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Cuando la sal se corrompe

4 de julio de 2017
Por José Ferney Paz Quintero
Por José Ferney Paz Quintero
4 de julio de 2017

José Ferney Paz Quintero
Abogado Consultor

Inicio esta columna con el pasaje bíblico cuando dice:” Ustedes son la sal de la tierra y si ustedes se corrompen. ¿Cómo evitar que se corrompa el pueblo cristiano?

No se puede ser indiferente y cerrar los ojos ante la situación  presentada en la Fiscalía General de la Nación, donde el director de la Unidad Anticorrupción  es capturado por corrupción, por estar  incurso en un caso de concusión, donde al parecer recibió dineros del ex gobernador de Córdoba Alejandro Lyons, a cambio de actuaciones procesales para favorecerlo en las investigaciones que contra el cursan en dicho organismo.

El grave problema de la corrupción que hace metástasis en los organismos públicos  como privados, es el producto de la debilidad de la justicia por ser laxa, benévola, condescendiente, con los que trasgreden las normas penales, atracan  el erario, al utilizar el soborno,  la coima, el cohecho, el prevaricato, el abuso de las funciones públicas, el fraude procesal, como figuras normales en sus actividades misionales.

Llama la atención las vinculaciones políticas, judiciales, de todo orden, las relaciones al más alto nivel del investigado, con dirigentes nacionales, ex magistrados, precandidatos a la presidencia, con unas credenciales académicas a pesar de su corta experiencia profesional, los cargos ocupados en el sector público, que lo conducen con padrinazgo a bordo  a  ejercer  la dirección anticorrupción, resultando ser  otro más de los tantos que llegan a las posiciones oficiales para buscar afanosamente un enriquecimiento ilegal.

Este mal uso del poder para conseguir ventajas  ilegítimas, en la mayoría de los casos tiene su génesis por la forma  como se seleccionan a los funcionarios de los entes de control y de investigación, donde ingresa no el mejor capacitado, el preparado para el cargo, sino el lobista, el relacionista, el  de las intrigas burocráticas, como pareciera ser con el funcionario de marras, pues no se tiene conocimiento que hubiese llegado por concurso público al cargo, seguramente por ser de libre  nombramiento y remoción  por parte del nominador.

Que sirva este bochornoso episodio como alerta roja que obligaría a tratar con mayor rigor la problemática de la corrupción oficial, eliminándose las injerencias externas para acceder a estas altas posiciones, descolonizando los organismos fiscalizadores, disciplinarios copados por funcionarios de confianza partidista e imponiéndose una especie de “muerte civil“ o la máxima pena a estos malandrines, como una inhabilitación de por vida para ejercer cargos públicos, y de representación popular, duras medidas estas para  tratar de combatir este fenómeno que desangra a cada minuto las arcas del Estado y que puede conducirlo a su  desinstitucionalización.

Lo cierto es, que  con las medidas existentes, donde prima el principio de oportunidad, para muchos de impunidad, la inactividad de los procesos, la  modalidad de los vencimientos de términos, estos abusadores se seguirán burlando de la sociedad y de la justicia, como viene sucediendo en la actualidad, muchos de ellos preparando sus campañas electorales sin rubor alguno.

No será posible combatir la corrupción, cuando el corrupto resulta ser el jefe de un cartel para colocar a la entidad investigadora  al servicio de los intereses de quienes han violentado la confianza ciudadana, que en lenguaje coloquial significa “el ratón cuidando el queso “.

Sirva este episodio para indagar a fondo que otros personajes con gran ascendencia profesional en la estructura judicial, puedan estar seriamente comprometidos en un incorrecto tráfico de influencias por la cercanía que en el  reciente pasado tuvieron  con la alta cúpula  de esta rama del poder público.

Es el compromiso que debe tener con la sociedad sana del país la actual Fiscalía General de la Nación, frente al grado de desconfianza e incredulidad por la que atraviesa  la justicia en el país.

Adenda: A propósito del tema anterior, donde queda “la culpa in eligiendo,” “La culpa in vigilando,” expresiones latinas que traducen como culpa en la elección, y culpa en la vigilancia, que no es más que admitir que debe darse una responsabilidad por parte  de quien lo eligió, nombró, así como responder por los actos que realiza la persona sobre la que tiene un especial deber de vigilancia.

En otros términos, estas figuras jurídicas se extenderían para quienes han omitido tener el debido cuidado en la elección y vigilancia de  la persona que ha ocasionado el daño, en este caso la imagen institucional del  ente investigador y de la trasparencia  estatal en su rama de justicia.

Interesante fuera que estos preceptos jurídicos que se emplean en el ámbito del derecho y, en concreto, en el de la responsabilidad civil extra contractual, tuvieran una aplicación práctica en el campo del derecho público, como  limitantes legales en la escogencia de los funcionarios estatales, que demandaría ponderación, y criterios de selección diferentes a los hasta hoy empleados.

Bogotá,  julio 4 del 2017