20 de mayo de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

EL NOMBRE DE LA COSA

28 de agosto de 2017

Esperemos que el nuevo partido político de las Farc no mantenga las siglas de la guerrilla, sobre todo por respeto a las víctimas. Y que la organización, en su congreso, aclare las dudas sobre la extensión de sus bienes.

Comenzó ayer en Bogotá el congreso en que las desmovilizadas Farc sentarán las bases de la organización para convertirse en partido político.

El cónclave arrancó en medio de un agitado debate acerca de la fiabilidad del listado de bienes que suministró el movimiento exguerrillero al Gobierno. Bienes que, según el Acuerdo de Paz, se deben poner a disposición de las víctimas del conflicto.

Pese al discurso de buenas intenciones democráticas que pronunció Rodrigo Londoño, ‘Timochenko’, en la apertura del evento, lo que la mayoría de los colombianos espera a estas alturas es que las palabras de los dirigentes de las Farc vayan acompañadas de un compromiso real con la verdad, la reconciliación y la democracia.

Es probable que los bienes de la organización no sumen los astronómicos 10.000 millones dólares (30 billones de pesos) que señalaba el semanario The Economist; pero, según distintas fuentes–incluida la Fiscalía General de la Nación–, la cifra supera con creces el billón de pesos en que las Farc evalúan sus propiedades.

Este asunto deberá aclararse con prontitud, antes de que se siga profundizando en la implementación del Acuerdo de Paz con los fondos de los contribuyentes.

Si las Farc han decidido –con cinismo o sin él– incluir en su listado los servicios médicos que prestaban a la comunidad o las obras civiles que desarrollaban para afianzar su poder, allá ellos. Lo que quieren los ciudadanos es la garantía plena de que no se guardarán nada bajo la manga. Y que los bienes que declaren se destinarán   exclusivamente a la reparación de las víctimas, no a financiar la actividad política del nuevo partido.

Ojalá este tema se aborde en el congreso de las Farc. Y, si ello sucede, que los colombianos reciban un mensaje positivo.

Hay un punto que se tratará en el evento y que servirá de termómetro para medir la actitud de las Farc ante su inminente incorporación a la vida política: el nombre del nuevo partido.

Días atrás trascendió que una opción es que pase a denominarse Fuerza Alternativa Revolucionaria de Colombia, con lo que mantendría las siglas de Farc. Más allá de si esto es eficaz o no en términos publicitarios para los planes del partido, esperemos que impere la razón y desistan de esa idea, sobre todo por sensibilidad hacia las víctimas.

No pretendemos que la palabra Farc se borre de la historia del país: al fin y al cabo, el conflicto forma parte sustancial de esa historia. Tan solo aspiramos a que desaparezca de nuestro vocabulario cotidiano y quede como vestigio de un pasado funesto  que nunca deberíamos repetir.

EDITORIAL/EL HERALDO