22 de septiembre de 2021
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Yo, candidato, me confieso

Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
10 de noviembre de 2017
Por Óscar Domínguez
Por Óscar Domínguez
Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
10 de noviembre de 2017

Óscar Domínguez Giraldo

Caricatura Gloria

Hace unos días en su columna dominical en El Espectador, Ramiro Bejarano invitó a los que somos candidatos a cualquier cosa en las elecciones de 2018, a responder un test más largo que una hora sin internet. Para dar ejemplo a los demás candidatos, y en mi condición de aspirante a la presidencia de la Asociación de Coleccionista de Datos Inútiles de Colombia, ACDIC, que preside mi paisano Javier “Galileo” Aristizábal, respondo sus inquietudes:
¿A cuánto ascienden sus egresos e ingresos mensuales y de dónde provienen los últimos?
– Mis ingresos y mis egresos se parecen como una gota de agua a otra. Me permiten vivir con tranquila austeridad, sin saltar matones. Tengo la mejor de las riquezas: aquella en la que sobra para viajar en transporte público y tomar parsimonioso tinto de jubilado.

¿En qué trabaja su cónyuge o pareja? ¿A qué se dedican los padres y hermanas o hermanos de ella o él?
La dama del ajedrez de mi vida es pintora (es suya la caricatura que acompaña estas respuestas). Sus padres no son de la partida hace tiempos. Jamás patearon el código penal. Pertenecían a esa vieja guardia de pulcritud diamantina, dicho en la jerga de los centenaristas. Sus hermanos viven de sus habilidades profesionales y de una integridad a prueba de balas.
¿Qué hacen o a qué se dedican sus hijos, y qué piensan hacer durante su Presidencia?
– Mi hija, egresada de la Sabana, es periodista, y mi vástago, neurolingüista, es antropólogo de los Andes, o sea. Modestia, apártate, pero nos lucimos dándole al mundo a este par de talentosos e íntegros ciudadanos. Gracias a ellos ennietecemos. No sé qué harán si llego a la presidencia que busco. Me gustaría hacer lo que el presidente Ospina Pérez cuando fue presidente: mandarlos a estudiar al exterior para evitarles malos pensamientos con el erario. Pero siempre les hemos permitido que ejerzan el derecho al libre desarrollo de su personalidad. Hagan lo que hagan, pongo las manos y los pies al fuego por ellos.
¿Quiénes son sus padres, suegros, cuñados, tíos y primos hermanos y a qué se dedican?
– ¿No le provoca una limonadita de mango? Mis padres y suegros nos acompañan desde las estrellas. Algunos antepasados míos no conocieron el mar ni el cine. El legado que nos dejaron es el mismo que recibieron de sus mayores: prohibido meter la mano en un bolsillo que no sea el nuestro. Teníamos mascota, una french poodle, pero murió. Nunca la remplazamos. Se dedicaba a guardarnos la fidelidad del perrito de la Victor. Estaba muy bien correspondida.
¿Revelaría ya las declaraciones de renta suyas, de su cónyuge y de sus hijos, de los últimos diez años?
– P’antier es tarde. Le advierto que se aburrirá leyendo esa prosa impositiva. Terminará de leerla en menos que se persigna un cura pedófilo.
¿En alguna ocasión ha evadido impuestos u ocultado bienes o ingresos a la DIAN?
– Estoy seguro de que si tocan a la puerta de mi cambuche en la madrugada es un testigo de Jehová que quiere desembarazarse de una biblia de pasta azul y papel cebolla, nunca un funcionario de la DIAN en plan de husmear en mis archivos.
¿Usted, su pareja, sus hijos, yernos, nueras, hermanos, cuñados son o han sido contratistas del Estado?
– Nunca he contratado con el Estado. Jamás he caído en la tentación de la burocracia. Tampoco mi entera naranja. El resto de la parentela supongo que “yes” como diría Trump: pero sin faltarle al respeto a los códigos.
¿Tiene socios de oficina o de actividades comerciales o empresariales? ¿Qué harán mientras usted ejerce la Presidencia? ¿Esa oficina o empresa seguirá abierta mientras es presidente?
– Mis socios son los compañeros pensionados de banca en los parques. O los fugaces antagonistas en el juego del ajedrez.  A todos se nos ve en la cara que tenemos fatiga de metal. Nos ignoramos olímpicamente. No pertenezco a ningún club, ni tertulia, ni nada. No tengo que cerrar oficinas. Ni abrirlas. No pertenecería a un club que me acepte entres sus miembros. (Gracias, Groucho Marx).
