12 de mayo de 2021
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Nunca más, Hiroshima

28 de julio de 2017
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
28 de julio de 2017

Coronel  RA  Héctor Álvarez Mendoza

“Entonces el Señor llovió del cielo  sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego por virtud del Señor y arrasó ciudades y todo el país confinante, los moradores todos de las ciudades y todas las verdes campiñas de su territorio…” 

(Génesis 19.24, 25)

Julio y Agosto son meses que arrastran un fárrago de ominosos sentimientos, cicatrices y memorias sobre los horrores de la guerra nuclear pues en este 2017 se cumplen 72 años de la creación de la bomba atómica y su utilización contra la población civil por primera vez en la historia de la humanidad. En efecto, a mediados de 1939 los científicos Niels Bohr y Albert Einstein advirtieron al presidente Franklin D. Roosvelt sobre los adelantos alemanes en el campo de la energía nuclear, lo que podría permitir a Hitler fabricar bombas muy poderosas capaces de destruir ciudades enteras. En diciembre de 1941, luego del ataque japonés a Pearl Harbor, el gobierno de Estados Unidos retomó la inquietud y ordenó empezar a trabajar en el objetivo de fabricar un arma nuclear.

Con este fin se reunió un grupo con los físicos más brillantes de la nación, entre ellos 6 premios Nobel de Física, bajo la direcciòn científica de Robert Oppenheimer. Hicieron parte del equipo, entre otros, los científicos Enrico Fermi, Isidor I. Rabi, Hans Bethe, Niels Bohr, Seth Nedermeyer, Victor F. Weisskopf, John Von Neuman y Luis Alvarez, quienes se reunieron en un improvisado laboratorio en Los Álamos, en medio del desierto de Nuevo México e iniciaron trabajos en el más estricto secreto, operación que recibió el nombre clave de “Proyecto Manhattan” al cual le fue asignado un presupuesto de dos mil millones de dólares, suma enorme para la época.

Luego de superar inmensos obstáculos de orden logístico, científico, militar y ético,  en la madrugada del 16 de julio de 1945 se probó con éxito el primer ingenio nuclear bautizado “Trinity”, alusivo a la trinidad hindú de Brahma el Creador, Shiva el Destructor y Vishnu el Cuidador. Se trataba de una bomba con núcleo de plutonio 239, detonada por el método de “implosión” que vitrificó rocas y arena cercanas al sitio de la explosión. Veintiún días más tarde, el presidente Harry S. Truman autorizó el uso militar de la primera bomba atómica contra la población civil, un ingenio de cuatro toneladas basado en el principio de fisión de metales pesados, apodado “Little Boy”, (Muchachito),  armada con núcleo de 17 libras de uranio 235 de masa sub crítica colocado al extremo de un cañón de 2 metros, impactado por un proyectil de 5 libras del mismo material también de masa sub crítica disparado a 600 mts/seg desde el extremo opuesto, que al chocar se convierten en masa supercrítica que desata una reacción en cadena.

La bomba, con fuerza explosiva de 15 kilotones, equivalentes a 15.000 toneladas de TNT (Tri-Nitro-Tolueno), el más poderoso explosivo convencional conocido en ese momento, fue embarcada en un avión bombardero B-29, bautizado “Enola Gay” por su piloto el coronel Paul Tibbets, en honor de su madre, Enola Gay Tibbets. El avión voló desde la isla de Tinian hacia el blanco que se elegiría a última hora entre las ciudades de Kokura, Nagasaki o Hiroshima, dependiendo de las condiciones atmosféricas encontradas y reportadas por la tripulación de otro B-29 equipado con instrumentos metereológicos que voló sobre los potenciales blancos adelante del avión portador de la bomba, que sobre el camino, eligió a Hiroshima como blanco preferencial. Al aproximarse el avión meteorológico al espacio aéreo de la ciudad, se activaron las alarmas y la población, compuesta por mujeres, ancianos y niños, buscaron protección en los refugios antiaéreos. No había hombres en Hiroshima, pues los varones adultos y jóvenes en edad militar estaban en los frentes de guerra.

