13 de mayo de 2021
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Mockus, de profesor a fugaz reportero

Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
4 de marzo de 2018
Por Óscar Domínguez
Por Óscar Domínguez
Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
4 de marzo de 2018

Óscar Domínguez Giraldo

Matrimonio en el circo (Testimonio de uno de los tiges)

Cuando las Marías (Rueda y Samper), directoras del noticiero de televisión QAP lo invitaron a trabajar con ellas para reducir la desventaja que les representaba el taquillero carrizo nocturno de Viena Ruiz, en CM&, del turco Amat Ruiz Yamid,  Antanas Mockus se convirtió en el único reportero del mundo que salía a realizar  su trabajo con chaperón policial.

Además, a manera de rezago nostálgico de su paso por la alcaldía de Bogotá que abandonó para medírsele a la presidencia, cuando sale a reportear lo preceden varios agentes poco secretos que llegan primero al lugar al que luego caerá el reportero Antanas con su pinta de procónsul romano.

Sin mayor prisa, el profesor Mockus  llegó a la sede de Colprensa para una entrevista, estrenando un concepto no obligatorio del Consejo de Estado que le cortaba las alas como audaz reportero.

Más que de sus colegas periodistas que vieron cómo este filósofo y profesor de física hacía el aprendizaje en un dos por tres, sin pasar por el filtro enriquecedor de ninguna Facultad de Comunicación Social, y pasándose por la galleta la tarjeta de periodista, la protesta de sus diarias apariciones en televisión se originó en uno de sus colegas precandidatos.

El “colino” caleño, como el fallecido Lucas Caballero, Klim, bautizó al precandidato y ex ministro de Comunicaciones, Carlos Holguín Sardi, pidió tiempo igual en televisión.

Este Holguín que desde chiquito ha estudiado para ser presidente de Colombia, no entendía cómo un contradictor suyo, que también busca el esquivo voto en este país ruidosamente abstencionista, se daba el diario “papayazo” de mojar televisión.

Así fuera entrevistando a un transformista como el brasileño Roberta Close, a quien Mockus bautizó en su jerga académica como “hermafrodita corregido”. En opinión de Holguín Sardi, su condición de reportero le daba a Antanas una indudable ventaja sobre los demás mortales que tienen que ganarse a mordisco físico algunos fugaces segundos por televisión.

Y pum, el Consejo de Estado respondiendo una consulta del poeta del corazón derrotado, Jorge Valencia Jaramillo y su esposa Beatriz, anfitriones de Borges cuando fue alcalde de Medellín, conceptuó que mientras Mockus anduviera de candidato no podía embolsillarse el espléndido sueldo de cinco millones de pesos mensuales que le pagan las Marías, García Márquez y Enriquito Santos Calderón, accionistas de QAP, ejerciendo sus audacias reporteriles, sin ser periodista.

INSTRUMENTO FEUDAL

Para decirlo de una vez, la entrevista de Antanas a Colprensa –lagarteada hace mucho tiempo, desde cuando no cobraba por hablar- no resultó gratis del todo.

Hubo que gastarle “idita” al baño y dos exquisitos tintos hechos con sabiduría cafetera por la “boyaca” doña Rosita Castellanos, la señora del tinto, quien se ha tuteado con todo el blancaje de este país del Divino Niño  del 20 de Julio que hace tiempos desbancó al Sagrado Corazón de Jesús en el  afecto de sus habitantes.

Mockus luce en la vida una permanente y engañera timidez de profesor descuidado de astrofísica y de matemáticas. Tiene pinta de no quebrar un plato. De lejos se le ve que no ha tenido –ni tendrá- asesor de imagen distintos a él y a su esposa Adriana, con quien se casó en el circo de los hermanos Gasca cuando ya la pequeña Laima venía en camino.

Todas estas innovaciones forman parte del modus vivendi de Mockus a quien no le gusta transitar por los caminos trillados de la vida.

Si bien había levantado la restricción de cobrar por declarar, Mockus  se había vuelto noticia por el concepto del Consejo de Estado.

Así que tocaba preguntarle su opinión. Pese a que se quedaba sin puesto, anunció que acatará el concepto así los grandes “cacaos” y “cacaas” del periodismo, empezando por sus patronas, hubieran lanzado toda una andanada en defensa de la libertad de expresión.

