8 de mayo de 2021
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Por dignidad, no más lucha contra la pobreza

15 de septiembre de 2017
Por Marco Aurelio Zuluaga
Por Marco Aurelio Zuluaga
15 de septiembre de 2017

Marco Aurelio Zuluaga

Colombia es campeona mundial en concentración de la riqueza; hace muchos años ocupamos primerísimo lugar en este vergonzoso escalafón donde muy pocos tienen mucho.

Dejar de ser pobre en Colombia se volvió una estadística. Seguir siendo pobre es una realidad. Quienes han salido de la pobreza, son personas que muchas veces no tienen para pagar los servicios públicos, una asistencia buena en salud, ni una buena educación.  La prioridad de muchos colombianos es sobrevivir con una alimentación escasa y deficiente, dejando un rastro de desnutrición en la población infantil.

Cuando se tienen noticias de regiones como el Pacífico nariñense, la ribera del río Atrato, los valles y la media montaña del Catatumbo, la Guajira en toda su extensión, las márgenes del río Orinoco, en límites con Venezuela, y en general de trescientos o cuatrocientos municipios del país, se confirma que el salir de la pobreza en estas comunidades es realmente una cifra inservible, pues las consecuencias de la desigualdad son demoledoras.

Recorrer algunas zonas de Ciudad Bolívar en Bogotá y Soacha, las comunas en Medellín, el Distrito de Agua Blanca en Cali, o el barrio Getsemaní en Cartagena, donde la miseria campea entre sus habitantes, nos muestra que la lucha contra la pobreza, basada en una estrategia focalizada y asistencialista ha fracasado. El asistencialismo garantiza la clientela del gobierno de turno y de los parlamentarios que lo apoyan, clientela alimentada por la politiquería. El asistencialismo mitiga el hambre y la miseria de momento, pero no tiene ningún efecto contra la concentración de la riqueza.

Las cifras oficiales dicen que cinco millones de colombianos han salido de la pobreza, no se dan cifras de cuántos han salido de la desigualdad, ni se enuncian políticas que permitan combatirla. Además, la gente entra y sale de la pobreza de un gobierno a otro, como una bola de ping pong pasa de un lado al otro de la mesa. Esta indecente manera de atacar la pobreza debe acabarse.

Se calcula que en Colombia hay un millón de trabajadores públicos y privados, vinculados mediante contratos de prestación de servicios a término fijo, renovados periódica y sucesivamente año tras año, contrariando expresas prohibiciones legales. Si se contratara este millón de colombianos a término indefinido, se estaría no solo cumpliendo la ley, sino dándole un golpe de mano a la desigualdad, pues serían trabajos estables, bien remunerados al incluir el pago de todas las prestaciones sociales, aportando lo debido a los sistemas de salud y de pensión.

La desigualdad también se puede combatir haciendo una reforma tributaria seria, en la que los ingresos fiscales y su destinación en el presupuesto nacional, reflejen una política económica que garantice para el mediano y largo plazo, una mejor distribución de la riqueza con un incluyente sistema de protección social.

Por honradez y consideración con el 99% de los colombianos, los candidatos en el próximo debate electoral deben hacer propuestas concretas para reducir esa injusta desigualdad que desde la independencia hace doscientos años impera en Colombia.

15 de septiembre de 2017