12 de agosto de 2022
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Tríptico para el Alcalde

8 de agosto de 2017
Por Hernando Salazar Patiño
Por Hernando Salazar Patiño
8 de agosto de 2017

Por Hernando Salazar Patiño

I- TUTELA CONTRA VILEZA

Señor doctor

OCTAVIO CARDONA LEÓN

Alcalde de Manizales

  1. S.D

Usted señor Alcalde, su secretario de Ambiente, el gerente de Corpocaldas, algunos honorables concejales de la ciudad, La Patria, la S.M.P, las instituciones y las asociaciones llamadas cívicas, de turismo, de patrimonio y de diagnosis de “cómo vamos”, hasta los centros  científicos y académicos, pretermitiendo qué queremos, qué somos, qué hemos sido, que seremos, qué es Manizales como ciudad, como un todo humano, han hecho el oso con el oso, como destacó El Espectador, al planear, provocar, estimular, lograr llevar a término, justificar, aplaudir, y no protestar, ni impedir, el sacar al osito de anteojos Chucho del habitat en el que creció y vivió por dieciocho años.

No solo usted, señor Alcalde, aunque en usted estuvo el desaprobar esa acción tan inicua como inútil. Es probable que otras más a las enumeradas,  cedieron al afán de quienes urdieron y urgieron ese designio y que causaron, por indirecta y servicial deferencia del director y oficial protector ambiental, ese destierro, para la conveniencia en primerísimo lugar,  de la vanguardia de la destrucción del entorno de Manizales y abanderada del desprecio a sus conciudadanos, la urbanizadora “Tierra Viva” cuyo nombre es una contradicción  en los términos y en los fines, o si lo prefiere, una cínica y letal ironía burlona, de efecto publicitario, que no logra distraer su congénito nombre de “Cemento Vivo”  o “Tierra Muerta”.

Y todos los ciudadanos,  señor Alcalde, rechazamos , advertimos, reclamamos y demandamos su injusto, clandestino, mal intencionado e ilegal, como también ecológicamente criminal, traslado de Chucho a la caliginosa Costa Atlántica, para encerrarlo en los limites de un zoológico

No tiene usted, señor Alcalde, que asumir  solo la derrota, porque puede compartirla con los de la lista del comienzo, ni el concejal Carlos Mario Marín,  que asumió el reto, con su solitaria y valerosa defensa de la reserva de Río Blanco dentro del recinto edilicio, proclamar victoria,  la que no ha reclamado como suya, solo acotó su derrota.

Que tampoco es solo suya, doctor Octavio Cardona. Bien puede compartirla  con  la sala civil del Tribunal Superior con los funcionarios  y con los personajes integrantes de las sociedades que le he mencionado, y con otros pequeños clubs o grupos de scout adultos y de la tercera edad, que rotan muy poco, rugen menos, y a los que nada  se les oyó sobre el presionado y mansalvero exilio al que obligaron Chucho. Quisieron silenciar y minimizar a los que nos sorprendimos con el inesperado maltrato a la criatura que más que un atractivo, era ya un símbolo, por cuanto  es posible terminemos por imitar esos reducidos círculos, formando un Club de Osos o de Ositos de Anteojos, según el proverbio aquel del autor del “Discurso de la Lengua”, el renacentista Juan de Valdés, que reza: “Nunca digas de esta agua no beberé. Porque el camino es largo y te puede dar sed”. Como le sucedió a usted señor Alcalde, al plegarse  a los intereses de los más hábiles y dañinos representantes de la clase oligarca de la ciudad.