Para Mockus, obedecer ciertas instancias de la autoridad, así no obliguen, como el concepto de marras,  es más importante que la comida.

Sin embargo, anotó que la coyuntura del concepto y su regreso al frío asfalto, debe aprovecharse para analizar los alcances jurídicos de una medida de esa naturaleza.

Y aprovechó para echarle un vainazo a la tarjeta de periodista mientras se despeinaba su caballo por enésima vez: las tarjetas profesionales son un instrumento feudal que trata de cerrar el mercado.

“Es decir, que sólo el que dio la vueltica por aquí o el que tuvo la palanquita allá, sólo esos la pueden ejercer”, anota.

Sería calumniarlo en materia grave si dijera que estaba incómodo con lo sucedido. El rencor no figura en el diccionario de este amante de la “utopía educativa” con la que piensa mandar algún día en este díscolo país que cambia cada 24 horas. Perdón, 24 minutos.

No dejó de hablar bien de sus colegas periodistas de CM& que lo “consintieron” hasta más no poder. Y le enseñaron los intríngulis de un oficio que aprendió rápido, mientras otros duramos años y años sin llegar a ningún Pereira.

Pero a los colegas que puedan estar celosos de sus desconocidas habilidades como reportero, les dio una buena noticia: no se ve trabajando como periodista de tiempo completo, aunque el ensayo le agradó. Esos cinco millones de pesos (de su salario) quedan vírgenes, a la espera de  algún Antanas que está ganándose salarios de medio pelo.

Para la historia patria futura, conviene precisar que Mockus no se metió a trabajar como reportero de la llanura –privilegiado a veces por generales de soles marchitos que se encontraron con que él no acepaba gabelas en detrimento de sus colegas- por el vulgar afán de buscar dividendos electorales.

La suya fue una razón más prosaica la que lo condujo al periodismo: él mismo acaba de aumentar la tasa de desempleo al autoexcluirse de la alcaldía para pensar en más altos destinos.

Eso implicaba perder las entradas burocráticas, la casa, carro y beca que le brindaba su condición de alcalde. Su esposa Adriana apenas devenga un millón y medio de pesos por semestre por dictar clases.

VIVIR DEL OFICIO

Pero como ni Laima, la hija, ni ellos son espíritus puros, le tocó emplearse en el “bendito oficio” a la par que trataba de crear una figura exótica en la política colombiana: vivir del oficio de precandidato.

Fue cuando decidió cobrar por entrevistas. Sólo la bien provista cuenta bancaria de Felipe López Caballero, presidente de Semana, pudo pagarle de la caja menor cinco millones por una entrevista a ver cómo era el asunto.

Cuando andaba cobrando también viajó a Miami donde  confesó en un programa de televisión al peruano Jaime Beyly que alguna vez se metió sus cachos de marihuana pero que no quedó enviciado.

La tesis de Antanas  es clara: para evitar que los candidatos se contaminen recibiendo dineros de sospechosa ortografía – esos que se hacen a costillas de “castigar la nariz”- los partidos deberían subvencionar a sus candidatos.

Pero no, aquí el asunto no funcionó y, dicho en la prosa irónica de Antanas, en Colombia la gente más bien aspira a que los candidatos paguen porque los escuchen. Y el palo no está para cucharas.

La propuesta de que los candidatos sean profesionales de la política pagados por los partidos, la dejó Antanas sobre la mesa. Los sabios de la tribu decidirán sobre su viabilidad. De pronto, su fórmula puede ser la panacea para que no haya más “ochomiles” en la historia extensa de Colombia.

Mockus lo dijo en su particular jerga de profesor distraído, a veces tan confusa que los mortales de entendederas comunes y silvestres no alcanzamos a comprender: “Fallé en mi autoprivatización. Entonces dejemos que mis actividades regulen el mercado”.

Haciendo un esfuerzo de interpretación, deduje que Mockus está de nuevo expuesto a las implacables leyes del mercado que se rige por la oferta y la demanda.

Quien dé más puede tener en sus filas laborales a Mockus, eso sí, en un oficio que escape a las leguleyadas que dejaron otra vez sola en la noche a la bella Viena Ruiz para regocijo de su patrón, el “Turco” Yamid Amat.

CON SU MÚSICA A OTRA PARTE

El colega Antanas se va con su música de la “utopía educativa” a otra parte.

