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Asustados. ¿Y avergonzados?

3 de septiembre de 2017
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
3 de septiembre de 2017

Hernando Arango Monedero

hernando arangoEl país anda asustado con lo que algunos ciudadanos vienen declarando acerca del comportamiento de algunos magistrados de las Cortes. Es cierto, no es para menos asustarse con las declaraciones de quienes han caído en las garras de fiscales y magistrados, los han pedido dinero para “arreglar” procesos y sentencias. Sí! Da miedo saber lo que estos sujetos han venido haciendo con la Justicia, y más miedo da el que la Justicia esté ahora cuestionada por estos delincuentes, y al decir delincuentes, me refiero a quienes han confesado ya su participación en este tipo de tráfico en procesos de toda índole en las Cortes y Tribunales.

 

Pero lo que en realidad debe darnos miedo, no es tanto que haya dos, quizás tres sujetos que se prestaron a este tipo de trapisondas. Lo que debe darnos miedo, y hasta terror, es que el resto de magistrados hayan guardado silencio ante comportamientos que dieron lugar a que los que vendieron su conciencia y lograron el objetivo propuesto y el objeto de la transacción malévola.

 

Y es que cualquiera puede preguntarse: ¿De donde acá un Magistrado, de una cualquiera de las Salas, puede engavetar un proceso contra alguien, y sus compañeros se desentiendan de lo que el encargado de rendir ponencia haga o deje de hacer? ¿Cómo es posible que un proceso pueda quedar en manos de un ponente sin límite en el tiempo y sin adelantos en lo que por ley es menester adelantar? Y menos es explicable que el ponente pueda en un momento, y delante de sus colegas de Sala, presentar una ponencia que sin más, o con presupuestos débiles, lleve a una determinación o sentencia que pueda condenar o precluir un proceso.

 

Es aquí en donde cabe una responsabilidad de carácter general sobre los magistrados que se encuentran ejerciendo la magistratura, bien sea por complicidad, bien por falta de atención a lo que a su conocimiento se ha puesto, o bien porque poco a más tienen interés en el cumplimiento de sus deberes. Aquí cabe a tirios y a troyanos el cargo de prevaricato por acción o por omisión y, en una sociedad seria, lo menos que podría esperarse es un juicio de responsabilidades a todos y cada uno de quienes integran las Cortes.

 

¿Acaso la sinverguenzada del ágape en Neiva no se pasó por alto?  ¿Alguno se pronunció sobre el famoso reloj Rolex? ¿Quién dijo algo cuando el Presidente de la Corte facilitó su vehículo oficial para que de él se sirviera uno de sus dependientes y generara el escándalo de que tuvimos noticia? ¿Y escuchamos a cerca de protesta alguna y descalificación subsecuente de parte de sus colegas a aquél que recibió los bondadosos regalos de un sujeto subjúdice? ¿Y qué pasó con los magistrados que aceptan un paseo en planchón por el Rio Magdalena, paseo costeado por uno de los interesados en un proceso a cargo de la Corte? Y podríamos alagar la lista de tropelías y miserias que han trascendido al público sin que de las Cortes se haya oído un “ay” para reclamar dignidad en el comportamiento de alguien. ¿Acaso no es así?

Ya los sabemos, y Colombia aún calla. Y calla porque merecido lo tenemos al guardar silencio ante hechos de indignidad de parte de los magistrados. Examinémonos, y confesemos que así es. Ahora, como sabemos que a muchos pícaros, delincuentes o como quiera que se les llame, se les han precluído investigaciones, o se les ha eximido de procesos y declarado inocentes, no siéndolo, también nos cabe la pregunta de: ¿A cuántos se les ha condenado siendo inocentes, sólo porque se inventaron testigos y se les dio credibilidad con fines políticos? Recientemente vimos a algunos “prominentes ciudadanos” visitando cárceles y hurgando conciencias de criminales, en procura de levantar declarantes en contra de oponentes políticos. Y, también, hemos tenido personas condenadas ante presunciones de dolo derivadas de haber intervenido en la aprobación de una ley, con lo que se demostró, posteriormente, que tal interés era llevado para beneficio personal expostfacto. ¡Y también callamos!!

 

Y si a los jóvenes no les enseñamos desde niños los valores que es necesario respetar y defender, iremos de mal en peor. De la casa nace la maldición que ahora nos agobia.

Vergüenza colectiva es lo que debemos tener hoy, sólo eso. VERGÜENZA!!!

 

Manizales, 03 de septiembre de 2017.