¿Revelaría ya las declaraciones de renta de la última década de las sociedades o empresas de las que ha sido socio o accionista o asesor?
– Lo único que tengo para esconder –o tenía- es mi frustración por no haber sido interior derecho del Atlético Nacional. Otra frustración que arrastro: que mis libros no se hubieran vendido pirateados en el semáforo ni en las librerías agáchese.
¿Tiene o ha tenido propiedades en el extranjero? ¿Cuáles, cómo las adquirió o por cuánto las vendió?
– “No me siento extranjero en ningún lugar”. Pero lo que se llama propiedades fuera, no. Salvo que algún corrupto tenga a nombre mío propiedades en Berlín, Hamburgo, Washington, Nueva York, París, Madrid, o Estocolmo, ciudades por las que he pasado redactando noticias para el olvido. Me he ganado la vida como reportero. Modestia, apártate otra vez, pero en ese “rubro” lo hice muy bien.
¿Tiene o ha tenido finca? ¿Cuántas, en dónde, a qué han estado destinadas?
– He tenido ganas de ser rico pero solo para saber cómo es la cosa. O sea, sería rico solo a condición de que se me permita volver a mi estado actual de millonario en glóbulos rojos. El mar y la plata que me la den en libros. O en arroz con huevo, mi plato preferido.
¿Visita casas, apartamentos o fincas de recreo en Anapoima, Cartagena, Santa Marta, San Andrés, Barichara, Miami o algún otro lugar? ¿Quiénes son los propietarios? ¿Puede asegurarle al país que no tiene intereses o participaciones en esas propiedades, directamente o a través de familiares o terceras personas?
– Esa pregunta es más rara que un corrupto que no tenga la casa por cárcel. Para copiada de las preguntas que hacen, o hacían, para acceder a visa Usa. Es como si te preguntaran al mismo tiempo si eres ateo o creyente. Pero si la pregunta la hace un exdirector del DAS, samperista purasangre, bugueño por más señas, enemigo público número uno del senador Uribe y del exprocurador Ordóñez y sus cortes, profesor y pluma de columnista bien afilada, por algo será. Mis parientes tienen cambuches en el oriente antioqueño, para soñar, no para alimentar el ego como los que frecuentan Anapoima y demás sitios que conozco como caminante que he sido. De pronto me les pego a mis cuñados los fines de semana. Tampoco mucho, para no aburrirlos. Visita de más de tres días «jiede», decía mi taita que se quebró a cambio de no deberle un peso a nadie. No creo que al país le interese que le asegure esto, aquello o lo de más allá. El país de Corazón de Jesús me ignora deliciosamente. No le quito el sueño ni el insomnio.
¿Usted o alguien de su familia o una sociedad comercial en la que usted o los suyos tengan intereses recibieron contribuciones del programa de Agro Ingreso Seguro o cualquier subsidio estatal? ¿Cuánto?
– Qué es esa obsesión con mi paisano Andrés Felipe, no jodás, Ramiro, perdón, doctor Bejarano. Espera trinos del dueño del Ubérrimo por joderle la vida a Uribito. Y tampoco conozco la letra menuda, actividades comerciales, ni las aberraciones sexuales de la gente con la que he compartido. No soy escaparate de nadie, como dicen mis tías.
¿En cuáles ciudades de Colombia ha tenido propiedades? ¿Cómo las adquirió o por cuánto las vendió?
– Las respuestas anteriores me exoneran de ser repetitivo. Pero sí, tenemos un apartamento al que pensamos trastear estas carnes y estos huesos para no pagar arriendo.
¿Cuántas cuentas tiene en bancos o entidades de crédito en Colombia o en el exterior, bien directamente a su nombre o como socio o accionista de alguna empresa?
– Bancolombia se lucra lícitamente administrando los cuatro pesos que me acompañan con fidelidad de perrito de la Víctor.
¿Cuáles tarjetas de crédito, nacionales o extranjeras, utiliza?
– Las tarjetas nos convierten en ricos sin plata. Es el capitalismo salvaje que vivimos. De nuevo tengo que mencionar a Bancolombia, de donde se retiró su presidente Carlos Raúl Yepes. Cambió plata por vida. Yo me retiré hace tiempos. Bueno, no renuncié a la chanfa que tenía: me echaron. Volví libro esa echada: “De anonimato nadie ha muerto. Diario de un jubilado”. Es un libro en busca de lectores.

