17 de mayo de 2021
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Un buen tipo…

15 de octubre de 2017
Por Esteban Jaramillo
Por Esteban Jaramillo
15 de octubre de 2017

Por Esteban Jaramillo Osorio.

Falcao García es tan  especial que cualquiera lo quisiera como yerno, cuñado, amigo o como compañero de equipo y selección. No recuerdo pasaje alguno en el que se hayan cuestionado sus posturas dentro o fuera del campo. No tiene maldad, posee excelentes modales, es bueno en empaque y contenido. Han querido mancharle con el pacto de no agresión que por minutos se  planteó en el reciente partido contra Perú, motivo de escándalo especialmente en Chile, donde los medios de comunicación se empecinaron en demostrar que hubo trampa.

En la memoria esta aquel día, antes de Brasil 2014, en el que medios chilenos quisieron empañar con mucho ruido el inobjetable triunfo de Colombia en Santiago exhibiendo fotografías de algunos jugadores Colombianos a la salida de un prostíbulo. Al no ver a Falcao, argumentaron que había huido por la puerta de atrás. Valga decir que el tigre fue autor de uno de los tres goles en la aplastante victoria. O cuando su federación emprendió el camino del escritorio contra Bolivia, incapaz su equipo de ganar en el campo, lo que a la postre los sacó del mundial.

Malos perdedores.

Fue en el 1989, cuando Roberto Rojas se infligió un corte en la ceja, con una cuchilla que escondía entre  su guante, después del inexistente impacto de una bengala, lanzada por una mujer desde la tribuna en Sao Paulo, en el partido  contra Brasil. Chile fue expulsado de la competencia y a Rojas sancionado a perpetuidad.

Colombia jugó su partido con Perú a pleno vapor, con encarnizada rivalidad, al ciento por ciento. Buscó el triunfo con denuedo durante gran parte del tiempo como lo hizo su rival y entendió que la igualdad le favorecía como premio mayor, después del gran esfuerzo realizado. Era hora de bajar la intensidad, en los segundos del cierre.

“No dejes nunca que las opiniones ajenas, envenenadas, apaguen el ruido de tu celebración”.

Oportuno es afirmar que la FIFA ha tenido códigos tolerantes, para  castigar fraudes  comprobados. En el mundial del 82, en burda componenda que duró decenas de minutos, Alemania acordó un empate con Austria para eliminar a Argelia. En el torneo clasificatorio a Corea y Japón, ante los ojos del mundo, Argentina y Uruguay pactaron   el resultado de un partido que eliminó a Colombia por un gol de diferencia. En el torneo recientemente concluido, en partido en Chile, Messi perdió el control, insultó al árbitro y fue sancionado de oficio con cuatro fechas, lo que ponía a la Argentina al borde de la eliminación. Luego el infractor fue perdonado y la pena descartada.

Colombia clasificó porque hizo lo necesario para lograrlo y lo mereció. Y Falcao es tan distinto, por decente y efectivo, a los borrachos de Chile que no supieron  defender con fútbol a su afición.