17 de mayo de 2022
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¿Partidos políticos o agencias de terror?

7 de agosto de 2017
Por Víctor Zuluaga Gómez
Por Víctor Zuluaga Gómez
7 de agosto de 2017

Víctor Zuluaga Gómez

Dice la premio Nobel de Neurología, Rita Levi Montalcini: “Es la parte instintiva, la que sirvió para hacer bajar al australopithecus del árbol y salvarle la vida. La tenemos poco desarrollada y es la zona a la que apelan los dictadores para que las masas les sigan. Todas las tragedias se apoyan siempre en ese hemisferio que desconfía del diferente”.

Bueno es recordar que Hitler apeló al odio hacia el pueblo judío, a las supuestas “razas” diferentes a la “aria”, para alentar al pueblo alemán que se encontraba en una enorme crisis a raíz de la derrota en la Primera Guerra Mundial, a colocarse a la cabeza de la naciones.

Tampoco es posible olvidar el poder que ejercieron los medios para convencer a la opinión internacional sobre el peligro que entrañaba Sadam Husseim en Iraq, de acuerdo con los propósitos del entonces Presidente Bush de invadir a aquel país.

Y si analizamos lo ocurrido recientemente en Estados Unidos en donde triunfó un Partido que enarboló como bandera la lucha contra el terrorismo, la misma que lleva implícita una feroz xenofobia, podremos decir que hoy en día los Partidos Políticos han olvidado completamente de competir con un ideario político y le han echado mano a la sinrazón, es decir, al miedo, al terror, tal como lo sostiene Manuel Castells:

“Además, la violencia política es una forma de comunicación que actúa sobre las mentes a través de imágenes de la muerte con el fin de causar miedo e intimidar a la gente. Ésta es la estrategia del terrorismo, que recurre a manifestaciones espectaculares de destrucción aleatoria para inducir un estado permanente de inseguridad en las poblaciones objetivo. Las medidas de seguridad para contrarrestar la amenaza prolongan el miedo y la ansiedad, provocando el apoyo incondicional de los ciudadanos a sus señores y protectores. La violencia, transmitida por las redes de comunicación, se convierte en el vehículo de la cultura del miedo.

Nada distinto es lo que podemos observar en el panorama colombiano en donde la discusión se ha centrado en señalar que en Colombia se impondrá un Castro-Chavismo que promete violencia, expropiaciones y hambre. Ningún análisis sereno de la situación que pueda sustentar que en los acuerdos de La Habana está contemplada la abolición de la propiedad privada y que la guerrilla, convertida en un nuevo Partido Político se va a apropiar de los destinos del país.