6 de mayo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

La bandera nacional, cuestión de proporciones

4 de febrero de 2018
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
4 de febrero de 2018

Coronel  RA  Héctor Álvarez Mendoza

Es común observar la ondeante presencia de nuestro pabellón nacional enarbolado en edificaciones, instituciones militares, entidades civiles, públicas y privadas, expuesto en diferentes tamaños y calidades de tela, con dimensiones variadas y proporciones algunas veces antiestéticas, muy cortas o muy largas, todo según el libre albedrío del sastre o costurera a quien se le haya encomendado la confección de nuestro más utilizado, conocido y respetable símbolo patrio. A lo más que se puede aspirar es a que los tres colores estén situados horizontalmente y a que la franja amarilla tenga el doble de ancho que las franjas azul y roja, tal como la ideó Francisco Miranda y nos la legaron nuestros próceres y antepasados. A pesar de ello, la verdad sea dicha, hoy es posible encontrar banderas izadas con las tres franjas absurdamente desproporcionadas e irregulares y hasta en sentido vertical, tal como una vez pude apreciarlo en alguna entidad oficial de Bogotá, ocurrencia más común de lo que se cree, especialmente  en  localidades alejadas de la capital.

Hace algún tiempo, mientras desempeñaba el cargo de Director de Seguridad de la Rama Judicial de Colombia, hubo necesidad de ordenar la confección de una bandera de tamaño proporcional y adecuado para ser izada en el nuevo Palacio de Justicia de Bogotá, edificación que enmarca la Plaza de Bolívar por su costado norte, por lo cual las autoridades responsables acudieron a mi opinión profesional para definir las dimensiones adecuadas a tal propósito, dado el tamaño de la estructura sobre la cual se izaría el pabellón nacional. Por más que en esa ocasión consulté los respectivos manuales de protocolo y ceremonial militar vigentes y demás documentos reglamentarios sobre esos tópicos, me fue imposible encontrar una orientación precisa que resolviera la inquietud, lo que me hizo temer que en ningún documento oficial se encontraría estipulado el asunto de las proporciones que debe tener nuestra insignia nacional para lucir siempre impecablemente estética, equilibrada y hermosa. En tal caso, como siempre, hubo necesidad de tomar “al ojo” la decisión sobre las dimensiones definitivas de la bandera que sería izada en la nueva sede principal del Poder Judicial colombiano.

Los buenos observadores seguramente habrán notado que en el caso de la bandera de Estados Unidos, por ejemplo, se aprecian siempre proporciones uniformes y constantes, así se trate de pequeñas banderitas de papel que llevan los niños en fiestas y desfiles o las enormes que flamean en la parte más alta de cualquier edificio privado u oficial de importancia. Luego de algunas  averiguaciones encontré que por orden del gobierno federal, la bandera debe conservar siempre proporciones inalterables y constantes, aunque sus dimensiones absolutas obviamente cambien de acuerdo al tamaño necesario para cada ocasión.

Allí el tema ha sido objeto de elaborados criterios, dada la complejidad del diseño y la simbología de sus elementos, como  los colores y su distribución en 13 barras horizontales rojas y blancas, representativas de los 13 estados originales de la Unión y el rectángulo azul (campo, cantón o unión) de la esquina superior izquierda, de acuerdo al diseño atribuido a Elizabeth Griscom Ross, modesta costurera de Philadelphia, conocida como “Betsy Ross”, proyecto perfeccionado y actualizado más tarde por el congresista Francis Hopkinson, hasta llegar al patrón actual de distribución uniforme de estrellas blancas de cinco puntas que representan a los estados, colocadas en el orden en que  estos fueron admitidos en la Unión.

