23 de octubre de 2018

“Un librero”

25 de abril de 2018
Por Óscar Alarcón
Por Óscar Alarcón
25 de abril de 2018

MACROLINGOTES

ÓSCAR ALARCÓN NÚÑEZ

Así usted no lo crea, los libros tienen su propia personalidad. No solo huelen a tinta, sino también nacen, caminan, se reproducen (se reproducen, violando los derechos de autor) y mueren, los que merecen morir. Tienen un extraño sabor que no es a sopa de letras. Si desea saber lo que es un libro, aparte de lo que tiene de lectura, es bueno que lea las experiencias como librero de uno que lo es, y de los buenos: Álvaro Castillo Granada, el librovejero, como lo bautizó Gabo. Tiene una librería de viejo donde él no se conforma con ofrecer el producto sino además es un gran consejero. En su memoria tiene títulos de libros, de editoriales y de autores que los cuenta con una precisión envidiable. No le basta con ofrecer algo que tiene en su negocio, que encuentra fácilmente en el maremágnum con que los organiza, sino que se presta a conseguirlo, si no lo posee, en el menor tiempo posible.

Castillo Granada escribió Un librero, en Random House. Son relatos. Es la vida de los libros, de sus libros. Cuenta, por ejemplo, lo que le sucedió con una señora que le vendió cajas de libros y cómo el marido, días después, lo visitó, inquieto, porque en uno de ellos debía estar, perdido en unas páginas, un secreto comprometedor que Álvaro, con el olfato que tiene, ya lo había encontrado.

Son muchas las anécdotas que relata, así como sus innumerables visitas a Cuba, en donde se mueve cumpliendo su misión, como Fidel por su casa. Es que los libros (ahora que estamos en su Feria), caminan y llegan a quien los busca. Como me sucedió a mí, en una de esas librerías de viejo. Me encontré una edición de Dublines de Joyce, con traducción de Guillermo Cabrera Infante que había pertenecido a una importante política colombiana (tiene su firma) que yo pensaba que no leía. Por eso me sorprendí. Pero luego me convencí de lo mismo, que no leía, porque no tenía páginas dobladas, ni subrayados y ni el más mínimo rastro de lectura. Ni lo ojeó ni lo hojeó.

En los libros hay muchas más cosas de lo que ellos relatan. Gracias Álvaro por contarnos tus experiencias. Visiten la Feria