16 de mayo de 2021
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De cafres y otras manadas

30 de abril de 2018
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
30 de abril de 2018

HERNANDO ARANGO MONEDERO

hernando arangoTodo parece indicar que, en adelante, estaremos sometidos a las columnas de cafres y trogloditas que a fuerza de violencia e insultos nos pondrán a raya impidiéndonos participar en lo que a esas hordas les parezca.

Es así como a los estadios ya se ha vuelto un peligro asistir y allí, menos, si se desea ir con la familia. A los conciertos también es un riesgo ir ya que, si algo disgusta a estas columnas de asociales, acaban destruyendo absolutamente todo, así por medio se encuentren personas que nada tengan que ver con la razón del enfado que exalta los ánimos a la gleba encolerizada.

Desde luego que no podría escapar a este tipo de manifestaciones la política; política que hasta hace muy poco les era indiferente, pero que, ahora, aupada por quienes saben manejar multitudes, hace presencia para imponer su “opinión” y, mediante actos vandálicos, manifestar su parecer y que se encuentran molestos con lo que piensan o planean hacer. Y, todo en el campo de la política, se inicia en una manifestación realizada en Popayán, unos meses atrás, en donde un grupo de supuestos estudiantes realizó una de esas expresiones vandálicas por el hecho de que Iván Duque y quienes le apoyan se concentraron para escuchar sus planteamientos. En retaliación, y es un supuesto personal, a poco, en Cúcuta, otro grupo de salvajez expresó su descontento contra Petro y lanzó piedras y elementos contundentes contra el vehículo en el que se desplazaba. Esta expresión de altanería, llevó a que el señor Petro fuera a Washington a quejarse ante la CDIH, por lo que estimó era un atentado contra su vida con armas de fuego, lo que en estricto no era cierto, pero si una real amenaza por parte de la turba.

En crecimiento de este tipo de agresiones en el campo de la política, ya en Manizales, los cavernícolas de la modernidad resolvieron que si no les permitían a todos ingresar a un recinto de capacidad limitada, ellos, omnipotentes, impedirían la realización del evento. Y a fe que lo hicieron. Esos, los omnipotentes, algunos encapuchados, dado su oficio de perturbadores profesionales y a sueldo, encabezaron la expresión de un grupo masificable que, cual idiotas útiles, se prestó hasta para agredir físicamente a la hija de uno de los candidatos e insultar a los que a su paso se atrevieron a exponerse antes de entrar al lugar en el que se realizaría el debate, la exposición de ideas, la confrontación civilizada.

Allí, la turba, los trogloditas, los cavernícolas, los salvajes, eran una masa informe de gentes con algún grado de educación, supuestamente, como quiera que se identificaban como estudiantes, la mayoría de universidad. Y, como es usual, son los mismos que demandan universidad gratuita. Y si estos son los privilegiados de hoy que pueden ir a la universidad, los ciudadanos del común nos preguntamos: Para qué universidad gratuita? Sí! Para qué? ¿Acaso en la universidad es eso lo que aprenden y ese es el comportamiento de los que se autodenominan más civilizados?

Desde luego que ese comportamiento en estos jóvenes es un traído, como decían los abuelos. Traído del ejemplo de los mal llamados maestros, sólo profesores, que les han enseñado que la mejor forma de expresar opiniones es tirando piedra y haciendo daños y perjudicando a la sociedad y hasta a sus pupilos. Y como nadie protesta por miedo a que sus hijos pierdan el año en manos de esos instructores de desafueros, pues las cosas resultan así, en una sociedad dominada por sus impulsos salvajes de los que ahora somos testigos.

Así es que, hay que hacer algo, y ese algo es empezar por el ejemplo en casa y por la exigencia a los profesores para que ejerzan como Maestros con una conducta intachable, de la que sólo emanen enseñanzas de respeto, tolerancia y civilidad. Así, sólo así, podremos tener una sociedad tolerante.

Manizales, abril 30 de 2018.