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La debacle política

2 de febrero de 2018
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
2 de febrero de 2018

Hernando Arango Monedero

hernando arangoPienso que no hay colombiano que tenga claridad sobre lo que acontece hoy por hoy en materia política. Así es como nos sorprende que los candidatos a presidentes, en su gran mayoría, respondan a la inscripción por firmas y, los demás, pendan de definiciones en torno a coaliciones o a conveniencias con el fin de alcanzar los votos necesarios para llegar a una segunda vuelta y tener oportunidad de alcanzar la Presidencia de la República.

Y ni qué decir sobre lo que en materia de candidatos a Senado y Cámara se está dando. Allí la mescolanza es de carácter mayor, y los unos buscan votos en cualquier lugar en el que haya un disponible a “entregar” votos a cambio de unos pesos que le ayuden, al vendedor, a financiar su llegada a la Cámara de Representantes. Los candidatos a Senado como locos andan “comprando” apoyos en donde se encuentre. Así, los de la Guajira buscan un cualquiera, acaso en Nariño, que les “garantice” unos voticos, que sumados a los que en su tierra cree le pondrán, le permitirán alcanzar su senado así el costo sea superlativo. Y nos es raro que, en esa compraventa, las cifras de que nos hablan sean de carácter astronómico, al grado de que lo que se invierte en llegar a esa curul supera en mucho el doble y hasta el triple de lo que en salarios le llegarán al elegido. De allí que no sea raro que les sea necesario redondear los ingresos de la curul, con negocitos donde haya oportunidad. Todo, en detrimento de la labor de un senador o representante decente y con actuaciones edificantes.

Y a qué se debe esto? Creo que todo se deriva de las determinaciones de la Constituyente del 91, cuando se decidió que lo mejor era quitarle la cabeza y la cola a la política y, desde allí, los líderes políticos han ido perdiendo estatus y la feria se ha ido generalizando, pues al establecer honorarios a los concejales, la llegada a esas curules ciudadanas y cívicas por excelencia, se convirtió en lucha sin cuartel para llegar a esas dignidades. Los cívicos de los pueblos y ciudades, no pudieron volver allí, al Concejo, a debatir sobre los problemas de la ciudad o pueblo. Eso, el Concejo, se convirtió en un ganar por cada sesión lo que en un día gana el Alcalde. Así, hasta los domingos se realizan sesiones para lectura de cualquier informe de comisión, sólo para que haya salario, no reunión. Luego, se levanta la sesión. En eso terminaron volviéndose los Concejos, otrora lugar en el que se formaban los líderes, los que luego trasegarían por la Asamblea o saltarían a Cámara. Los líderes se formaban allí. Ahora, el Concejo puede asimilarse a cualquier cosa, menos al nido en el que nacían los que luego serían jefes políticos y grandes adalides del pensamiento en el orden nacional. Así se le cortó la cabeza a la política.

Y cercenada la cabeza a la política, en la Constituyente del 91, se le cortó la cola a la política, para colmo de males. Se estableció la circunscripción nacional para el Senado y se rompió el hilo conductor de los partidos. Los candidatos a Senado debieron irse por los caminos buscando un voto. Voto que luego sería olvidado una vez se alcance la curul. Y ese senador, con votos de todas partes, finalmente no es jefe de nadie en particular, ni guía de nada. Ese senador llega a su curul con dinero, y al dinero le debe su curul. Así, las jefaturas regionales se perdieron y con ello la ideología y también los vínculos con un pensamiento y con un debido actuar y, también, las causas a defender. Quien llega al Senado no tiene ataduras o, si las tiene, son débiles e inanes.

La cola cercenada, el Senado, en donde los grandes líderes se destacaban, ya no existe. De allí que la filosofía, la disciplina de bancadas, sea solo un nombre, no una política que respetar. Y allí, todo se compra o se vende, porque hay que pagar lo que costó la curul.

Así, lo que tenemos, políticamente hablando, es un circo. Prueba de ello es el circo en el que terminaron los directorios nacionales y zonales de todos los partidos, en donde toman asiento unos chisgarabises que cumplen órdenes de jefes menores, los senadores.

Allí estamos. Eso es lo que hay que cambiar para que también haya quién deba respetar la escala, las creencias y los objetivos.

Manizales, enero 31 de 2018.