Esa utopía ya le dio sus primeros dividendos en la alcaldía de Bogotá, donde empezó a imponer un lenguaje de no confrontación para resolver conflictos.

Las pedagogías caseras funcionan en parte porque tienen una buena dosis de cariño, expresa Mockus, tal vez reciclando su propia experiencia.

Cuando le pregunté si su utopía educativa se podría aplicar a la solución de problemas como el de la guerrilla y el narcotráfico, se volvió un ocho para responder, después de atender un bíper que sonó estrepitosamente.

A su juicio, el país tiene un sistema educativo fofo y débil. En él incluye a los medios de comunicación.

Funcionan mejor los sistemas educativos de la guerrilla y de los paramilitares que ponen orden “de una manera que uno no comparte, supremamente autoritaria, vertical”.

Se le sale el sociólogo sin tarjeta que lo habita para concluir que al resto del país le gusta que haya menos mano dura, que las cosas se hagan como mamando gallo. Así lo hizo él mismo cuando decidió pasar su matrimonio por el simbolismo del circo.

Concluye que la guerrilla tiene algo de inquisitorial pero más efectivo. Celebra la eficiencia de la receta pero no la opción del método armado.

Como sospecho que él también sospecha que no será presidente, al menos por ahora, le pregunto por quién va a votar en las próximas elecciones y me explica que su voto lo decidirá al final de temporada.

EL MÉTODO DEL RITMO

Nadie podrá decir que Mockus pasó por la televisión sin romperse ni mancharse.

Inició el aprendizaje del lenguaje televisivo, equiparable al esperanto de la síntesis. En televisión, toca resumir en fracción de segundos lo que los demás mortales dicen en un semestre.

Le agradó la velocidad sin carreta de los consejos de redacción y no pudo menos que recordar los prolijos consejos de gobierno cuando era alcalde en lo que todo se va en palabras, palabras, palabras.

Recuerda que cuando en la redacción había discrepancias sobre temas importantes, entonces irrumpía la dictadura de tacón bajito de alguna de las Marías.

De su cosecha, le aportó al periodismo cosas de sentido común. Adicionalmente, le metió academia al periodismo, le impregnó su dosis personal de cultura. No en vano se ha pasado por la más importante Universidad del país (la Nacional) como profesor y rector.

Tal vez a nadie se le habría ocurrido ilustrar su nota con el hermafrodita despierto, Roberta Close, con imágenes de museo relacionadas con la mitología griega.

En el fugaz –y eterno- oficio de reportero, Mockus aprendió que “parte de lo que se llama frívolo está relacionado con los dilemas y preocupaciones más básicos de la humanidad”.

Mockus enriqueció el oficio mezclando “frivolidad con intensidad de la regulación cultural”, otra de sus metáforas de combate. Como quien dice, el periodismo “light” también tiene su historia.

El reportero-reporteado  empieza a tocar la retirada. No sin antes aclarar que más que candidato, doctor, alcalde, periodista, lo marca su condición de profesor que implica enseñar y estar dispuesto a aprender. Tal vez allí está el origen y el meollo de su utopía educativa.

(Julio de 1997)

Aclaración:

Las siguientes líneas tienen telarañas: fueron escritas cuando no se había prohibido la presencia de animales en el circo).

Matrimonio en el circo

 

Foto tomada de Jet Set

Hola, pueblo. Soy uno de los siete tigres invitados a la boda de Antanas Mockus, contra Adriana. Eso ya es historia patria. Me gustó esa boda. Al amor hay que meterle circo, gritarlo a los cuatros vientos.

Los tigres encarnamos la libertad con rayas. Por eso se habla de la otra raya del tigre. No nos incomoda que la «cobarde envidia» diga que nuestras rayas son sinónimo de caminos. Señalamos senderos… sobre todos a los que nos temen, para que corran. Nos gusta tener la libertad por jaula.

Hace tiempos, los hermanos Gasca, nos convencieron de que el circo es una forma claustrofóbica de libertad y le comimos cuento. Por eso, algunos de nosotros andamos de la ceca a la meca en el circo con la libertad reducida a la mínima expresión de la jaula.

El manito Raúl Gasca, nuestro varón domado, o domador, se porta bien. Nos da la sopita que nos gusta. Cuando tenemos ganas de hacer el amor y no la guerra, nos anticipa plata de la quincena para pagar el motel.

