7 de mayo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Mentiras que envilecen

Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
7 de julio de 2017
Por Carlos Alberto Ospina M.
Por Carlos Alberto Ospina M.
Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
7 de julio de 2017

Por Carlos Alberto Ospina M.

La mentira se aprovecha de la buena fe, la desinformación y la ingenuidad del otro, hasta que se desarrolla la capacidad de identificarla por medio de la percepción, la evidencia científica, la pesquisa judicial, la experiencia o simplemente, la imposibilidad de oponer resistencia a la verdad de a puño. Aquel que engaña tiene la destreza sensorial, emocional y cognitiva para utilizar a su antojo, y de forma diferencial, el manoseo. La farsa histriónica puede ser temporal, revestida de mentira piadosa u oficiosa, primer paso a posteriores comportamientos sin limitación de tiempo y lugar. Así mismo, existe la posibilidad de apalear a la condición camaleónica que distorsiona la realidad, tal cual lo hacen algunos medios de comunicación, políticos, fiscales, congresistas, pitonisas, empresarios, guerrilleros, bandidos, funcionarios públicos y corruptos.

“Los hipócritas pretenden ser palomas, políticos, literarios, águilas… Pero no se deje engañar por su apariencia, no son águilas, son ratas”. Antón Chéjov. Ningún modelo de evolución social debería simpatizar con prácticas marrulleras, aunque el artificio parece ser la regla general. El extremismo religioso es una representación de la mentira, porque niega de plano la posibilidad de otra creencia espiritual. Las corrientes políticas e ideológicas intransigentes no buscan el cambio de estructuras sociales injustas, tan solo tratan de implantar una apreciación de mundo que obstaculiza la diversidad. A propósito, los colectivos LGTBI, en varias ocasiones, caen en la supravaloración de la causa, creyéndose con derechos, per se, en relación con su naturaleza de género. Toda interpretación filosófica, religiosa o moral, que apunte a imponerse como la única noción de vida posible, también es un vil artificio.

Del error aprendido está llena la infancia y las estupideces de la adultez. Cada etapa obedece a un procesamiento de información a favor de la mentira y en pro de parámetros culturales y educativos que condicionan la interacción social. Somos prestidigitadores y acróbatas habituales: “No le digas a tu papá que compramos el Xbox. Nos mata, sí sabe que nos gastamos la plata del colegio”, “Oye, ¿conoces a alguien en la Secretaría de Movilidad? Necesito que me borren una multa”, “Gorda, no estás gorda. Te queda divino el legging”, “Amor, hoy te sentí tanto? ¡No te imaginas cuánto!”, “¡Ah, no! La foto no está retocada, es reciente, de 2012”. Ese estilo de argucias, creencias y aprendizajes, motivan al individuo a embaucar en promedio de 1 a 4 veces al día.  Ni el más puritano, ni el más ortodoxo, puede negarlo, hay nociones comunes de la realidad que se construyen con base en una imagen e idea de sinceridad que encaja al dedillo o se intuye, pero que en última instancia no alcanza a percibirse como verdad absoluta. ¡Ahí está el dilema de la subsistencia humana! Magistrados, traicionan la Ley y la naturaleza del deshonesto es el disfraz. Por esto, el cristianismo supuestamente se lava las manos con su sentencia bíblica: “Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. No obstante, el contexto de ese diálogo sagrado en medio de fariseos y prostitutas, centenares de abusadores, lavadores de dinero y pedófilos han permanecido al interior de la iglesia. “Y, si lo hago, mis juicios son válidos porque no los emito por mi cuenta, sino en unión con el Padre que me envió. En la ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos personas es válido. Yo soy testigo de mí mismo, y el Padre que me envió también da testimonio de mí”. Juan 8 NVI –  CST.

La existencia es una obra de teatro, en donde cada quien actúa conforme al papel asignado, los intereses en juego, la disposición personal y el provecho que obtenga de cada escena, sea para bien o mal. De aquí la contradicción, entre los distintos actos: humano, jurídico, positivo, sexual o puro. Es la voluntad, el rol y las experiencias individuales las que determinan cuánto, cómo y para qué mentimos. Muchos casos de éxitos están vinculados con la acción de inducir a error. El ex director de la Unidad de Anticorrupción de la Fiscalía General de la Nación, Luis Gustavo Moreno, pasó la prueba del polígrafo y obtuvo el aval de las autoridades de Estados Unidos, las mismas que ahora lo piden en extradición por presunta conspiración en territorio americano. Félix Antonio Muñoz, alias Pastor Álape, califica los conceptos del Procurador y el Fiscal General en relación con la Jurisdicción Especial para la Paz (Jep) como “un tiro de los violentos contra el acuerdo de La Habana”. La mentira se reviste de vanidad y perjuicio al patrimonio del Hospital La María del municipio de Bello, en cabeza del Contralor General de Antioquia, Sergio Zuluaga, quien no hizo control fiscal ni gestión transparente en el caso de su cirugía plástica aparentemente a cargo del Sistema de Seguridad Social en Salud. Miente más que habla, Santos, cuando afirma que “el poder saca lo peor de las personas”, en referencia a la distancia conceptual con el ex ministro y ex embajador, Juan Carlos Pinzón. ¿Quebranta la norma el Instituto Geográfico Agustín Codazzi con la publicación del nuevo mapa del territorio colombiano? O más bien, es un evento populista del Gobernador de Antioquia, Luis Pérez Gutiérrez, enfrascado en una “firmatón” y acciones legales con fines de estadística electorera.

Ejemplos de manipulación de la opinión pública y de vehemencia en tono de cruzada moral, finalizan en el descrédito, tal como acontece con el ex Secretario de Seguridad de Medellín, Gustavo Villegas, por presunto concierto para delinquir agravado. ¿Quiénes se benefician con la caída de un pilar de la administración de Federico Gutiérrez? “El que no conoce la verdad es simplemente un ignorante. Pero el que la conoce y la llama mentira, ¡ese es un criminal!” Bertolt Brecht.

La naturaleza propia de la expresión corporal, el tono de voz, los gestos, la mirada y la apelación a uno de los cinco sentidos, son estrategias de engaño. ¡De eso, saben los corrompidos! Los rangos varían según la opinión, la persona, la cultura y la época en que la artimaña hace su presencia, abierta o encubierta, en esta sociedad complaciente. La evolución humana y la experiencia vital quebrantan la mentira, así sea piadosa.

Enfoque crítico – Pie de página. En Colombia suceden tantos hechos adversos y antitéticos que podemos encabezar el ranking de los países más embusteros.