximo 17 de junio por Iván Duque, que ha demostrado a través de toda su campaña: sindéresis, inteligencia y preparación, para dirigir los destinos de Colombia.

Además de tener magnífica coequipera en la doctora Marta Lucía Ramirez, posee buen programa de gobierno centrado en las posibilidades de cumplir, mas no en la demagogia y las falsas ilusiones, como en el caso del candidato Gustavo Petro de la Colombia Humana.

Después de lograr el anterior objetivo, mal podríamos votar por los discursos demagógicos y veintejulieros  del exalcalde de Bogotá, puesto que siempre está mostrando los dientes para el no entendimiento, como lo hizo el domingo después de conocidos los resultados, en la sede de su campaña.

Debemos ser coherentes con la razón y el entendimiento, el País no está para sacrificar nuestra democracia por una simple aventura, puesto que el programa de gobierno de Gustavo Petro, no tiene coherencia con la situación actual de los sectores sociales y económicos, está prometiendo lo divino y lo humano, cuando el País se encuentra en la física bancarrota, debido a los malos manejos administrativos.

Hay que ser justos y debemos felicitar al gobierno en general, pero, muy especialmente a la Registraduría que hizo gala de toda una organización logística y administrativa, permitiendo con ello que casi veinte millones de colombianos concurrieran a las urnas.

Fueron unas elecciones ejemplo de democracia, se reporta tranquilidad en toda la geografía nacional, como no había ocurrido en los últimos cincuenta años, total, no debemos dejar pasar desapercibidos este gran logro que nos llena de alegría y satisfacción que se llama: Paz.

Sin embargo, viene el segundo capítulo más importante de esta contienda electoral: la segunda vuelta presidencial que tendrá lugar el 17 de junio entre los candidatos finalistas: doctores: Iván Duque y Gustavo Petro.

Los colombianos debemos pensar con cinco dedos de frente, por quién se va a votar en segunda vuelta: si por la derecha liderada por Iván Duque, candidato del centro democrático o por la izquierda liderada por el llamado candidato de “la Colombia Humana”, de Gustado Petro.

Las elecciones del domingo pasado, son motivo de reflexión para los colombianos; nos encontramos en medio de dos corrientes políticas: derecha o izquierda, que para el próximo 17 de junio día de la segunda vuelta, tendremos la oportunidad de tomar la decisión democrática que más convenga para el bien de nuestro País.

Pensar en que se debe dar un giro a la izquierda es aventurarnos a echar por la borda todo lo que se ha construido con la democracia y los dos partidos tradicionales, que bien o mal manejados, son susceptibles de reorganizarlos, para que continúen trazando las alternativas que Colombia necesita a través de las contiendas partidistas, por eso clamamos con urgencia por una reforma política.

Mal que bien manejados, no dejan de ser el sueño de los colombianos, que a través de los años de independencia han construido el organigrama administrativo, social y económico de la Nación, es cierto, se han vivido episodios de violencia política, sin embargo, bajo el entendimiento y la razón se ha llegado a la coherencia hasta permitir el gobierno compartido, como ocurrió en los diez y seis años del frente nacional.

Nuestro País no está preparado para cambiar de modelo de gobierno, sería el peor desastre, puesto que toda la institucionalidad se afectaría, vendría la hegemonía y la dictadura a barrer con todas las libertades colectivas e individuales que poseemos, gracias al sistema democrático que vivimos desde los albores de nuestra independencia.

 

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