11 de mayo de 2021
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Coscorrones… y varios

27 de junio de 2017
Por Rodrigo Pareja
Por Rodrigo Pareja
27 de junio de 2017

Por Rodrigo Pareja

La primera  lección que recibe un estudiante de periodismo es que si un perro muerde a un hombre no es noticia,  pero si es el hombre el que muerde al can, ahí sí la cosa cambia y se convierte en un  hecho singular digno de ser divulgado.

Guardadas las debidas proporciones con el símil, los medios de comunicación se explayaron en cubrimiento y análisis de un episodio común y corriente entre un poderoso y un subalterno: la humillación del primero hacia el segundo, prevalido de su poder y prepotencia

Ya habrán adivinado los lectores que se trata del famoso coscorrón propinado por el entonces vicepresidente de la república, Germán Vargas Lleras a su escolta, Gabriel Ahumada, por cualquier descuido u omisión del subalterno durante una visita que el arrogante funcionario hacía al municipio de Ciénaga de  Oro.

Lo contrario, coscorrón de escolta al vice, sí habría sido noticia y merecido todo el despliegue de cuartillas e imágenes que se le dio al suceso por  parte de  los medios de  comunicación, que pasaron casi todos de agache frente a  la verdadera situación de Vargas Lleras: La de haber adelantado,  en forma descarada aprovechando el  cargo oficial,  su campaña en busca de  la presidencia de la república. Ese  si fue un coscorrón pero a la neutralidad y el equilibrio que debía mantener como empleado público.

Al fin y al cabo  experto en coscorrones,  el ilustre nieto acaba de propinarle otro – aunque no físico pero sí real —  al recién estrenado director de su partido Cambio Radical, Jorge Enrique Vélez García,  al desautorizarlo públicamente y poner en entredicho lo que éste había declarado.

El único candidato que tiene el aval  – palabra  nefanda y tabú en ese grupo político – es Germán Vargas Lleras, declaró  el director de su partido, pero el aspirante de inmediato rechazó tal supuesta ventaja y negó haberlo pedido. Desautorización plena y concreta, equivalente a contundente coscorrón.

Y como la pelea es  peleando entre la desprestigiada fauna política colombiana, el último encuentro, no a coscorrones sino a pura trompada, lo protagonizaron el ex  presidente César Gaviria y el senador,  Juan Manuel Galán, quien piensa que  la reciprocidad obliga en este caso está escriturada a su favor.

El puso Presidente en medio de su capricho-berrinche después del asesinato de su padre,  y ahora pretende que el favorecido de entonces le devuelva el favorcito y lo lleve en coche al Palacio de Nariño, de pronto – entre otras cosas —  para mantener la munificencia estatal que le ha permitido a los pobres huerfanitos del político asesinado recibir ingentes recursos a lo largo de los últimos años por cuenta de todos los colombianos.

Ante la no manifiesta inclinación de César Gaviria por su nombre, el vástago aspirante se dejó venir con la insólita propuesta de proponer al imberbe David Luna como director del partido liberal en oposición al veterano ex presidente,  en una carambola a tres bandas que serviría para frenar aspiraciones y futuro de otro delfíncito que aunque haya dado muestras de no saber leer, tendrá que sufrir  el  país: Simón.

En la historia de Colombia no se encuentra otro apellido más productivo ni personas que hayan sabido explotarlo tanto, hasta el punto de haber conseguido en los años recientes, contratos del Estado por un valor superior a los $114 mil millones de  pesos, sin que hasta ahora se sepa  el resultado o dividendo de tamaña tajada.

A propósito algunos incrédulos y pesimistas irreductibles, reflexionan si en realidad Colombia habría sido una Jauja en manos de Luis Carlos Galán, o si no hubiera ocurrido lo que ocurrió en Soacha, hoy  estaríamos padeciendo otro ex  presidente estorbo de  la  misma calaña de los que abundan.

TWITERCITO. A los analfabetas se les  permite firmar con una cruz. Quedaron que ni mandados a hacer para signar por la candidatura del inquisidor.