Posteriormente, mediante “Orden Ejecutiva” del Presidente William Howard Taft del 24 de junio de 1912, se señalaron las proporciones exactas de los elementos de la bandera y la distribución de las 48 estrellas que representaban los 48 estados miembros de la Unión en ese entonces. Luego, una vez incorporados los nuevos estados de Alaska y Hawaii, se redefinieron tales factores mediante “Orden Ejecutiva” del presidente Dwight David Eisenhower del 21 de agosto de 1959, con la cual se estandarizaron y adoptaron oficialmente las características 13 barras horizontales rojas y blancas y las 50 estrellas blancas correspondientes a los estados de la Unión. En dicha orden presidencial se establecieron proporciones constantes,  así:

Alto:                                       1.0

Ancho:                                   1.9

Alto cantón azul                    0.5385       (7/13)

Ancho cantón azul:              0.76

Alto de cada franja:              0.0769       (1/13)

Diámetro de cada estrella:  0.0616

Estas cifras no corresponden a unidad de medida alguna sino a referencias genéricas constantes. Por tanto, la unidad básica UNO (1.0), correspondiente al “Alto” de la bandera, sirve de unidad básica proporcional para las demás dimensiones de su composición. En el caso de la bandera colombiana, naturalmente solo nos interesan las proporciones de alto y ancho, tanto de la bandera como de sus tres franjas, que en este caso quedarían así:

Alto:                              1.0

Ancho:                         1.9

Alto franja amarilla:     0.5             (2 /4)

Alto franja azul:           0.25           (1 /4)

Alto franja roja:            0.25           (1 /4)

En esta forma se garantiza que cualquiera sea su tamaño, la bandera se verá siempre proporcionada y bien presentada. En cuanto a la calidad de las telas utilizadas en su confección, es un problema sin aparente e inmediata solución, pues en nuestro país se apela a cualquier tipo de tejido disponible, sin tener en cuenta las características físicas de los tejidos, su resistencia a los elementos atmosféricos, tolerancia a tensiones, flexibilidad y “caída”, factores que son tenidos en cuenta en los textiles utilizados en los Estados Unidos para la confección de su bandera.

COLETILLA.  En una de sus acostumbradas intervenciones por los escasos medios de comunicación que aún subsisten en Venezuela, en días recientes el hombre fuerte del regimen madurista, Diosdado Cabelllo, manifestó que si el gobierno del presidente Santos decidiera crear una crioptomoneda, tendría que respaldarla con cocaina y marihuana, que es lo único que en su concepto, produce Colombia, al contrario de la abundante producción de oro, platino, diamantes, aluminio, acero y petróleo que produce Venezuela para respaldar la suya.

Patética y cínica manifestación de riqueza y abundancia en medio de la diáspora causada por la evidente y calamitosa crisis de hambre, mendicidad y escasez de todo tipo de recursos básicos de supervivencia que soporta su castigada población, obligada a buscar el sustento diario entre los, esos sí abundantes, basureros en los que se han convertido las  calles de Caracas y otras ciudades de la hermana República Bolivariana. Pareciera que para el singular personaje, la abundancia está representada por las cajas de comida CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción), que el gobierno vende al precio subsidiado de 25.000 bolívares la unidad a las familias venezolanas, que infortunadamente se han acostumbrado a sobrevivir con esta precaria forma de asistencia oficial, con la cual el gobierno pretende contrarrestar la alegada “guerra económica imperialista”.

Las declaraciones de Cabello resultan especialmente cínicas viniendo de un funcionario que no puede asomar las narices fuera de las fronteras venezolanas ante el riesgo de que la Interpol o la DEA le pongan la mano encima y lo inviten a compartir alojamiento y penurias con los ya condenados “narcosobrinos” presidenciales y de paso perfeccionar su deficiente dominio del idioma inglés, pues según informaciones suministradas a las autoridades anti drogas de los Estados Unidos por el Capitán de Corbeta Leamsy Salazar, ex jefe de la guardia personal y hombre de confianza del extinto Hugo Chávez, el mencionado Diosdado Cabello, a quien algunos medios señalan como poseedor de una enorme fortuna, figura como responsable de encabezar el llamado “cartel de los soles”, al que se le atribuyen numerosos compromisos y responsabilidades con actividades de narcotráfico, por lo cual algunos tribunales de justicia estadounidenses reclaman su comparecencia. Amanecerá y veremos.