¿Tiene usted, su pareja o sus hijos deudas significativas? ¿Por qué conceptos y cómo piensa pagar siendo presidente?
– Debemos la póliza exequial que pagamos mensualmente. Lo que compramos con tarjeta lo pagamos a una cuota para acumular millas para saciar la sede de viajeros. Llevamos por dentro un espermatozoide que camina.
¿Cuántos carros de su propiedad o de sociedades en las que usted o su familia tengan participaciones hay en su entorno familiar?
– Nunca creí que el viejo carros que tenemos, color Medellín, o sea, gris, fuera a aparecer en un test de estos. Nuestro vehículo y yo estamos empezando a desaparecer de la escena. Según las revistas especializadas en carros, nos darían once millones por el cachivache.
¿Ha padecido embargos alguna vez? ¿Por qué y cómo salió de ese problema?
– Alguna vez me embargaron el sueldo porque un colega al que le serví de fiador se colgó en el arriendo.
¿Ha sido o es demandante o demandado en procesos civiles, laborales, fiscales o de familia?
– Nanay, cucas. Estoy virgen en tan incómodos menesteres.
¿Ha tenido accidentes de tránsito? ¿Hubo heridos o muertos? ¿Ha sido sancionado como infractor de tránsito?
– Nunca aprendí a manejar carro, ni a cocinar, ni a odiar. Hemos pagado las detestables fotomultas. Muchas de ellas injustas. Reclamamos ante el personero que nos toca pero eso es botar pólvora en gallinazos. Es dar coces contra el aguijón. Estamos al día en partes y yerbas afines. Bueno, eso creemos.
– ¿Ha tenido incidentes callejeros con la Policía?
– Sí, de niño, hace sesenta años me metieron a la inspección de policía del barrio por jugar fútbol en la calle. También estuve alguna vez en la comisaría de la Cuarenta en Bogotá. No recuerdo por qué. Pero duré menos que un confite en la puerta de una escuela. Hubo una época en que el policía de la esquina, como el que me detuvo en mi infancia, formaba parte de la red de afectos de la cuadra, junto al médico y el párroco que coleccionaba nuestros monótonos pecadillos.
¿Alguna vez ha tenido que comparecer a la Procuraduría, a la Fiscalía y a la Contraloría para defenderse? ¿En qué casos y quién o quiénes fueron sus abogados o abogadas? ¿Ha denunciado penalmente a alguien?
– Abogados como Lombana, Granados, Iguarán, De la Espriella, la joya del exfiscal Moreno, ese al que pusieron a cuidar el queso, Gómez Méndez, Bernal Cuéllar o usted, Bejarano, jamás se han ganado un peso a costillas mías. Por si las moscas, tengo apuntado en un papelito el teléfono del dr. Horacio Gómez Aristizábal pero nunca ha tenido que actuar… Dicen que, mínimo hay que tener un abogado amigo.
¿Conoce o ha tenido trato con Francisco Javier Ricaurte, José Leonidas Bustos, Camilo Tarquino, Gustavo Malo, Andrés Felipe Arias, Jorge Noguera?
– A ninguno de ellos he invitado a almorzar a mi casa. Tampoco lo volvería a hacer.
¿Tiene o ha tenido alguna enfermedad crónica o grave, como cáncer, diabetes, infartos, etc.?
– Como pobre, no me faltan las gripitas. Hace cinco años tuve cáncer, pero el dr. Santiago Escandón, de Colsánitas, lo sacó corriendo a bisturí ventiao en la clínica Reina Sofía. Soy candidato a ser el morlaco más aliviado del cementerio.