10 de mayo de 2021
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SEIS MESES DE ESTÉRIL CONFUSIÓN EN LA CASA BLANCA

23 de julio de 2017

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Donald Trump cumple sus primeros seis meses como presidente de Estados Unidos con sólo un 38% de aceptación, según las últimas encuestas. Se trata no sólo de un claro suspenso a su gestión, sino del dato más bajo de popularidad de un inquilino de la Casa Blanca en el inicio de su mandato desde hace más de siete décadas. La sorpresa que causó la victoria del magnate en las urnas se tornó casi de inmediato en frustración. Tanto por la imposibilidad del republicano para hacer frente a sus principales promesas electorales -recetas populistas inviables, muchas de ellas-, como por su incapacidad para moderar el discurso y las formas, a todas luces impropias del dirigente de la primera potencia del mundo. Además, no ha dejado de crecer el escándalo de la conexión rusa del equipo de Trump, con una investigación abierta y muchas voces exigiendo un proceso de impeachment, que podría acabar con su destitución.

En ese marco, ha pedido a su equipo información sobre su poder para indultar a sus asesores e incluso a sí mismo -algo que abriría un grave conflicto de intereses- y ayer destacó su «capacidad absoluta» para perdonar toda clase de delitos.

La falta de mesura del presidente y su irrefrenable tendencia a provocar conflictos hacen que cada uno de sus pasos sea escrutado con más atención de la que soportaron sus predecesores. En todo caso, con rigor, cabe valorar como negativo su arranque presidencial, porque hasta la fecha ha sido incapaz de dar respuestas mínimamente articuladas y satisfactorias a los desafíos tanto internos como externos que ha afrontado.

Así, en lo doméstico, Trump mantiene su empeño en derogar el ‘Obamacare’ -iniciativa estrella de su antecesor-, lo que podría dejar sin cobertura médica a unos 32 millones de estadounidenses, cuando ya ha demostrado su incapacidad para convencer a los propios republicanos de que le apoyen un nuevo proyecto sanitario. Del mismo modo, las bravatas antiinmigración que agitó en campaña sólo se han traducido en la aprobación de decretos poco eficaces para un asunto de tanta complejidad, que han generado confusión y chocado con la Justicia. Trump tampoco ha podido impulsar su prometida gran reforma fiscal o aprobar un ambicioso plan de infraestructuras para modernizar el país. Por todo ello, muchos de los ciudadanos que le respaldaron el 20-N se sienten en tan poco tiempo decepcionados.

Aunque el balance arroja más sombras aún en el escenario internacional. Por más que Trump se envolviera en la bandera del proteccionismo y del aislacionismo al llegar a la Casa Blanca, a EEUU le sigue correspondiendo cierto papel de gendarme mundial imprescindible para el mantenimiento de la estabilidad. De hecho, el republicano ha recibido un curso acelerado de realpolitik, que le ha llevado antes que nada a tener que desdecirse de casi todo. Empezó el mandato enseñando los dientes a China, y al poco tiempo asumió la necesidad de contemporizar con el gigantes asiático, aliado imprescindible ante desafíos como la carrera nuclear de Corea del Norte, por no hablar de que es uno de los principales tenedores de la deuda estadounidense. Igualmente, se mostró muy crítico con la Alianza Atlántica, llegando a humillar a sus miembros y a deslizar que tenían que aprender a defenderse solos, para al final reconocer en sus últimos viajes a Europa que hoy el papel de la OTAN es imprescindible para el mantenimiento de la seguridad occidental. De lo que aún no se ha desdicho, por desgracia, es de su intención de sacar a EEUU del Acuerdo de París contra el cambio climático, lo que le ha acarreado la condena internacional. Al menos, en su reciente entrevista con el presidente francés sorprendió admitiendo que podría cambiar su postura. Trump ya ha demostrado que lo más cerca que suele estar del acierto es cuando rectifica.

La Casa Blanca está instalada en la confusión, y así no extrañan episodios como la dimisión de su portavoz y de sus principales abogados. El primero, tan controvertido como el propio Trump por su actuación con los medios, ha sido incapaz de contrarrestar la agigantada pérdida de credibilidad y el deterioro de la imagen presidencial. En cuanto al equipo legal, Trump necesitará algo más que un cambio de caras para afrontar las revelaciones que demuestran su peligrosa conexión rusa. La estrategia de arremeter contra los medios ya es estéril.

EDITORIAL/EL MUNDO, ESPAÑA