17 de mayo de 2022
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Hay mucha hipocresía…

13 de abril de 2017
Por Mario García Isaza
Por Mario García Isaza
13 de abril de 2017

Mario García Isaza 

mario garciaMucha hipocresía. Es lo menos que puede decirse de unos cuantos columnistas que, en los órganos de opinión subyugados al gobierno ilegal de Juan Manuel Santos, se han rasgado las vestiduras porque en una de las  multitudinarias marchas que expresaron el rechazo del pueblo colombiano a quien sigue detentando el poder ilegítimamente y a su “acuerdo” , también ilegal, con el grupo criminal de las FARC, hizo presencia Popeye, el sicario confeso que ahora pretende convertirse en dirigente y líder.

Tienen razón, no fue bueno que él apareciera como uno de los promotores de la marcha. No tenía autoridad moral alguien con una historia ignominiosa de crimen, como es la suya, para convocar a una manifestación que era un grito contra la ilegalidad, contra la violencia, contra la “cultura” de la muerte que encarna el grupo sedicioso, y contra la corrupción que carcome, desde hace mucho tiempo pero en la actualidad más que nunca, la sociedad colombiana. Y a mi modo de ver, hubiese sido mucho mejor que los verdaderos promotores de las marchas hubieran tomado distancia, claramente, sin ambages, de ese siniestro personaje.

Pero…. Popeye carga sobre sus espaldas la responsabilidad de centenares de asesinatos; los ha reconocido. Fue agente eficaz del mercado maldito del narcotráfico, que tanto daño le ha causado a la patria. Por esos crímenes pagó veinte año de cárcel; una pena muy pequeña para la magnitud de la culpa. En virtud de nuestro muy débil y discutible sistema penal, está libre. No debería estarlo. Todo eso es cierto. Pero más cierto aún es que los dirigentes de las FARC son responsables,  no de centenares sino de miles de asesinatos; que muchísimos de los cometidos por ellos tuvieron características de sevicia infinitamente mayores; que han cometido mil veces otros crímenes no menos nefandos, como el secuestro, la tortura, el comercio con vidas humanas, las violaciones, el reclutamiento de menores de edad… ; que no han abjurado de ellos ni los han reconocido, como Popeye; que han sido y siguen siendo el cartel de narcotráfico más grande y más rico del mundo entero; que a ellos, con la complicidad abyecta y deshonrosa del gobierno actual, se debe el hecho lamentable de que Colombia sea hoy  el emporio mundial de la coca; que han destruido, en su insensata carrera de violencia, la infraestructura del país y su naturaleza. ¿ Porqué, entonces, los periodistas de marras  ponen el grito en el cielo porque Popeye participa en una marcha, y no lo hacen ante el hecho aberrante de que a esos criminales no solamente se les garantiza ahora que no pagarán una hora de cárcel y que estarán blindados contra toda posibilidad de extradición, sino que se les ofrecen curules en los estrados legislativos sin ser elegidos,  se les asigna un jugoso sueldo sin ganárselo,  se les brindan condiciones de vivienda y de atención a la salud que una inmensa cantidad de honrados colombianos no tienen,  se los protege contra la que debiera ser acción de las fuerzas legítimas de la nación,  se los erige en algo así como próceres de la patria,  se les acepta una forma de “justicia” hecha a su medida para que tengan absoluta impunidad y quienes los han combatido sean condenados,  se les entregan unos cuantos pedazos del territorio para que en ellos establezcan sus fundos independientes,  se prohíbe todo sistema eficaz para destruir sus cada día más extensos cultivos malditos,  a más de un millar de ellos se los arma para que, con sueldo oficial, escolten en adelante a sus jefes,  se los acepta y sitúa como los interlocutores con quienes se diseña el estado del mañana ? Definitivamente, ¡ hay mucha hipocresía !