15 de mayo de 2021
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Lo bueno, lo malo y lo feo de las elecciones

14 de marzo de 2018
Por Víctor Zuluaga Gómez
Por Víctor Zuluaga Gómez
14 de marzo de 2018

Víctor Zuluaga Gómez

Me decía un amigo que en otras épocas en la ciudad de Salamina, las votaciones realizaban en la plaza principal y en una de las urnas votaban los  conservadores y en otra los liberales. Eran épocas de miedo, tensión y también de heridos y muertos. Digamos que en término generales en las pasadas elecciones reinó la tranquilidad y no se presentaron hechos violentos a los cuales estábamos acostumbrados en el pasado Eso es bueno.

Lo malo lo podríamos encontrar en las fallas que tuvo la Registraduría  al no contar con los suficientes votos para las consultas que estaban previstas por parte de Petro-Caicedo y Duque-Martha Lucía-Ordoñez. Toda clase de reclamos de unos y de otros se dieron pues consideraban que se estaba propiciando un fraude.

Pero lo feo sí definitivamente fue la altísima abstención que llegó a un 49.9%, es decir, casi la mitad de la población habilitada para ejercer el voto. Porque muchos optan por no votar porque argumentan que la política está corrupta y que no hay nada que hacer al respecto. Es algo así como una absoluta desesperanza, pero no se dan cuenta que en la medida que se deja de ejercer el voto, a los corrupto, a los que compran los votos, les sale más fructífera la alta abstención. Otros no votan porque no tienen ningún sentido de pertenencia ni responsabilidad social. Les da lo mismo ocho que ochenta. En el fondo, todas las actitudes que hay en los abstencionistas tienen un fondo de falta de educación, de formación ciudadana que cada vez más nos acorrala y creemos que con expedir decretos, con ello se subsana la situación.

El retorno de la Historia y de la Cívica a las aulas es una de las urgencias manifiestas que tenemos, como complemento de una formación humanística que nos permita analizar, reflexionar, profundizar sobre las características de nuestra sociedad, las razones para que tengamos tantos problemas y sobre todo, a búsqueda de salidas a una crisis que se evidencia en la educación, la salud, la política y la justicia.

Sabemos que los cambios en lo procesos sociales son muy lentos, pero aún teniendo conciencia de ello, suele ser desesperante la lentitud con la cual desaparecen  hábitos, actitudes y maneras de ser que en nada favorecen una sana convivencia social.