Ya lo dijo el fallecido maestro Germán Arciniegas: Los gatos son tigres en miniatura. Tal vez por eso el misterio es nuestro fuerte. ¿Alguien nos ha visto sonreír? ¿Alguien ha visto totiarse de la risa  a un gato?

El circo es el sitio ideal para reinventar en cada función la risa y el asombro. Por una deliciosa ironía, a algunos tigres nos toca ganarnos la vida en el circo. Estamos bien de oficio. Nos gusta hacer lo que hacemos. Así los demás felinos nunca nos perdonen la deserción.

Los niños son nuestra materia prima. Son los únicos que no nos tienen miedo. Nos tienen asombro.

Cuando Raúl nos ordena subirnos encima de un caballo, o mete su cabeza dentro de alguno de nosotros, miro la cara asombrada de los niños. Ahí mismo se me quita el apetito de almorzar con bisté de oreja de mexicano.

Hace unos años, para irnos preparando, Raúl nos contó que nos habían invitado a un casorio del alcalde de Bogotá de entonces, Antanas Mockus, contra Adriana que no solo era su novia: era – y es-  su asesora de imagen, jefe de relaciones públicas, chaperona, vocera de prensa, dueña perpetua de sus quincenas, del mando a distancia y de sus cuerdas excentricidades. Ahora anda de funcionaria de Petro, el alcalde, que prohibió los toros. Solo los tolera en bisté a caballo.

Como Raúl nos tiene cierta desconfianza tomó precauciones y nos mostró una foto en la que Antanas exhibió su prosaico trasero durante un acto público en la Universidad Nacional, de la cual fue rector. Y otra en la que hacía pipí desde un balcón. Así nos quitó las ganas de cenar con carne de alcalde en vivo  por televisión.

Me pareció interesante que la prensa extranjera que cubre el circo político colombiano, estuviera en pleno en la gradería, eso sí,  con un oído en la radio a ver si se caía el presidente Samper. Corrían los tiempos del 8.000.

Al principio de la ceremonia civil-religiosa, vi que el notario 30, Mario Fernández,  estaba asustado. Su asistente, ni se diga. Ignoran que la carne de funcionario público jamás ha sido  nuestro fuerte. La indigestión no es plato que más nos atraiga. Después se tomaron confianza y se quedaron.

Noté que Antanas estaba tres centímetros más asustado que Adriana, quien lucía un vestido que evocaba un costal. Estaba bella, radiante. El  amor se le salía  por los ojos. No sé por qué al casorio no fue la suegra de Adriana. Si bien las suegras, mamás sin poesía, no nos simpatizan, tampoco era para que la mantuvieran alejada de nosotros.

Los tigres no intervenimos en política ni en el amor que nos es ajeno. Hecha esta (im)pertinente salvedad, tampoco creemos que haya sido una payasada haberse casado en esa fábrica de risas y de sustos que es el circo.

No asistió mucha gente porque 40 mil pesos que había que pagar por la entrada, no los tienen todos. Menos la gente que votó por Antanas. Fue la primera boda en el mundo con tigres, elefantes, religiones  y  fines benéficos.

Por añadidura, la gente tiene miles de preocupaciones como para asistir a esta forma que escogieron el hombre y la mujer para acabar con el amor: casándose.

Estuvieron bien el rabino Mario Gurevivh y el cura Pacho de Roux que dirigieron algunas palabras después de que los tigres regresamos a la tierra prometida de nuestras jaulas. Les dio culillo hablar con nosotros a bordo. Cada uno es dueño de sus propios miedos. Si bien los tigres somos ateos gracias a los dioses, reconocemos que los dos religiosos se pasaron en sus alocuciones. Por poco nos volvemos creyentes.

Con nuestro talante pacifista demostramos que el tigre no es como lo pintan. Muchos dijeron: Antanas y Adriana serán esposos hasta que los tigres los separen, tal vez insinuando que íbamos a cenar esa noche con glúteos de Antanas. Tan equivocados estaban que el dueto anda de la mano.

Los tigres tenemos nuestro corazón, y si bien nunca nos casamos para preservar el amor, respetamos el libre desarrollo de la personalidad  de los demás.

Necesitamos que la gente se ame y que lo diga a voz en cuello. El amor es lo único que no estorba. Cumplan con el precepto de amarse los unos a los otros y vivirán en el mejor de los países.  No les quito más tiempo.