13 de mayo de 2021
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QUE NO DEN MÁS VUELTAS

1 de octubre de 2017
1 de octubre de 2017

El Gobierno inició a medianoche la anunciada tregua con el Eln, guerrilla de origen y fundamentos ideológicos tan distintos a las Farc que las conversaciones para alcanzar un acuerdo definitivo se presentan mucho más difíciles de las que se llevaron a cabo en La Habana.

“El Eln tiene que dejar de secuestrar, de reclutar menores, de sembrar minas, de atacar nuestra infraestructura. Y, por supuesto, debe cesar toda acción ofensiva contra nuestras Fuerzas Armadas y de Policía”, dijo el presidente Santos al anunciarle al país los compromisos que por lo visto ha adquirido esa organización.

Si todo lo anterior se llega a cumplir, los diálogos con el Eln en Ecuador podrán seguir adelante hasta llegar a una salida negociada al conflicto con ese grupo guerrillero que tantos estragos ha causado en diversas regiones de Colombia, en particular el Catatumbo.

El compromiso firmado en Quito contempla un cese de hostilidades temporal hasta el 9 de enero de 2018, lo que significará, entre otras cosas, que una de las temporadas más preciadas para los colombianos, la de Navidad y Año Nuevo, por primera vez en seis décadas estará libre de la amenaza de las Farc y el Eln.

Al respecto, el máximo líder ‘eleno’, Nicolás Rodríguez Bautista, alias Gabino, pidió a sus frentes y milicias “reafirmar el compromiso de cumplir de manera estricta la palabra empeñada”.
Conocido por su carácter implacable e intransigente, no es un detalle menor que el jefe guerrillero se haya dirigido a sus tropas con un mensaje en el que apeló a  “la lealtad para cumplir este compromiso hasta las últimas consecuencias”.

De acuerdo con expertos, el Eln se hizo con el control de varias de las zonas en las que ya no operan las Farc, y ahora maneja extensos corredores dedicados a la producción y la salida de droga hacia el exterior.

Antes y ahora su centro de poder es el Catatumbo. Para esta región en particular, la tregua bilateral y temporal representa un alivio con respecto a la ola de ataques previos a la firma.

Ahora bien, el país no tiene nada que agradecer al Eln por su voluntad para alcanzar la paz. Lo que la inmensa mayoría de los colombianos espera es que esta organización, y las desmovilizadas Farc, desaparezcan como tales sin más vueltas y abracen con honestidad una democracia que les está tendiendo generosamente la mano. Para empezar, que ambas cumplan a rajatabla los compromisos que adquieran con el Estado.

EDITORIAL/EL HERALDO