27 de junio de 2022
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El delirio populista de Trump

27 de febrero de 2017
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
27 de febrero de 2017

 albeiro valencia

El nuevo inquilino de la Casa Blanca vivió el primer mes como presidente en medio de las protestas de millones de personas, en Estados Unidos y en otros países. En las principales ciudades estadounidenses rechazan sus medidas, mientras que en el campo creen que esta nación será grande, de nuevo. Ya no es un país dividido sino fracturado. Por ejemplo, mientras el alcalde de Nueva York y el gobernador de California defienden la política de recibir inmigrantes, el país rural lo considera como el líder que los va salvar de la globalización, de los políticos corruptos y de la amenaza del terrorismo. Trump aprovecha la división, y se defiende con astucia; por eso siguió en campaña política y conmemoró el primer mes con un gran mitin en Florida, ante nueve mil personas, donde acusó a los medios de ser los productores de noticias falsas.

La prensa lo hizo grande

Todos recordamos que los medios lo hicieron famoso y, aunque no tenía experiencia como candidato, contribuyeron a divulgar sus mensajes populistas contra la clase dirigente tradicional instalada en Washington, causante de la crisis económica y social; pero también le ayudaron a difundir el fundamentalismo religioso y el patrioterismo, así como la rabia, la indignación y el desespero de los blancos empobrecidos. Los medios se encargaron de exaltar su imagen, popularizaron el estilo para comunicar, el movimiento de las manos, la expresión corporal, las muecas, los gritos y el discurso agresivo. Desde que inició la campaña política salía permanentemente en periódicos, revistas, en la televisión, y solo invirtió 10 millones de dólares; así llegó a las primarias republicanas.

Fue en este punto cuando los medios se asustaron, porque entendieron que los discursos y mensajes dividían al país y que no estaba capacitado para ser presidente de la nación más poderosa del mundo. Habían creado un monstruo, pero ya era demasiado tarde; los grandes medios lo rechazaron y apoyaron a la candidata demócrata, Hillary Clinton, sin embargo Trump encontró en internet la vía directa para instalarse en el corazón de medio país. Y llegó a la presidencia de Estados Unidos gracias a las redes sociales, donde halló una audiencia ilimitada; entendió que si posteaba un trino desde su cuenta de Twitter o colgaba un video, miles de personas lo replicaban y convertían en tendencia.

El poder de las redes

Antes de llegar a la Casa Blanca tenía 5,6 millones de seguidores, pero el primer día en la Presidencia le dijo su vocero, Sean Spicer, que el uso de las redes sociales sería una parte muy emocionante de su trabajo, “va a ser algo que no hemos visto antes”; y no le faltaba razón. Hoy tiene 25 millones de seguidores y utiliza frecuentemente la cuenta corporativa de la Casa Blanca para retuitearse así mismo y, de este modo, consigue amplificar su mensaje y darle credibilidad.

El responsable de la “revolución” que Trump produjo en las redes sociales es Justin McConney, quien le empezó a colaborar en el programa de Miss Universo (2009) y después se convirtió en su mano derecha en lo que tenía que ver con plataformas digitales. Aconsejó a Trump para que trinara por lo menos cinco veces al día, pero que lo hiciera de tal manera que produjera cercanía con la gente.

De acuerdo con la cadena CNN el multimillonario empezó a colonizar la red hace 20 años, “para proteger su marca y para protegerse de sitios que quisieran calumniarlo”; como consecuencia encontró en la web un negocio y hoy es dueño de 3.643 dominios en internet, muchos de ellos  de detractores, porque como lo explica Amanda Miller, portavoz de Trump Organization, “la ciberocupación, la publicación de contenido falso y el uso de nombres negativos de dominio es un asunto serio al que se enfrentan todas las compañías grandes en el mundo” (El Espectador, febrero 24, 2017). Con este manejo de la web Trump se puede dar el lujo de despreciar a los medios tradicionales que le hacen oposición porque tiene un público cautivo a través de Facebook, Instagram, Youtube, Vine y Periscope.

En su discurso ante la Conferencia Anual de Acción Política Conservadora (24 de febrero) afirmó que su país volverá a imponer su poderío militar gracias al aumento del gasto en defensa. Dijo que “nadie se meterá con nosotros”; fue una contundente proclama nacionalista. Aprovechó el espacio para golpear a los grandes medios de comunicación a los que llamó “deshonestos”, “enemigos del pueblo” y “divulgadores de noticias falsas”. Poco después la Casa Blanca vetó el ingreso de nueve grandes medios de comunicación a una sesión informal del portavoz presidencial, Sean Spicer, en el ala oeste de la Casa Blanca; como gesto de solidaridad no asistieron la revista Time y la Associated Press.

Ante la crisis por la que atraviesa Estados Unidos se está organizando un gran movimiento, conformado por intelectuales, artistas y periodistas, preocupados porque Trump amenaza la Constitución y los derechos civiles, pues ve a su país como una empresa privada.