22 de mayo de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Miedo, nerviosismo, e impotencia.

Por Esteban Jaramillo
12 de abril de 2017
Por Esteban Jaramillo
12 de abril de 2017

Por Esteban Jaramillo Osorio. 

Lleno de dudas, acosado por los aficionados y nervioso en el rendimiento, el Once Caldas no encuentra líneas de juego que mejoren su producción. Faltan entendimiento y equilibrio; saber  actuar con la pelota y sin ella; no están los resultados por la ausencia de gol  y la grada no oculta su inconformidad.

El director Técnico, elude la responsabilidad. «Este muerto no lo cargo yo». Sus jugadores lo apoyan de palabra, pero no en los hechos. Correr, si, seguro, con un espíritu fogoso pero confuso.

No hay pizarrón. ¿ Hay ideas?

El único que las aporta, Michel Ortega, se diluye por falta de zonas libres para sus  delanteros. Estos no las crean y cuando se dan , no las atacan con desmarques al espacio o movimientos de ruptura. No saben por donde y como moverse porque no entienden bien el juego y no hay quien les enseñe a comportarse. Desesperado, el volante Costeño, levanta las manos y con ellas indica a sus compañeros cómo hacerse visibles para el pase, pero, por lo anunciados los movimientos, permite el anticipo del  rival.

Sus defensores son abonados al choque y a la pérdida de los duelos individuales, especialmente,  en velocidad. No hay concentración.

Carece el Once de un hombre en ofensiva que resuelva los problemas ante el gol. Cesar Arias, artillero actual del torneo, fue malogrado por la errónea ubicación, e incomprensión, antes de ser despedido por orden del entrenador. Justo es decir que no tenía buena conducta disciplinaria. En el caso actual,  equivalen a un insulto cinco minutos para mostrar su clase a Mateo Cardona, y 57 a Cure para su fútbol improductivo de resbalones, estrellones y disparos a la tribuna. Esa forma  relevante e inmadura del jefe  técnico, de pasar factura por algunos roces menores con su dirigido, en perjuicio del plantel.

Si la solución, como mensaje positivo que alivie las tensiones es   licenciar al entrenador, con tantas razones de por medio, tardía se ve la  reacción de los dirigentes. Esa pasividad en las decisiones de fondo, es la que agota la paciencia en las gradas.

Respecto a la invasión del campo, por el ala violenta de Holocausto en conducta reprochable, no puede ser la manera  indicada para protestar. Esa actitud agudiza la crisis y proyecta un caos general, lo que aleja la perspectiva para un mejor mañana. Con el pánico como eje circunstancial de vida  en los  futbolistas, no hay forma de  pedirle un mejor rendimiento al equipo y cada día la situación será peor.

Lo peor de la violencia, como se vio el viernes pasado en la tribuna occidental,  es ser aplaudida por las gentes de bien.