9 de mayo de 2021
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La eterna crisis en la salud

15 de septiembre de 2017

La advertencia de la Procuraduría en cuanto a pedir la intervención de la recién creada EPS Medimás, que en agosto entró a reemplazar a la ya intervenida y liquidada Cafesalud, asumiendo la atención de sus cinco millones de afiliados y beneficiarios, pone de presente que sí tenía fondo el debate que se generó tiempo atrás en torno a la capacidad de la nueva institución para manejar un portafolio tan grande de usuarios.

Más allá de los señalamientos puntuales del Ministerio Público sobre las deficiencias de Medimás en materia asignación de citas, atención a pacientes, suministro de medicamentos y problemas en la contratación de la red de instituciones prestadoras, así como la respectiva réplica de esa EPS negando la mayoría de los señalamientos, lo cierto es que el país debe recordar que una de la mayores dudas cuando se realizó todo el proceso de escogencia de la empresa que reemplazaría a Cafesalud giraba, precisamente, en que el régimen de transición era muy corto y no veía fácil que el nuevo operador pudiera arrancar de un día para otro con la suficiente logística y estructura para atender a tal cantidad de cotizantes y beneficiarios.

Es obvio que será la Superintendencia de Salud y otras entidades del ramo las que deben entrar a determinar el nivel de calidad y oportunidad del servicio que está prestando Medimás y tomar las medidas del caso.

Sin embargo ya en el Congreso se escuchan voces que consideran que debe haber responsabilidades políticas por lo ocurrido ya que la principal promesa a los sufridos usuarios de Cafesalud era que todo este cambio de EPS estaba dirigido a garantizar, de una vez por todas, que las deficiencias que venían soportando acabarían. Sin embargo, a la luz de lo dicho por la Procuraduría y las denuncias de los pacientes en las últimas semanas, ese objetivo no se concretó.

¿Quién responde entonces? Esa respuesta no puede quedar en el aire ya que el proceso de cambio de operador duró varios meses y siempre se insistió en que la demora se debía a que no se podía improvisar ni dejar ningún cabo suelto. Lamentablemente lo que se ha demostrado es que el mecanismo fue deficiente y la calidad de la atención continúa generando miles de quejas.

EDITORIAL/EL NUEVO SIGLO