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Los demás

18 de abril de 2017
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
18 de abril de 2017

Hernando Arango Monedero

hernando arangoNo es raro, mejor diré que es lo común, el que la queja de nosotros, los colombianos, sea por razones vinculadas al comportamiento de los demás. De esa manera las catástrofes, como de Mocoa recientemente, es un problema derivado de la acción o inacción de los demás. Finalmente, Mocoa está muy lejos, y allá talaron la montaña: unos para sacar oro, los otros para sacar la madera, los de más allá para sembrar pastos y, los que quedaron, para sembrar coca. Pero el problema siempre estuvo radicado en los demás, esos seres que no conocemos, o que decimos no conocer, pero que actúan de esa manera en el Putumayo, así como lo hacen en la vecindad de nosotros. Y, esos, los demás, como en el caso traído a cuento, son los que debieron hacer algo para que las cosas no se dieran.

El gran problema es que esos, los indeterminados, actúan con la facilidad que lo hacen por la simple razón de que otros, esos otros, que no son otros diferentes a nosotros, permitimos que actúen a sus anchas. De esa manera, los malos gobernantes se instalan porque no nos ocupamos de actuar en la época de elecciones e instruir a quienes con nosotros actúan a cada día. Y, elegidos por los más, que en nada se ocupan por las cosas que nos atañen, realizan todo tipo de tropelías, y disponen a su arbitrio sin que haya quien les llame la atención y les exija el cumplimiento de sus deberes. Deberes que les son propios a ellos, a los que se comprometieron a hacer las cosas bien, a sus seguidores. Deberes que también recaen sobre quienes viven, observan, se enteran de lo que en su respectiva región se hace. Es de uso que queramos endilgar la responsabilidad de lo que se sucede a los demás, cuando el actuar de los demás depende, en su libertad, de lo que como ciudadanos cada uno de nosotros permita que se realice.

Y, déjenme insistir en que, de nuestro interés en las cosas que nos son comunes, depende la marcha y buena gestión de los que se postulan para los cargos de representación, gobernó o justicia. El cuento de que los políticos son unos zánganos, unos corruptos, unas porquerías, sólo es la manifestación de que quienes les elegimos poco o más hacemos por exigirles dignidad en su actuar, en su diligencia. Y cuando nosotros no les exigimos el cumplimiento de su deber, caemos en los mismos pecados que pretendemos condenar en ellos. Ah! Que es el gobierno, llámese Presidente, Alcalde o Gobernador, pues si la sociedad exige, tendrá que ser un comprometido cumplidor de su deber. Igual, si se trata de Magistrados o de jueces en general, ellos tienen que saber que la comunidad que les rodea les exige comportarse con la altura que de su dignidad se espera.

Pero no! En nuestro país las culpas se pasan de uno a otro y la exigencia da vergüenza en su intensidad y complacencia. Acaso: ¿el Procurador saliente consiguió ser elegido a cambio de posiciones para relacionados (parientes) de los magistrados que finalmente votaron por el? Pues si acaso fue así, ¿Cuál la razón para que los magistrados no hayan sido desvinculados por corruptos? ¿Y que decir de aquel magistrado que violando normas de tránsito recorrió la ciudad de Bogotá por una vía que de uso exclusivo para Transmilenio? ¿Y que pasó con aquel presidente de la Corte que facilitó su vehículo a su hijo para que fuera usado en actividades no propias a ser desarrolladas en la vía pública? ¿Y dónde está nuestra queja contra el comportamiento del Congreso cuando en nombre de los colombianos aprueba un Acuerdo que había sido negado pocos días antes en el plebiscito? ¿Y que se le exigió al Presidente?

Así, sin más y sin menos, la corrupción campea en nuestro país. Esa corrupción que adjudicamos a los demás, es cohonestada por nosotros cuando no denunciamos, cuando pagamos para que el trámite sea rápidamente despachado. Cuando le brindamos el saludo a quien no se ha comportado debidamente en el ejercicio de la función que se le ha encomendado. Otro gallo cantaría si todos, absolutamente todos, fuéramos guardianes del pedazo que nos toca y un poco más allá. Ese ser vigilantes de lo nuestro, es participar en política, es participar en nuestro destino.
Manizales, abril 10 de 2016.