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De esperanzas

30 de junio de 2017
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
30 de junio de 2017

Hernando Arango Monedero

hernando arangoEsta semana, por fin, se dio la “dejación de armas” por parte de las FARC. Nuestro presidente, emocionado, nos habló sobre el fin de las FARC como grupo armado, al ser entregadas cerca de 7000 armas, que según criterio de la ONU, son armas funcionales y en buen estado. Ese grupo “desarmado” se reservó para sí unas 700 armas; armas seguramente con salvoconducto de porte o tenencia, para “defender” las Zonas de Concentración. Esas armas, como queda dicho, deben tener los respectivos salvoconductos, porque de lo contrario, estaremos ante un porte de armas que está penalmente tipificado en el Código Penal Colombiano, en sus artículos 365 y 366. De no tener los respectivos permisos, estaremos ante un delito, y si acaso no se castiga este delito, estaremos ante otra disposición arbitraria de los nuevos mandacallares del país.

Pero, se me antoja, que el retener las 700 armas que no se entregaron, con el objetivo de proteger las Zonas de Concentración, es sólo una muestra de la desconfianza que los integrantes de las FARC tienen en las autoridades colombianas. Desconfianza que muestra de qué manera observan ellos el acuerdo y el cumplimiento que le puede dar el gobierno al mismo.

 

Pero como los representantes de las FARC cada que hablan, meten las extremidades, o mejor diría, se muestran como son y nos demuestran lo que los colombianos representamos para ellos, tenemos como ejemplo al señor Alape, quien manifestó ante los micrófonos, luego del acto de “dejación de armas”, que: “este día es importante porque de allí en más, el Estado Colombiano no volvería a atacar con las armas a quienes tienen pensamiento diferente”. Y, me pregunto: ¿Cómo es esto? ¿Quién atacó con armas a los que tienen pensamiento diferente a ellos?

 

No cabe duda, de otra parte, que la “dejación de armas” por parte de las FARC, es un hecho que hay que destacar. Mientras menos fusiles se disparen, habrá posibilidades para que el desarrollo llegue a más colombianos y con ello educación, salud, servicios y vías de comunicación.

 

No obstante, esa paz no se puede alcanzar aún, pues se encuentra perturbada por las disidencias de los bandidos, por las bandas de criminales que buscan afianzar su dominio sobre algunas regiones, aupados por el secuestro, el abigeato, la extorsión, el cultivo de coca, marihuana y demás expresiones delincuenciales que se desarrollan ante la ausencia de las fuerzas del orden en esas regiones. Y es que, convencidos como están,  de que el país está dispuesto a entregar lo que tiene, a cambio de esa paz, no dudan en presionar para obtener para ellos lo que a las FARC se les dio y quizás más.

 

Como  colombianos nos queda el estar alertas a los avances que se den en relación con las concesiones y  entregas a las FARC, para que las mismas no se vuelvan contra las libertades del pueblo colombiano, como quiera que el afán de esos grupos es el poder, no para ejercerlo en beneficio del pueblo, sino de los pocos que de él se apoderen, tal y como se demuestra en los países que han caído en regímenes soportados en pensamientos similares, tal y como se ha dado en Cuba, Venezuela y Corea del Norte en vía de ejemplo.
Y para quienes alaban a los regímenes de los países nórdicos, y los llaman países socialistas, que se desmonten de la idea, porque esos países son capitalistas, de mercado abierto, con libertades y libre empresa, constituidos por ciudadanos disciplinados y exigentes en todos los órdenes. Exigencias que en nuestro medio se denominan excesos de autoridad por lo que nos negamos a obedecer las normas en beneficio comunitario. Del trabajo, del amor a su patria, del respeto y disciplina, desde niños, proviene el bienestar de que hoy gozan.
Nada les ha sido dado gratuitamente a los países que tienen un mayor desarrollo.
Manizales, junio 30 de 2017.