Al ver que este primer B-29 pasó de largo sobre la ciudad sin soltar bomba alguna, las alarmas no fueron activadas al aproximarse el segundo B-29, portador de la bomba, en el convencimiento que el solitario avión era el mismo de antes y pasaría nuevamente sin representar peligro alguno, por lo cual la engañada comunidad se dedicó a observar tranquilamente su vuelo a través del cielo despejado. A las 8:15 de ese 6 de agosto de 1945, desde 9.600 metros, la tripulación del “Enola Gay” liberó en caída libre al terrible “Muchachito” que estalló en el aire a 600 metros sobre el centro de la ciudad, causando el incendio y destrucción de la zona urbana y la muerte instantánea de cerca de 120.000 personas. Los efectos de tal conflagración sobre la ciudad y sus habitantes, desconocidos hasta ese momento, fueron:

La “Radiación Térmica” causada por temperaturas de 300.000 grados Celsius en el corazón de la explosión, que derritió superficies de granito a un kilómetro, licuó el pavimento, vaporizó cuerpos, quemó severamente la piel a cinco kilómetros del epicentro, provocó incendios en  todos los edificios en un radio de 3 kilómetros a la redonda e hizo arder las traviesas de madera de la carrilera del tren a 2 kilómetros del punto cero. Muchos sobrevivientes aturdidos vagaban entre las ruinas desnudos y con la piel desprendida hecha jirones, buscando a sus seres queridos y clamando por agua y ayuda.

La  “Onda de Choque” causada por la onda expansiva que avanzó cerca al epicentro con una sobre presión dinámica de 35 toneladas por metro cuadrado y a una velocidad de 440 metros por segundo, arrastrando a su paso restos humanos, escombros y trozos de vidrio de edificios aplastados por la sobre presión estática y multiplicando los efectos de los incendios generalizados.. Tales efectos causaron daños citados en cifras oficiales certeras y confiables publicadas por la Sección de Investigación del Gobierno Municipal de Hiroshima el 10 de agosto de 1946, sobre un total de 312.277 habitantes en el área total de la ciudad de 27,7 kmts. cuadrados.

Víctimas  Humanas:

Muertos…………………………..  118.661

Heridos graves…………………       79.130

Heridos leves…………………..      48.606

Desaparecidos…………………        3.677

Total de Víctimas……………..      201.468

Personas Ilesas………………..    118.613

 

Edificios y Construcciones Afectados

 

Totalmente quemados                   55.000

Medianamente quemados                2.290

Destruidos por onda de choque      6.820

Medianamente destruidos                3.750

Incendios forestales                                  12

Área total de la ciudad                   27.7 Km 2

Área  Incendiada                             13.2 Km 2

Área afectada                                  30.3 Km 2

 

En el otoño de 1976 permanecí tres meses en una comisión académica en Tokio, Japón, ocasión que aproveché para visitar la ciudad de Hiroshima cuyo  atractivo más visitado es el Parque de la Paz, donde se encuentra un museo con reliquias de la explosión atómica cuya visita de observación arruga las entrañas más firmes y exprime los lacrimales hasta de los ojos más secos, así como numerosos monumentos dedicados a las víctimas y en lugar destacado, el llamado “Domo Atómico”, edificio parcialmente destruido que en su momento era una hermosa y sólida construcción de ladrillo y hormigón coronada por un domo de cristal sobre estructura de acero destinada a exposiciones industriales.

Luego de la explosión, estas instalaciones quedaron semidestruidas aunque estructuralmente en pie gracias a que la detonación aérea ocurrió exactamente a 600 metros sobre el edificio que así recibió la onda radial de choque verticalmente, lo que permitió que los planos verticales y paredes resistieran el impacto que no obstante, desprendió parte del pañete de cemento que los cubría, desfondó el domo cuyo refuerzo de acero quedó retorcido como un manojo de alambre dulce, hizo que las superficies horizontales como cubiertas, techos y pisos desaparecieran por completo con todos sus ocupantes y contenidos. El edificio, debidamente reforzado, se conserva hoy como recordatorio del horror de las armas nucleares y como un angustiado clamor a todo el mundo de “Nunca más Hiroshima”. El monumento fue declarado “Patrimonio Cultural e Histörico de la Humanidad” por la Unesco en 1996.

