28 de mayo de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Amansadora de zapatos

Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
8 de mayo de 2017
Por Óscar Domínguez
Por Óscar Domínguez
Fue director de Colprensa y ha sido corresponsal de Radio Francia Internacional y de la DW (Voz de Alemania).
8 de mayo de 2017

Óscar Domínguez Giraldo

Una de las mujeres más ricas del mundo jamás estrena zapatos. No va con ella el verso del Tuerto López que exalta el amor que uno les tiene a sus zapatos viejos.

Tal vez cuando Shakespeare escribió: “Fragilidad, mujer te llamaría” pensaba en los delicados pies de la que sería Isabel II de Inglaterra. En el adn de los poetas hay mucho de arúspices.

Si los jugadores de cartas pagan por ver, su graciosa majestad paga para que una súbdita amanse los “pinrieles” que se pondrá.

Por ejemplo, los que calzará en el jubileo del 3 de junio cuando estará celebrando 60 años de haber asumido.

En las lecturas disponibles para redondear estas líneas no encontré el pliego de condiciones para aspirar al cargo de amansadora de zapatos de la mujer cuya fortuna el London Time Rich List calcula entre 500 y 600 millones.

Sin contar chichiguas por palacios como los de Balmoral y Buckingham, su colección de joyas, pieles, bienes raíces, sombreros, acciones y sementales equinos. Como están las cosas en la aldea, a lo mejor la reina escoge a dedo a la agraciada.

Los ingleses están enredados con lo del brexit, pero tienen claro que no está bien que unos pies frágiles, soberanos, menudos, primermundistas, hechos para no hacer nada, sufran los horrores de la estrenada de unos zapatos.

Por primera vez lamenté no haber sido mujer para acariciar siquiera la posibilidad de “aplicar” a esa real chanfa.

Me parece ver a la plebeya elegida caminando por los salones de Buckinkham hasta dejar los zapatos suaves como nalga de bebé.

Felizmente, hay un codiciado empleo reservado al varón domado. No se necesita ser egresado de Cambridge u Oxford. Tampoco entender las fórmulas de la relatividad ni de la felicidad de Einstein: A (felicidad)= x + y + z ( en la que x es trabajar, y, jugar, y z callarse).

Suficiente acreditar la condición de hombres porque el funcionario está adscrito al despacho del príncipe Carlos quien “se marchita” esperado su turno.

Describamos ese arduo destino para los interesados en hacer  llegar el currículo: Es el encargado de poner el dentífrico en el cepillo de dientes del marido de doña Camila. Lo informó en su momento la circunspecta BBC de Londres.

¿No es una delicia ser reina o príncipe de “la pérfida Albión” para contar con este séquito de empleados?