El triunfo del fallo de la Corte Suprema de Justicia a favor la tutela que exige el retorno del “ser sintiente” que es nuestro Osito,  es de todos,  absolutamente de todos los ciudadanos, aterrados, incrédulos, conmovidos,  heridos en su sensibilidad y en su amor a la naturaleza, unidos en su temor al no futuro, en el conocimiento de las amenazas climáticas sobre las que alarman los sabios, de los que  esperamos que nuestros hijos puedan respirar, vivir o sobrevivir en el mañana, que es el ya casi próximo, y que sienten orgullo y tienen a Manizales como suya, desde siempre y para siempre mientras se viva en ella, y que entienden que no es de ustedes, de los poderosos en tránsito y sucesión continua de los mismos con las mismas, vengan de donde vengan y ostenten el apoyo de los que sean, y menos, de los que se creen dueños únicos del poder, ignorando su alea y contingencia.

Sí señor Alcalde, este triunfo que es el primero de una lucha que sabemos dura, amarga, larga, pero tenaz, constante, desinteresada, íntegra  e incontaminada, de alcanzar el sueño clamoroso de los que amamos de veras la ciudad, ese mimo de Dios que es su naturaleza, la riqueza excepcional y no bien descubierta de sus aguas y sus verdes,  de amparar la Reserva Natural de Rio Blanco y de ver regresar a Chucho a su hogar habitual, en el que vivió 18 años como señor y dueño, ese cumplimiento inicial de la decisión judicial, que tratan ya de desviar, de birlarnos, es de todos los manizaleños, que nos dolimos del abrupto y repentino hecho, protestamos su partida y demandamos su regreso, para que vuelva al mismo lugar, en las mismas  condiciones en que estuvo durante casi toda su existencia, corregidas, mejoradas al máximo, en proporción a la traumática experiencia a la que fue sometido y que debe serle reparada.

En vez de discutirla, señor Alcalde, le pido que abandere esa reparación. En Usted, que es la máxima autoridad, está el encabezar y el aupar esa compensación del daño causado, por encima del error en que pudo caer, o de la buena fe que lo pudo mover, y ojalá la decisión que se planea de llevarlo a otro sitio y no regresárnoslo, como quien dice “ni para Dios ni paras sus santos”, que busca el autor del ultraje, no la permita, que no es salomónica.

Que vuelva Chucho. Ojalá con la Osita. Si tuvimos el oso, si vivió por años con una osita, y si es cierto que encontró afinidad, afecto en otra de su especie en Barranquilla ¿por qué no traer a los dos animalitos? Ese sería una mínima  enmienda al perjuicio que le hicieron y de desagraviar a la ciudad. ¿Por qué no la idea, y que parta de usted, señor Alcalde, de hacer junto a esa reserva natural, un parque natural, como tantos en el mundo? ¿No tiene Manizales derecho a ello? ¿Qué tal si su alcaldía le da ese regalo a la ciudad que lo eligió? Sería un obsequio que no podría borrase de la historia, de la geografía colombiana, de la política ambiental, de la visión de futuro, de las memorias de su administración. Hasta el municipio podría comprarle, con ese fin, unas cuantas hectáreas a la finca del ingeniero  Jorge Alberto Vélez, y  a la sociedad de su familia, que aparece como propietaria de La Aurora, y que por obvias razones de astucias legales que todos sospechamos, excluye su nombre, por ser el principal socio, con el señor Calderón, en el amalgama de intereses nocivos. Si es que  el valor de los perjuicios que han comenzado a causarle a la ciudad con su ciega obsesión de asfixiarla, no cubre la totalidad de su costo.

Si no logamos su regreso aquí, al sitio de donde partió, quedaríamos  defraudados los manizaleños, mofada la ley y satisfecha la manguala económica de los Calderón y Vélez. No puede ser que perdamos todos y que ellos, siempre ganen. Estoy seguro que usted no lo va permitir. Su administración, criticada por tantas decisiones y destacada por otras, no puede cargar con ese “Inri” para escarnio de sus futuros nietos. Porque lo imperdonable de la partida del osito de anteojos de la reserva natural de Rio Blanco, y de las consecuencias que ha acarreado, es la vileza de su motivación única, y la hipocresía de las que expusieron para disfrazarla. 

 

Su servidor y ciudadano,

Hernando Salazar Patiño