28 de mayo de 2022
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 Por una reforma política seria y eficiente

Abogado, analista y columnista de opinión en El Espectador, Revista Semana y Eje 21.
6 de abril de 2017
Por Uriel Ortíz Soto
Por Uriel Ortíz Soto
Abogado, analista y columnista de opinión en El Espectador, Revista Semana y Eje 21.
6 de abril de 2017

Comunidad y Desarrollo

 uriel ortiz

Aumentar el número de congresistas como lo está proponiendo la Misión Electoral Especial, es la peor bofetada para los colombianos, que miran horrorizados cómo con tal decisión lo único que se proponen es fomentar el caciquismo, el clientelismo, la politiquería y la corrupción.

Es vergonzoso en un País como Colombia, que se debate en medio de las dificultades político administrativa, se pretenda echarle más gasolina a la hoguera, aumentando el número de congresistas, cuando sus actividades desde siempre han estado en el ojo del huracán.

No tiene ningún sentido que esto ocurra, puesto que si las Farc se van a lanzar a las plazas públicas a hacer campaña política, para conquistar curules, pués que lo hagan en franca lid con los demás grupos y movimientos políticos.

Es conveniente recordar otros tres puntos básicos que deben ser incluidos en la reforma política, puesto que hacen parte del inconformismo nacional y por lo tanto deben ser tenidos en cuenta en la reforma:

1º- Congresistas, diputados y concejales, no deben  ser reelegidos por más de una vez, eso de atornillarse en las curules, estilo Roberto Gerleín Echavarría, entre otros en el Congreso de la República-, por casi cincuenta años, además de vergonzoso genera tentáculos de: gamonalismo, clientelismo y malas mañas.

2º- Los sueldos, salarios y emolumentos de los congresistas y diputados, deben ser revisados ajustándolos a sus justas proporciones, y no permitir que las curules se conviertan en el trampolín para jubilarse con jugosas pensiones.

3º- Las demandas de los elegidos: cuando a un gobernador, alcalde, congresista, diputado o concejal, le sea demandada su curul, los gastos de reposición de las campañas, deben quedar en suspenso hasta tanto se falle el proceso de inhabilidad o incompatibilidad.

Por lo demás la reforma política que se está debatiendo en estos momentos con el fin de implementar el proceso de paz y acabar con la corrupción y vicios políticos,  aún no la conoce el País, da la sensación que no es más que un sofisma de distracción y que cada gamonal político, está trazando sus derroteros para continuar capando curul en nombre de nuestra sufrida democracia y el pacífico Publio colombiano.

El sitio adecuado para hacer la reforma política que el País angustiosamente viene reclamando desde hace varias décadas, no es la ciudad heroica; debe hacerse en el Congreso de la República, recinto de nuestra democracia, con la participación de todos los sectores: Educativos, sociales, económicos, campesinos, industriales, comerciales, religiosos y políticos.

En el común de los ciudadanos cunde el temor por la tan cacareada reforma política, puesto que hasta la fecha quienes conforman la comisión que redacta el proyecto, no pasan de ser unos ilustres desconocidos y ni siquiera se han dignado convocar a las diferentes organizaciones interesadas en el debate, para que opinen y aporten ideas sobre el particular.

Desde ahora se  presagia que tan vital instrumento democrático para recobrar la confianza y credibilidad en nuestras instituciones y la actividad política de nuestro País, acabar con la corrupción que nos tiene acorralados; no pasará de ser todo un fiasco, con unos partidos políticos que pese a encontrarse descuadernados y desprestigiados, buscarán en esta oportunidad la forma remozarse y reacomodarse, para continuar dando rienda suelta a los abusos de poder, a las componendas politiqueras para seguir conduciendo nuestro País por los tenebrosos despeñaderos de la corrupción y del desprestigio.