28 de mayo de 2022
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Evelio Giraldo Ospina

Cosecha de ateos

Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
28 de mayo de 2017
Por Óscar Domínguez
Por Óscar Domínguez
Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
28 de mayo de 2017

Óscar Domíngue Giraldo

Crece la audiencia de ateos. Cada día salta otro al ruedo. Son tan encopetados los que salen del clóset teológico que ganas dan  de sumarse al colectivo.

Si hasta provoca comprar pedacito de tierra en el cementerio de Circasia, Quindío, donde la leyenda dice que los entierran parados para el largo viaje.

En un tiempo metían miedo los masones. El mero sustantivo provocaba huir despavoridos. Había que cambiar de acera si se aproximaba alguno. Hoy son parte del paisaje. Como los ateos. O los católicos, esa mayoría religiosa que en Colombia se pelea a mordisco limpio el Corazón de Jesús y el Niño Jesús.

Borges se las traía como ateo. Rezaba el rosario “porque se lo prometí a mamá”, le confesó alguna vez al teatrero español, Fernando Arrabal. Borges también dijo que un dolor de muelas era la prueba más contundente de que Dios no existe.

Al ateísmo lo puso de moda Alejandro Gaviria, ministro de Salud. Se quita el chicharrón de la boca para proclamar su pacífico ateísmo. No lo hace porque alguien tiene que llevar la contraria, como lo proclama el título de su libro, sino por convicción.

Gaviria se declaró “ateo manso”, de la misma cuerda de Héctor Abad, sobrino nieto del arzobispo de Medellín, Joaquín García Benítez.

Y como los extremos se juntan, ateo nada manso es el escritor Fernando Vallejo, quien acaba de sorprender con el mismo libro de siempre pero distinto.

Ateo de amarrar en el dedo gordo es Álvarez Gardeazábal, quien tiene listo el epitafio para su parcela en Circasia: Cóndores no entierran todos los días. (“Llego al ateísmo por racionalizar mis lecturas y compaginarlas con mi imaginación”, comentó).

Humberto de la Calle no es ateo vergonzante, sino algo clandestino. Llegó al ateísmo por la vía del colegio de Nuestra Señora, de Manizales, donde estudió.  Está por ver cómo votarán los “locolombianos” en unas elecciones que incluya a un ateo en el menú de opciones.

Una vez se decanten las candidaturas, y si clasifica el exvicepresidente caldense, vendrá la artillería pesada contra el gremio de los descreídos. Alejandro Ordóñez, el  exprocurador de cargaderas afila la puntería. Ya le acusó las cuarenta a su tocayo el ministro. (Claro que más vale ateo mano en mano que cien exprocuradores volando y atropellando derechos de las minorías…).

El economista y columnista Salomón Kalmanovitz, de la tribu de Abraham, es de la cofradía. Lo contó en su columna de El Espectador.  Mauricio Pombo, también columnista y alemanólogo, se declaró ateo gracias a Dios y a sus mentores benedictinos que lo educaron en el respeto a las diferencias.

Los agustinos recoletos de Manizales trataron de desasnarme. Por eso creo que no me «luce» ser ateo.

Este aplastateclas a veces despierta ”aceptablemente” ateo. Se me quita el escepticismo  cuando me trepo a un avión. Por ahí rueda esta plegaria mía: “Señor, si existes,  – y sospecho que sí- apiádate de este ateo de días impares”.

A veces pienso que los ateos son acaparadores que creen en todos los dioses. Dios los perdonará, “es su oficio”. Dicen.