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Cumparsita

Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
23 de junio de 2017
Por Víctor Hugo Vallejo
Por Víctor Hugo Vallejo
Periodista, abogado, Magíster en ciencia política, Magíster en derecho público, escritor, historiador y docente universitario.
23 de junio de 2017

Víctor Hugo Vallejo

Era el estudiante de arquitectura que más muestras de sensibilidad artística daba y por eso los docentes y sus compañeros le hicieron el encargo, de ser posible, de que compusiera una marcha que sirviera de acompañamiento musical para la Comparsa universitaria de 1916, pues la de 1915 había salido muy lucida, pero le faltaba el gusto del sonido, algo que le diera su propia identidad.

Sus compañeros, además, sabían que su hermana estudiaba música y que seguramente le iba a ayudar a sacar adelante el encargo. Se puso a pensar en compases, en ritmo, en golpes de instrumentos que fueran armando un fondo musical elegante para una marcha de estudiantes que desfilaban ante los aplausos del público, recibiendo en sus cabezas los pétalos de las flores que les arrojaban a su paso.

Habló con su hermana de la idea que tenía de lo que podría ser esa marcha y reunidos en muchas ocasiones se sentaban ante un piano, él tarareando y ella tratando de llevar esos compases a las teclas del piano. No fue fácil. El que quería componer no era músico y la que sabía de la materia no sabía exactamente para donde era que iba la idea de su hermano.

Poco a poco con mucha paciencia y durante un buen tiempo, incluso se habla de un año, se fueron sumando los compases hasta que hubo una melodía que se pudo traducir en las notas de un pentagrama que ella escribió con su saber musical. Después de escrita fueron muchas las veces que se sentaron a oirla según las notas guías. En la medida de las interpretaciones se iban haciendo ajustes para darle mayor arraigo al tema, de tal modo que fuese de fácil memoria al oído de quienes llegaren a escucharla. Hubo múltiples ajustes y al final quedó una marcha atangada, como que se escribió en la medida del 2×4, la misma que se utiliza en la confección del ritmo argentino.

La marcha sonaba atangada, pero no era un tango. De tanto oírla interpretar por su hermana, también se dio cuenta de que no era propiamente una marcha. Pero allí había una melodía que atraía. Gustaba. Sonaba bien.

Para el año 1916 trabajaba de planta en el Café La Giralda, en Montevideo, el músico argentino Roberto Firpo. Un día sus compañeros de facultad de arquitectura le propusieron que fuesen hasta La Giralda y le pidieran a Firpo que revisara la canción y si podía le hiciera algunos arreglos.

A Firpo le llamó la atención el ritmo de la canción, pero entendió que le faltaba un poco más de identidad con el tango, pues para él no era una marcha, era lo más parecido a un tango, pero tampoco era un tango. Firpo había compuesto dos tangos en 1906 con los que nunca sucedió nada y se habían quedado prácticamente inéditos. Los recordó. Eran suyos. Tomó algunos compases de “La gaucha Manuela” y “Curda completa”, los ajustó a la composición del joven estudiante que le había llevado la partitura. Esa misma noche la presentó ante el público que de inmediato se enamoró de la melodía. Cuando habló con el estudiante le dijo que si quería que ese tango tuviera éxito comercial, debían firmarlo los dos, porque él no era nadie en el mundo del tango y Firpo era una gran figura. El autor original dijo no. Prefería que se quedara con su elaboración inicial. Que la dejara sin sus pequeños aportes. Firpo cedió y le dijo que era toda suya. Ya no era una marcha. Ya era el tango que se convertiría en el más famoso de todos los tiempos. Había nacido a mediados de 1916 La Cumparsita que todos debemos haber oído, algunos con la capacidad de distinguirla y muchos otros con el mero gusto de saber que allí suena una linda melodía que atrae y puede decir muchas cosas.

El tango más famoso del mundo no es argentino. Es uruguayo. Autoría del estudiante de arquitectura Gerardo Matos Rodríguez, quien había nacido en Montevideo el 18 de marzo de 1897 y murió el 25 de abril de 1948. Fue arquitecto, periodista, músico, escritor, dramaturgo y un hombre sensible a todo lo que fuera arte. Hizo muchas cosas importantes en la vida, pero su primera obra musical lo avasalló y lo sigue llevando por el mundo como un símbolo. Matos hizo muchas cosas más, pero nunca pudo superar la calidad de este tango, con el que se le identifica y el que le dio el nombre que lo llevó por los caminos de la historia.

