26 de junio de 2022
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El regreso de ‘El Diablo Cojuelo’

28 de enero de 2017
28 de enero de 2017

Contraplano

cadavid

Por Orlando Cadavid Correa

Celebramos con vivo entusiasmo el regreso de ‘El diablo cojuelo’ al periodismo caldense, 47 años después de su irrupción en el oficio que nos tocó en suerte.

Eramos muy jóvenes en el desempeño de la reportería cuando lo vimos debutar una mañana, a través de La Patria, y desde su primera entrega (que nos tomó por sorpresa a todos) se abrieron las apuestas a ver quién desenmascaraba primero al formidable columnista que se esfumó dos años después, como por arte de magia, tras la tempestad electoral de 1970. Nadie logró dar con su nombre de pila. Su seudónimo era el secreto mejor guardado en el diario de los Restrepo que dirigía el escritor y periodista Arturo Gómez Jaramillo, homónimo del tambor mayor de la Federación Nacional de Cafeteros.

Su nacimiento en letras de molde (ocurrido muchos años antes de que emergieran las mágicas redes sociales que vendrían a revolucionar las comunicaciones del mundo)  coincidió con la ardorosa campaña política  que apuntaba a suceder al presidente Carlos Lleras Restrepo en el Palacio de San Carlos. El mandatario bogotano jamás estuvo dispuesto a entregarle el poder al ex dictador boyacense, aunque lo ganara en franca lid.

La situación se le había puesto color de hormiga al candidato frentenacionalista Misael Pastrana Borrero porque la imposición de la Casa Ospina desembocó en una división de peligrosas repercusiones  en el Conservatismo.

silvio villegas
Silvio Villegas

Para tratar de capotear la crisis, en Caldas, se desplazó de Bogotá a su natal Manizales el “Leopardo” Silvio Villegas, quien retornaba a sus pagos a enfrentar a sus coetáneos que habían decidido acompañar masivamente al candidato disiente Belisario Betancur, facilitándose el triunfo al general Gustavo Rojas, el fundador de la Anapo.

Para su regreso a las lides periodísticas, casi medio siglo después, ‘El diablo cojuelo’ optó por revivir su caldera hirviente de deliciosas crónicas políticas en el diario digital Eje 21, de Manizales, donde comienza a cosechar lectores, como los logró en sus mejores épocas, en el matutino conservador de la céntrica carrera 20, a un costado del Palacio Amarillo, con el entusiasta auspicio del senador y jefe conservador  José Restrepo Restrepo. A propósito: en el desaparecido café “El Polo” (el vaticano del chisme manizaleño)  llegó a decirse que el señor Cojuelo era el mismísimo dueño del único matutino de la ciudad.

Procuramos establecer con Don Google los orígenes de la denominación “El diablo cojuelo”y nos remitió a la obra del escritor español  Luis Vélez de Guevara:

“El diablo cojuelo es un demonio socarrón y juerguista recogido en la tradición oral y literaria de Castilla. Es un personaje legendario de la tradición castellana. Es un diablo al que, lejos de ser una forma maligna, se le representa como el espíritu más travieso del infierno, trayendo de cabeza a sus propios congéneres demoníacos, los cuales, para deshacerse de él, lo entregaron en trato a un astrólogo, teniéndolo encerrado en una vasija de cristal. Se dice también que es inventor de danzas, música y literatura de carácter picaresco y satírico. Siendo uno de los primeros ángeles en levantarse en celestial rebelión, fue el primero en caer a los infiernos, aterrizando el resto de sus hermanos sobre él, dejándole estropeado y más que todos señalado de la mano de Dios. De ahí viene su sobrenombre de Cojuelo. Pero no por cojo es menos veloz y ágil.

El diablo cojuelo es el más conocido y nombrado en los procesos, y en la literatura. La referencia al diablo cojuelo es mayoritaria en los conjuros, invocaciones y oraciones de las brujas castellanas”, concluye el sabelotodo de la red.

La apostilla: Una mañana salíamos de la redacción del noticiero “Crónica”, a buscar el desayuno, Evelio Giraldo y el autor del Contraplano, y de pronto nos encontramos en el portón de Radio Manizales con el jefe del MRL, Liborio Chica, quien nos dijo: “Acabo de saber que uno de ustedes dos es “El diablo cojuelo”. Nosotros le respondimos casi en coro: “Ojalá fuera verdad tanta belleza, don Liborio”.

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