2 de julio de 2022
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El reino de la mentira

23 de octubre de 2017
Por Mario García Isaza
Por Mario García Isaza
23 de octubre de 2017

Mario García Isaza

mario garcia“La verdad  os hará libres”, es sentencia eterna que brota de los labios del mismo Jesucristo. (Veritas liberabit vos, Jn. 8, 32). Y el Libro de los Proverbios sienta esta afirmación: “La misericordia y la verdad son el apoyo del rey” (Prov. 20, 28). En su reciente visita a nuestra patria, el Santo Padre Francisco dijo tajantemente: “La verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. Las tres juntas son esenciales para construir la paz…” (Discurso en el parque Las Malocas, septiembre 8).

No son posibles ni la libertad auténtica, ni el perdón, la misericordia y la reconciliación, ni la paz verdadera y estable, si no se construyen sobre el cimiento de la verdad. Cuando el engaño y la mentira se vuelven instrumentos de la política; cuando quien lleva en sus manos las riendas del poder no obra con  sinceridad, y recurre a la farsa, al engaño y a la trapisonda para lograr sus propósitos; cuando a la búsqueda del perdón no se le pone, como condición insoslayable, la verdad en el reconocimiento del pecado del que se desea ser absuelto; cuando los que se dicen artesanos de un proyecto de paz dirigido a acabar con historias de violencia y de sangre mienten, sin sonrojarse siquiera, y camuflan en falacias y eufemismos intencionales sus proyectos; cuando todo esto sucede, ese gobierno pierde legitimidad, esa paz pretendida y cacareada es hojarasca que se lleva el viento, ese proyecto político no es otra cosa que la trapaza artera con que se defraudan los anhelos y los derechos de la comunidad, y ese perdón se vuelve moral y políticamente imposible.

Por eso, precisamente, la paz que con palomitas blancas de solapa y con descripciones fantasiosas y mendaces ante ingenuos auditorios foráneos pregona el presidente de la república, no es cierta, ni es auténtica, ni es posible, para dolor de los colombianos. Porque él miente; siempre ha mentido, y lo hace  a sabiendas. Sobre falacias, que a muchos lograron engañar, montó su primera y su segunda campaña; mintió cuando aseguraba, al comenzar a aflorar detalles de sus secretas componendas con el grupo criminal de las FARC, que no habría impunidad, y que los jefes guerrilleros tendrían que pasar, así fuese un corto tiempo, entre rejas; mintió cuando reiteradamente aseguró que respetaría el veredicto de las urnas del plebiscito, en octubre del 2016,  y luego lo desconoció cínicamente; miente cuando presenta su NAF como un documento nuevo, a sabiendas de que nada substancial de todo lo que los colombianos rechazamos fue cambiado en ese acuerdo nefasto;  miente cuando describe ante auditorios extranjeros un país de maravillas, que no coincide, ni mucho menos, con la realidad monda y lironda de Colombia; mentía, por ejemplo, y debe saber que lo hacía, cuando afirmaba hace poco ante la ONU: hemos convertido la salud en un derecho del que pueden gozar todos los colombianos… mientras seis millones de pacientes que su ministro de salud ha “peloteado” de Saludcoop a Cafésalud, y de éste a Medimás, seguimos sufriendo el que se nos nieguen incluso los medicamentos más elementales o las citas médicas más necesarias. Y como él y siguiendo su ejemplo, mienten sus obsecuentes  y venales servidores; para citar sólo un ejemplo, miente el señor De la Calle al  negar que en lo pactado con la subversión exista cosa que se parezca a ideología de género, cuando todavía tenemos en los archivos su imagen afirmando sin asomo de vergüenza ante micrófonos: no se nace hombre o mujer… Y, ¡por supuesto!, mienten, siempre han mentido, los contertulios del señor Santos, cabecillas de esa cáfila criminal que son las FARC, que hoy ofenden a Colombia pavoneándose en estrados políticos y universitarios abyectos, y posan de prohombres, y pretenden dictar cátedra de ética; como si no se dieran cuenta de que tras ellos camina la sombra de sus crímenes abominables y del daño irreparable que le han inferido a una nación que los rechaza; ellos jamás le han dicho la verdad a los colombianos; nos han engañado en relación con sus incalculables y mal habidas riquezas,  con la suerte de los miles de compatriotas por ellos secuestrados, con la situación y el número de los niños reclutados criminalmente, con la entrega de sus armas asesinas, con la naturaleza del sórdido negocio del narcotráfico que engordó siempre y sigue engordando sus bolsillos; nos han mentido y nos siguen mintiendo en cuanto dicen y hacen. Esto que pretenden imponernos el presidente y don Timo, es una tragicomedia a la que le vendría bien como título  EL REINO DE LA MENTIRA. No es, tal vez, casualidad el hecho de que lo hayan firmado en el escenario del Colón: es allí donde se hace teatro…