En este año se habla de que se cumplen 100 años de La Cumparsita, por haberse interpretado el 19 de abril de 1917 por primera vez en el Café La Giralda, en Montevideo, pero numerosas fuentes que se ocupan de la obra y del autor hablan de que efectivamente se interpretó por primera vez, en el mismo lugar, a finales de 1916.

En donde era el Café La Giralda, ahora es el Museo del Tango, uno de los grandes atractivos turísticos en la capital uruguaya. Como en todas las grandes obras no es fácil luchar contra las leyendas que se tejen a su alrededor. Sean 100 o 101 los años que se celebran, lo que trasciende es que de ella se siga ocupando el mundo.

La Cumparsita nació instrumental. Al fin y al cabo su destino era ser una marcha. Y además por entonces el tango era demasiado joven y poco público, pues apenas llevaba un poco más de 20 años como ritmo de baile entre hombres. Las primeras mujeres que lo bailaron eran de los burdeles, donde se agotaba la noche y se consumían los licores en medio de amores pasajeros que muchas veces eran capaces de generar dolor en medio de la alegría, pues no faltaban las falencias del corazón que por andar detrás del simple placer se enamoraban perdidamente de quien ya estaba perdida en la ausencia de dignidad de no ser una dama, en el sentido restrictivo que para entonces se daba a ser dama. El tango era melodía de pocos. Las damas tenían prohibido hasta oírlo. Sólo gozaba de libertad donde el buen nombre desaparecía y se daba mayor importancia a la sensualidad de los gustos mundanos de todo orden.

El tango era para bailarlo. Nada más. Pero finalizando la década del 10 del siglo XX aparecieron los poetas del tango que hicieron de este ritmo la canción y comenzaron a elaborar letras de gran profundidad en la presentación de emociones y sentimientos.

Debe decirse que después de los éxitos iniciales de las presentaciones que de la obra hizo Firpo en Montevideo, el tango se fue diluyendo en la memoria colectiva, a pesar de haber sido grabada en Discos Odeón. El mismo Firpo le vaticinó a Matos Rodríguez que si no le ponían una buena letra, podría fracasar. Y un monstruo de la poesía tanguera, Pascual Contursi, la escuchó alguna vez, le hizo el comentario de la calidad de la melodía a su compañero de trabajo en el teatro Enrique Maroni. Para le época los espectáculos en vivo de teatro garantizaban su éxito si incluían un tango con linda letra. Los dos hombres de teatro la escribieron y se presentó así por primera vez el 6 de junio de 1924 en el Teatro Apolo del gran Buenos Aires. Fue cantado por primera vez por Juan Ferrari. Gustó. Fue aplaudido. La obra se llamaba “Un programa de Cabaret”, que fuera de la calidad del tango, era un bodrio de poca calidad. La mediocridad la sacó de cartelera en menos de dos semanas.

En 1926 la grabó para Discos Odeón Carlos Gardel y de ahí en adelante nunca más se volvió a detener en su carrera triunfante en todos los escenarios donde era escuchada. Se habla de más de 365 versiones que de ella se han hecho.

Matos Rodríguez le había vendido los derechos de la canción a la firma “Breyer Hermanos”, que terminaron por comercializarla de cualquier manera e incluso admitieron letras que no correspondían con la que el compositor había aprobado como la del tango.

Matos Rodríguez no fue muy delicado con la autoría de la letra y terminó por presentar la obra como suya totalmente, por lo que muerto Contursi en 1932, su viuda y su compañero Maroni, disputaron en un largo pleito los derechos de autor, que se sometieron al fallo de un árbitro, que fue nadie menos que Francisco Cánaro, quien determinó que los derechos de autor de La Cumparsita le corresponden el 80% a los herederos de Matos Rodríguez y el 20% a los herederos de Contursi y Maroni, decisión que fue proferida en 1948. Además ya Matos, a través del joven abogado uruguayo Calatayud, había logrado deshacer la desventajosa venta que de sus derechos le había hecho a “Breyer hermanos”.