La Radiación Radioactiva. Además de lo anterior, se originó un fenómeno desconocido bautizado en principio como “Enfermedad de la Bomba Atómica”, causada por la irradiación radioactiva recibida en la cercanía de la explosión y por la lluvia contaminante ocurrida entre las 9AM y las 4PM, que extinguió los incendios, pero irradió letalmente a los sobrevivientes con partículas radioactivas arrastradas desde el cielo cubierto de nubes formadas por las cenizas que se  elevaron con el hongo y las columnas de humo negro y espeso producidas por el estallido. Este fenómeno llamado “lluvia negra” cubrió la ciudad y afectó los depósitos de agua potable y las aguas de los cinco brazos del Río Otha que atraviesan la ciudad, donde murieron todos los peces y a donde acudieron las sedientas víctimas a beber sus aguas envenenadas y a buscar alivio a sus quemaduras.

La radiación causó lesiones y enfermedades desconocidas en ese entonces por la ciencia médica, con síntomas como diarrea, fiebres, náuseas, hemorragias espontáneas, debilitamiento general y más tarde pérdida del cabello, desprendimiento de la piel, aparición sobre las heridas de persistente cicatrización queloide, todas las variedades de cáncer, malformaciones genéticas y finalmente la muerte. Los efectos de la radioactividad se prolongarían en el tiempo, pues sus consecuencias continúan afectando a los descendientes de los sobrevivientes, llamados “Hibakushas”, quienes desde entonces han sido objeto de discriminación y aislamiento ante los temores a las enfermedades hereditarias causadas por la contaminación radioactiva. Aún hoy, ningún japonés acepta de buen grado que uno de sus hijos se relacione o se case con un “Hibakusha”. Durante mi visita a Hiroshima en octubre de 1976, 31 años después de la tragedia, tuve ocasión de visitar un hospital dedicado exclusivamente a la atención de cerca de 700 pacientes permanentes entre internos y ambulatorios, sobrevivientes de la bomba atómica y sus descendientes.

 

Tres días después del ataque a Hiroshima, el 9 de agosto, correspondió el  turno a Nagasaki, donde se utilizó una bomba de diferente diseño, bautizada “Fat Man” (Hombre Gordo), esta vez  formada por un núcleo de plutonio 239 de masa sub crítica, activado por  “implosión” para alcanzar la masa crítica y la reacción en cadena, semejante al atefacto “Trinity”. ensayado el 16 de julio en Los Álamos. La bomba con 20.000 kilotones de potencia, estalló esta vez sobre el suelo, lo que causó cerca de 90.000 víctimas fatales en el momento y provocó mayor radioactividad por su contacto directo con el suelo, las personas y los edificios. Días después, Japón firmó la rendición y se dio por terminada la segunda guerra mundial. Lo demás, es historia.

Poco después, la “guerra fría” surgida en la posguerra impulsaría a las potencias a escalar hacia las bombas de hidrógeno, armas termonucleares o de fusión, que funcionan con temperaturas de más de cincuenta (50) millones de grados Celsius y cuya potencia se mide en millones de toneladas de TNT ó megatones, frente a las cuales los kilotones de las bombas atómicas como las de Hiroshima y Nagasaki se convierten en modestos artificios de pirotecnia navideña. Para tener idea del poder explosivo de una bomba atómica, nuclear o de fisión o de un arma termonuclear, de hidrógeno o de fusión, mucho más poderosa y destructiva, por comparación recordemos que en la madrugada del 6 de agosto de 1956 estallaron accidentalmente en Cali 6 camiones militares de tamaño mediano cargados con 1.053 cajas de dinamita destinadas a obras de ingeniería, con peso total inferior a 50 toneladas, que causaron más de 5.000 muertos, 4.000 heridos y la destrucción total de 8 manzanas. Al lado de la detonación y efectos de un arma termonuclear de un megatón, la explosión de Cali, con todas sus letales consecuencias, equivale al estallido en un vaso de agua, de una modesta sal de frutas.

Por su amplitud e interés, dejaremos el tema de las actuales armas termonucleares, de las que presume y con las que amenaza el impredecible dictador de Corea del Norte, Kim Jong-Un, el “amado líder”, para una oportunidad posterior.