2 de julio de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El Diablo Cojuelo

3 de enero de 2017
3 de enero de 2017

Hay pueblos privilegiados.

Amaga con Belisario Betancur.

Bello con Marco Fidel Suarez.

Aracataca con García Márquez.

Pereira con César Gaviria.

Manizales con el Mariscal Alzate.

En Caldas el cetro lo tiene Pensilvania.

Oscar Ivan Zuluaga es presidenciable.

Tiene formación intelectual.

Orador como pocos.

Excelente Ministro de Hacienda.

Guerrero en política.

Lástima que sea uribista.

El otro era, era, era, Luis Alfonso Hoyos.

Camandulero, peor que Ordóñez Maldonado.

Fundador de “actitud renovadora”. Eso no es nada.

Parlamentario. Del congreso lo sacó la justicia por delincuente.

Después dizque “asesor espiritual” de una candidatura presidencial.

Se le fueron las luces a Zuluaga que a un sujeto señalado como delincuente lo haya colocado en tan simbólica posición.

En la campaña de Zuluaga, la acabó de embarrar.

Vaca ladrona no olvida portillo.

Se amangualó con otro delincuente que ya fue condenado por la justicia,para cometer una serie de tropelías que la ley castiga.

Tuvo que huir de Colombia y esconderse en el extranjero.

De la cárcel no lo salva ni mandrake.

Otro sí : Recuerden  que de Pensilvania  son los grandes amigos de Omar Yepes :

Guillermo Botero Gómez.

Rasputín Arias.

Luis Alberto Franco.

¿Qué secreto encanto tiene ese municipio?

Repasemos :

¿Botero Gómez? Era un autodidacta, bohemio, gritón e impositivo. Regañaba a Omar Yepes. Nadie sabe por qué se suicidó.

¿Rasputín Arias ? Concejal, diputado, senador, vendedor de los licores de Caldas en el Perú, amiguísimo de Lourdes Florez que casi gana la presidencia contra Fujimori, circunstancia que le habría posibilitado a Rasputín tomar comando  directivo en ese país. Hoy es el brazo derecho de Arturo, y enemigo feroz de Omar.

¿Luis Alberto Franco? ¿Qué cualidades descubrió en él don Omar Yepes?

Es mofletudo, su barrIga no cabe  en las camisas, con boca chiquita, su acento vocal es de niño, desgualetado, con poca ilustración, antítesis de la urbanidad de Carreño.

¡Por Dios! ¿qué gracias le encontró don Omar?  Quienes conocen a fondo al jefe conservador afirman   que es un  lector incansable, bien relacionado por lo alto, hoy dizque amigo íntimo de Mario Castaño, el jefe del liberalismo de Caldas.

Pero volvamos a  Franco. Desayuna y  almuerza todos los días en casa de Omar, es su cancerbero, abre la puerta del carro y espera que su jefe se acomode bien para cerrarla, cuando llegan a los pueblos él también vigila que Omar se  baje tranquilo y cómodo, si llueve él lleva el paraguas,  si desayuna está a su lado, si almuerza   precave que el plato sea abundante, lo lleva a dormir media hora para que descanse,  lo llama para que se levante, vigila las reuniones y que el sitio  esté bien embanderado con la sagrada imagen de su ídolo,  grita a rabiar “viva Omar Yepes”, dice de sí mismo que es  su amigo íntimo, le soba el saco, le brilla los zapatos y está metido hasta en la sopa.

¡Qué horror! ¡Pobre Omar!.