La Cumparsita ha estado en la banda sonora de 8 películas, de 6 realitis musicales de televisión, en rutinas de famosos gimnastas olímpicos y fue la melodía con la que desfiló la delegación deportiva argentina en los Juegos Olímpicos de Sídney, Australia en el año 2000. Es difícil que alguien no lo haya oído aunque sea una sola vez en la vida. En 1998 el legislativo uruguayo, mediante Ley, la declaró la melodía cultural y popular de ese país. Es una especie de himno de los uruguayos. Y es el tango más popular de los argentinos, que lo tienen como suyo.

La letra que puede llamarse oficial de La Cumparsita, es la de Pascual Contursi y Enrique Maroni, que dice:

Si supieras,
que aún dentro de mi alma,
conservo aquel cariño
que tuve para ti.
Quien sabe si supieras
que nunca te he olvidado,
volviendo a tu pasado
te acordarás de mí.

Los amigos ya no vienen
ni siquiera a visitarme,
nadie quiere acompañarme
en mi aflicción.
Desde el día que te fuiste
siento angustias en mi pecho
¿ decí percanta
que has hecho de mi pobre corazón?

Sin embargo
yo siempre te recuerdo
con el cariño santo
que tuve para ti.
Y estás en todas partes
pedazo de mi vida,
y aquellos ojos que fueron mi alegría
los busco por todas partes
y no los puedo hallar.

Al cotorro abandonado
ya ni el sol de la mañana
asoma por la ventana
como cuando estabas vos.
Y aquel perrito compañero,
que por tu ausencia no comía,
al verme solo el otro día
también me dejó.

Pero hay otras letras y existen grabaciones con ellas, de otros autores que tienen la misma melodía y que fueron objeto de litigios en tiempos pasados. Esas letras se conservan más como parte de las leyendas que alrededor de este tango se han tejido. A manera de curiosidad se reproducen algunos fragmentos de ellas:

Una que se atribuye al propio autor de la música, Gerardo Matos Rodríguez, que comienza:

La cumparsa
de miserias sin fin desfila
en torno de aquel ser enfermo
que pronto ha de morir de pena,
por eso es que en su lecho
solloza acongojado
recordando el pasado
que lo hace padecer.

Abandonó a su viejita
que quedó desamparada
y loco de pasión, ciego de amor
corrió tras de su amada
que era linda, era hechicera
de lujuria era una flor
que burló su querer
hasta que se cansó.

También está la letra de Alejandro del Campo, que dice al comienzo de la canción:

Allá viene
alegre y muy bullanguera
La cumparsita callejera
alborotando el barrio ya,
los chicos de las casas salen
sonríen las viejitas
ahí va la cumparsita
besando el arrabal.

Soñando están las pebetas
al pasar la cumparsita
ser también la vocecita
de un estudiante locuaz.
Los muchachos se divierten
con chistes y pantomimas
y las chicas, al ver
La cumparsita ir,
ven su amor alejar.

También Augusto Mario Delfino hizo una letra que comienza así:

Cumparsita
emoción de la infancia
cuando
los días eran lindos
siempre
aunque estuviera gris
el cielo.
Cumparsita, alumbrada
de gritos y cantos
formada por muchachos
que hoy casi viejos son.

Estremecías la calle
con tu paso candombero
poniendo en tu visión
honda y cordial
algo de duelo.
Era el tiempo que se iba
lo que nadie atajará
el minuto fugaz
la triste sensación
de lo que nunca volverá.

En inglés Olga Paul también hizo una letra de La Cuimparsita, que traducida por Roberto Selles, dice al comienzo así:

Me atormenta
la máscara fatal
que hoy llevas.
Más es solo un disfraz
a medias
pues tu adorada faz
tras ella
reconocí al mirarte y así
te ruego que consueles mi mal
¿por qué torturas mi corazón
con tu cruel antifaz?

Si tu rostro descubrieras
al ver el fuego de tus ojos
tus labios de rubí
y junto a mí
tu faz, seré dichoso.
Ven conmigo que en el prado
oirás la voz del corazón
bajo este cielo azul
decir que siempre fiel
por ti será mi pasión.

Sean 100 o 101 los años que ahora se celebran de La Cumparsita, ese tango sigue siendo el mismo, porque por encima de todo se distingue por la melodía y es más lo que se oye instrumental que cantado. En sus compases hay ilusiones, se anidan tristezas, se tejen sueños y tantas nostalgias de esas que se alojan en las emociones cuando se tienen 20 años. Un tango universal que vale la pena volver a oír. Que sea un motivo¡