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Grandes derroteros para el próximo gobierno

25 de octubre de 2017
Por Clara Inés Chaves Romero
Por Clara Inés Chaves Romero
25 de octubre de 2017

Por: Clara Inés Chaves Romero (*)

En época de campaña electoral  y de posconflicto, hemos venido escuchando hablar de diversos temas, pero se necesita un norte para ir perfilando lo que sería la política exterior del país, la cual debería ser acorde con la realidad actual de Colombia y con sus derroteros.

Si bien es cierto que debemos concentrarnos en el desarrollo e implementación de los recientes acuerdos de paz, en lograr desarrollar y modernizar el sector rural, en reducir las brechas sociales y en liderar el grado de desarrollo que existe en las tres Colombias, es decir, en la Colombia próspera y pujante, en la Colombia intermedia y en la Colombia rural, se debe  igualmente construir una política de estado en la cual todos los colombianos de estas tres Colombias nos sintamos identificados y con  un sentimiento de “ganar-ganar“ como en las negociaciones, en donde el candidato y próximo presidente nos ofrezca opciones de desarrollo que tiendan a llenar las expectativas de los colombianos de todos los estratos sociales, así como los de la capital versus las regiones del país.

Es urgente que  este sentimiento se vea reflejado en las propuestas que realicen los distintos candidatos a la presidencia, ya que es la sola manera de que todos le apuesten a los esfuerzos que se requerirán dentro del posconflicto.

Cuando hablamos de política exterior, hablamos de pertenencias que tiene el país a través de su historia, de su geopolítica y de su entorno; en este orden de ideas, no solo deberemos imaginar una política exterior para América Latina versus Estados Unidos, sino para Europa; y el África, ya que este continente  tiene raíces culturales e históricas en nuestro país, y no le hemos dado la importancia y dimensión que merece ya que podría ser un actor importante dentro del posconflicto y de las políticas a implementar en materia del medio ambiente; y por el otro lado, debemos mirar  una política más seria con el Asia- Pacifico.

Indudablemente, tanto el plan de desarrollo como la política exterior del próximo gobierno deberán ser aún más progresistas de lo que han venido siendo hasta ahora, y tener una continuidad en los temas sociales para reducir la pobreza extrema, desarrollar las regiones, despegar, tecnificar y modernizar el sector agrícola, y fortalecer las instituciones para combatir la corrupción, el crimen organizado y la deshonestidad, tal como lo mencionan los expertos económicos cuando dicen que no en todos los casos el crecimiento económico determina el progreso social. Por eso, es necesario detenerse a analizar qué es lo que le falta a nuestra sociedad para crecer.

Resulta interesante lo mencionado en la revista Forbes en su artículo “Qué determina el progreso de un país” de junio de 2013, cuando habla del Índice de Progreso Social, indicador generado por la organización social Progress Impact, el cual comprende algunos temas de medición como por ejemplo la atención a necesidades básicas. (¿un país provee los elementos más esenciales para su población?), las bases del bienestar. (¿qué tan suficientes son los recursos con que cuenta la comunidad para mejorar y mantener su nivel de bienestar?), y las oportunidades. (¿existen alternativas para que todas las personas alcancen su máximo potencial?)

Lo anterior refleja cuáles son los factores nacionales más importantes que, de atenderse adecuadamente, podrían incrementar nuestra posición en el Índice de Progreso Social.

De igual forma, se deben realizar estrategias de participación de todos los actores del país, comenzando por las empresas. ¿Qué rol juegan o deberían jugar las empresas para fomentar el progreso de la sociedad? ¿Cómo identificar los impactos, tanto positivos como negativos, que pueden generar las empresas dentro de las sociedades, más allá del factor económico?

En primer lugar, las empresas deben cuestionarse por qué existe la organización y cómo puede, basada en la paz, contribuir al desarrollo del país y a su política exterior.

Lo anterior permite entender cuáles son los factores en los que puede influir la empresa y que permiten que una sociedad se desarrolle de cierta forma y, lo fundamental, qué cambios son pertinentes para mejorar la calidad de vida de nuestro país y permitir la inclusión social de los más vulnerables, así como el desarrollo del campo.

En la medida en que se trabaje de manera conjunta entre todos los actores del país  y se creen estrategias y políticas públicas que permitan crear un futuro sostenible y próspero para todos, sociedad, empresas y gobierno, se podrán no solo resolver los grandes problemas que se enfrentan hoy en día en el interior del país, sino fijar posiciones para establecer una política exterior seria que nos posicione a nivel internacional como actores de paz respetuosos de los derechos humanos.

Es crucial que las organizaciones analicen y establezcan dónde y cómo pueden involucrarse en este proceso dentro del posconflicto, de forma que definan de manera estratégica la prioridad de sus determinaciones en términos de acciones que tengan impacto en diversos aspectos de nuestra sociedad.

La aceleración de un objetivo generalmente jalona el progreso de los otros. La educación, la autonomía de las mujeres y la salud tienen una relación directa con el progreso; es un efecto de sinergia y de multiplicación; todos los objetivos tienen que recibir la misma atención y ser alcanzados simultáneamente. Esto requiere enfoques multisectoriales y coordinación entre los diferentes organismos implementadores. Si se logran los objetivos en materia de educación, se contribuirá, por ejemplo, a reducir la pobreza y la mortalidad infantil.

Igual tarea debe realizarse para combatir la corrupción y restablecer la legalidad y la institucionalidad, tanto como el control del estado en cada rincón del país.

Tal como se menciona en los objetivos del milenio, las reducciones rápidas de la pobreza y del hambre son el resultado de un alto crecimiento per cápita impulsado por la productividad agrícola, la creación de empleo y la distribución equitativa de los ingresos, los bienes y las oportunidades.

Urgen la unión y el compromiso nacional en torno al próximo presidente para alcanzar las metas propuestas en el posconflicto, pues es la única manera en la que podremos modernizarnos y, ahí sí, formar parte de grupos internacionales como por ejemplo el de la OCDE, que si bien es importante, resulta imposible que con el actual caos institucional que vive el país debilitado por la corrupción del cartel de la toga que permeó la justicia en las altas cortes y evidenció la podredumbre del sector legislativo y de la clase política, y ante  la falta de la infraestructura y las condiciones sociales necesarias, podamos cumplir con los requisitos que se nos imponen.

Primero ordenemos la casa, creemos un sentimiento de colombianidad, de cohesión social y fortalecimiento de las instituciones, y luego sí, proyectémonos al futuro.

Esta tarea no será nada fácil en un país polarizado por el presidente Uribe, en donde urge crear unos nuevos valores democráticos y de nación para lograr la unidad nacional en pro de la paz, el desarrollo, la democracia y la gobernabilidad.

(*) Ex diplomática.